James Cameron, una máquina de hacer plata

James Cameron confirmó que maneja como nadie la fórmula que combina el éxito en taquilla, la calidad y las nuevas tecnologías. La multiplicación de los verdes.
James Cameron, una máquina de hacer plata

Su amor por la ciencia ficción comenzó a los 15 años cuando su papá lo llevó a ver la película 2001: Odisea en el espacio, del director Stanley Kubrick. Esa historia futurista, en la que la imaginación era el tiquete para un viaje sin precedentes, fue suficiente para convencerlo de que lo suyo era el cine. Tanto así que ocho años después dejó sus estudios en la Universidad Pública de California para dedicarse de lleno a esta pasión que hoy lo ubica como el director más taquillero de todos los tiempos.

Avatar, su más reciente película producida en 3D, ha recaudado 1.300 millones de dólares desde que fue lanzada en diciembre de 2009. La historia de los na’vis, seres azules de tres metros que viven en el planeta Pandora, se robó la atención del público gracias a la combinación ganadora que James Cameron ha utilizado en las siete películas filmadas durante su carrera: una generosa chequera, un buen guión y excelentes efectos visuales, los cuales en esta oportunidad superaron todas las expectativas gracias a la técnica de animación llamada Rendimiento, con la que Cameron logró darles vida a sus personajes.

Tras sacudir los presupuestos y las taquillas del mundo con Terminator 2 en 1991, incluyó su nombre entre los grandes directores de Hollywood con Titanic, con la que no sólo se llevó once premios Oscar en 1997, incluida mejor película y mejor director, sino el reconocimiento a la película que más plata ha recaudado en el mundo con 1.800 millones de dólares. Según expertos en cine como Pau Brunet, el éxito de Cameron radica en escribir y dirigir películas tan apoteósicas que pagar una boleta para verla en cine se convierte en un requisito, “así recauda el doble y ahuyenta la piratería”.

Una fórmula que más que coincidencia es el resultado de su adicción al trabajo desarrollado desde que tenía 25 años, cuando se desempeñó como maquinista, camionero y conductor de bus escolar para poder pagar el arriendo y poder escribir historias futuristas. Hoy, a sus 55 años, confiesa que no se puede acostar tranquilo si no ha repasado todos los detalles de sus producciones. Durante los dos años que demoró la realización de Avatar, trabajó hasta 18 horas diarias los siete días de la semana.

Y aunque el resultado es indiscutible –acaba de ganar el Globo de Oro a mejor película y mejor director y es probable que barra en candidaturas en los premios Oscar–, es inevitable preguntarse si, después de salir avante de los 300 millones de dólares invertidos en Avatar, Cameron será capaz de superarse a sí mismo y mantener el título de rey del mundo que él mismo se atribuyó hace 12 años cuando Titanic se apoderó de los cines.

Según Brunet, si James Cameron lanza la trilogía de Avatar en 2012 como se está rumorando, logrará que los jóvenes y adictos a la tecnología vayan a verla a las salas de cine entre ocho y 10 veces, promedio establecido por la oficina de Box Office, encargada de analizar taquilla, por lo que no es exagerado decir, como lo asegura Brunet, que “más que el rey del mundo, será el maestro del universo”, capaz de lograr que los efectos especiales y la producción de sonido dejen de ser categorías secundarias en el mundo del cine .

Un título que se le ajusta perfectamente a este canadiense que ya ha iniciado un curso de cosmonauta para cumplir el sueño de ir a la estación MIR a filmar en tercera dimensión su propia odisea del espacio.

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