Jacqueline Piñol: me siento colombiana de toda la vida

Extraña las luladas, los paseos al lago calima y los amigos del barrio el limonar. esta actriz estadounidense, que ya figura en series tan populares como 24, Burn Notice y csi, tiene en realidad alma caleña. cromos la entrevistó en su casa en Hollywood.
Jacqueline Piñol: me siento colombiana de toda la vida

Mide apenas 1,58 metros pero su aura es inversamente proporcional a su estatura. Sus ojos color miel, su sonrisa deslumbrante, su figura de escultura -aún más impactante en persona- no sólo dan cuenta de una mujer hermosa. También son el marco de una actriz dedicada que se ha ganado un lugar en Hollywood a fuerza de talento.

Por estos días su cara es vista por millones de televidentes en las series CSI: New York, Burn Notice y 24, esta última junto a Kiefer Sutherland; y ha prestado su voz para la película Guerra de novias, que se exhibe actualmente en cartelera y que protagonizan Kate Hudson y Anne Hathaway.

Lo que pocos saben es que en lo más profundo de su alma es colombiana.

Nos recibió en su casa de North Hollywood, en California, una tarde de febrero, y nos habló, con un acento colombiano impecable, sobre su carrera y sus recuerdos en el Valle, que no son pocos.

Nacida en Queens, Nueva York, de padre guatemalteco (Édgar Rolando) y madre colombiana (Betty Reinis), Jacqueline Piñol es la mayor de tres hermanas. Su primera infancia estuvo marcada por los cambios. Recién nacida, sus padres se trasladaron a Guatemala, pero cuando ella cumplió los cinco años, decidieron regresar a Estados Unidos pensando en que allí recibiría una mejor educación. Llegaron a Los Ángeles en 1984 y a partir de entonces su vida comenzó a alternarse entre la ensoñadora California y la rumbera Cali.

La primera vez que visitó la capital vallecaucana, donde vivía toda su familia materna, fue a los dos años de edad. "Todos los veranos íbamos por tres meses con mi mamá y mis hermanas, allí pasé los mejores momentos de mi infancia", declara con especial satisfacción. Quizás porque de verdad Cali ocupa un lugar privilegiado en su corazón. "Creció rodeada de amigos en el barrio El Limonar y luego en Multicentro -nos dijo su madre, Betty-, y lo que más extraña son los paseos al lago Calima y a la finca de unos amigos en la Vía al Mar. Supongo que también extraña el champús".

Como buena colombiana, Betty no descuidó su ancestro y le inculcó a su hija los valores tradicionales de una familia latina. "Mi madre fue la que siempre mantuvo intacta su raíz cultural, su amor por Colombia, a tal forma que me siento colombiana de toda la vida".

En su casa hay música de Shakira y de Carlos Vives y en California ha asistido a dos conciertos de Juanes. Los ritmos colombianos son una pasión escondida que cultiva junto a otra no menos evidente: los idiomas. Habla con fluidez cuatro lenguas (español, inglés, italiano y francés) y está estudiando mandarín, pero su idioma materno es el español. Oírla cambiar instantáneamente de español a inglés y de inglés a español, sin que se note el acento, es impresionante.

Sus ganas de vivir en el mundo artístico se notaron desde su infancia. "Sentí que quería ser actriz a los 12 años, cuando interpreté a Jane en Mary Poppins en la escuela de Los Ángeles. Me encantó el vestuario, el maquillaje, ver a la gente que cantaba con nosotros; que yo fuera parte de esa inspiración me hizo sentir muy bien -explica Piñol-. Al mismo tiempo la actuación era un escape de la realidad. Desde niña soy una persona que se estresa muy fácilmente, pero ir a la clase de actuación, ir al teatro me hacía olvidar de todo".

Jacqueline tuvo la oportunidad de estudiar su bachillerato en la escuela de Beverly Hills High, conocida por ser el entorno de la famosa serie de televisión de los noventa Clase de Beverly Hills, en la época en que se filmaba el programa. Y aquello era como estar en el centro del mundo. Muchos hijos de famosos estudiaban allí. De hecho, fue compañera de Angelina Jolie en la cátedra de drama. "Ella era muy callada e introvertida -recuerda Piñol-. Almorzábamos juntas con otras compañeras y hacíamos actividades con amigas, pero en general era muy solitaria. Se involucraba mucho en las producciones, pero nunca actuó. Uno no podía imaginar que fuera a ganarse un oscar tan temprano".

A los 15 años, Jacqueline consiguió su primer agente, que le ayudó a aparecer en comerciales. "Lo busqué de la única forma que sabía: por las páginas amarillas. Llamé a la de William Morris, una agencia de grueso calibre de la que yo no tenía ni idea. Me preguntaron quién era y luego agregaron: ‘Nosotros sólo nos relacionamos con talento establecido'. Yo, muy sentida, le pedí a un tío que tenía un estudio de revelado que me tomara unas fotos y las envié a las demás direcciones que aparecían en el directorio. Y entonces recibí una llamada de Charlie Wilson & Asociados, especializada en recibir gente joven. Por ellos conseguí muchos comerciales para radio y para televisión. Sin esos comerciales no hubiera podido ir a la universidad".

Estudió Comunicación y Francés en el Loyola Marymount, pero a mitad de la carrera el bicho de la actuación ya la había picado. "Dijo que quería aprender a actuar -dice su mamá- y eso fue tremendo porque le habíamos pagado periodismo, que era carísimo", recuerda. En cuanto a Jacqueline: "No puedo decir que una película determinada o un actor influyeran en mi decisión; fue lo que yo sentía cuando salía a escena. Me convencí de que eso era lo que debía hacer".

Y tuvo algo de suerte. En un medio en el que miles y miles de aspirantes sufren lo indecible sólo para tener una audición, Jacqueline consiguió a los 19 años su primer papel recurrente en una serie de televisión, General Hospital, en la que actuó al lado de Ricky Martin. "Casi me muero, aunque nadie lo conocía en ese entonces. Me acuerdo que mis compañeras de cuarto me preguntaban ¿por qué tanta felicidad, quién es ese Ricky? A nadie le importaba que yo iba a actuar al lado de Ricky como su hermana, sólo a mi mamá. Él ni se imaginaba que yo lo seguía desde que estaba en Menudo, con todos sus discos y afiches, ni que me sabía todas sus canciones, para mí Ricky Martin era en ese entonces como Brad Pitt".

Curiosamente, el primer nombre con el que se dio a conocer artísticamente fue Jacqueline Aries. Según su primer agente, Piñol sonaba demasiado latino. Así que optó por su signo zodiacal. "Mucha gente me conoció como Jacqueline Aries, y de hecho mi crédito en varias producciones apareció de esa forma. Bajo ese nombre trabajé con Steven Spielberg y con Sam Reimi en las películas Inteligencia artificial y For love of the game, pero en realidad nunca me sentí cómoda. Mi verdadero nombre es Jacqueline Piñol y decidí llevarlo, les gustara o no en ese entonces".

El problema es que cuando lo cambió, mucha gente no sabía cómo encontrarla. Era como si Jacqueline Aries se hubiera esfumado. "Prácticamente me tocó empezar de cero". Con su nombre real ha aparecido en series como Resurrection Blvd., Lincoln Heights, Heroes y Las Vegas, entre otros programas televisivos. También ha prestado su voz para videojuegos como Transformers: the game, y para hacer doblajes al español. Incluso ha doblado de inglés a inglés, algo que suena muy extraño pero que es más común de lo que parece: "El mundo del doblaje de voces es un mundo igual de complicado al de la actuación, pero me encanta y lo resuelvo muy bien por la facilidad que tengo para los idiomas. Aun así, requiere mucha atención en los detalles y hay que practicarlo mucho. No es sentarse a leer una página y ya; de hecho, el nivel de actuación es tal vez mayor, porque sólo se utiliza la voz para convencer" -dice-.

Su reputación en este campo ha crecido como la espuma. "He reemplazado las voces de varias actrices en programas de televisión y cine. Era algo que no sabía que existía, hasta que me llamaron para reemplazar la voz de una chica que no había hecho muy bien su trabajo frente a las cámaras y querían mejorar su actuación con la voz. Era una chica europea a la que le dieron un papel de latina. Lo chistoso del caso es que cuando fui a hacer el trabajo me di cuenta de que yo había hecho casting para ese papel".

Son las ironías de Hollywood, un mundo que requiere desarrollar muchas facetas, todas distintas pero auténticas, todas profesionales pero con chispa, para abrirse paso en las arenas movedizas del espectáculo. Así como Jacqueline lo ha hecho con su voz, su talento, su belleza y, claro, su picante sangre caleña.