Johanna Sigurda, la ministra homosexual

La Primera Ministra de Islandia se declaró abiertamente homosexual, pero en su país a nadie le importa. Sus capacidades políticas están por encima de eso.
Johanna Sigurda, la ministra homosexual

La noticia saltó a los medios a comienzos del 2009, cuando el primer ministro de Islandia, Geir Haarde, renunció a su puesto junto a todo su gabinete por cuenta de la terrible crisis económica que afectaba a la isla. Entonces se supo que el cargo más importante de la nación sería ocupado por Johanna Sigurdardottir, la primera mujer abiertamente homosexual en llegar a regir los destinos de un país.

Y aunque entonces el dato cobró cierta relevancia, más de un año después volvió a salir a flote por cuenta de una noticia que llamó la atención de los diarios: el pasado 27 de junio, el mismo día en que entró en vigor la ley que reconoce el matrimonio homosexual en Islandia, la primera ministra celebró su boda con Jonina Leosdottir, la periodista y escritora que es su pareja desde 2002. “Hoy me he beneficiado de esta nueva legislación”, dijo la ministra, quien jamás ha sido dada a comentar los aspectos de su vida privada.

Pese a que algunas personalidades han mirado con recelo las preferencias sexuales de la señora Sigurdardottir, la realidad es que la mayoría de los habitantes de Islandia –una pequeña isla de apenas 318.000 habitantes–, no parece otorgarle demasiada relevancia al asunto. Mientras el obispo de la Iglesia Estatal Luterana pidió al clero que no acate esta nueva ley, Ingo Sigfusson, de la televisión estatal de Islandia (RUV), le dijo a la BBC hace ya un año que “con quien duerme la primera ministra en las noches no está dentro de la lista de prioridades de las personas”.

Lo cierto es que el asunto de sus gustos sexuales no es ningún secreto; de hecho, en la página de internet del Parlamento islandés aparece que Sigurdardottir y Leosdottir realizaron una unión civil en el 2002 y desde entonces se les ve juntas. Lo curioso es que ambas tuvieron un anterior matrimonio heterosexual con hijos a bordo. La ministra, que se casó con el banquero Þorvaldur Steinar Jóhannesson en 1970, es madre de Sigurdur Egill, de 38 años, y David Steinar, de 33. Leosdottir, por su parte, tiene también un hijo fruto del matrimonio que sostuvo antes de declararse lesbiana.

“Nosotros creemos que la sexualidad no es importante a la hora de elegir a una persona para un cargo; los méritos profesionales y la educación deberían primar sobre otras cuestiones”, le dijo al diario El País de España Juris Lavrikovs, de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas en Europa. De hecho, Islandia es uno de los países más tolerantes con los derechos de los homosexuales. En esa nación, la capacidad intelectual está por encima de lo que sus políticos hacen bajo las sábanas.

Algo que le han sabido reconocer a Sigurdardottir: nacida en Reikiavik (capital de Islandia), en 1942, estudió comercio antes de convertirse en azafata de la aerolínea Loftleidir en 1962, donde estuvo nueve años. Paralelo a su trabajo como aeromoza, comenzó a desarrollar su carrera política. En 1978 fue elegida diputada en el Parlamento y en 1987 nombrada ministra de Asuntos Sociales, cargo que ocupó hasta 1994. Ese mismo año fracasó en su intento de dirigir el partido Socialdemócrata, pero no se desesperó. “Mi hora llegará”, dijo entonces. Un año más tarde fundó el partido de izquierda disidente Thjodvak. Antes de convertirse en la primera ministra repitió varias veces el cargo de ministra.

Una carrera brillante que ha sido recompensada por los islandeses, quienes aprueban su gestión de manera abrumadora. “Es la política más respetada de Islandia”, escribió el diario The Huffington Post, mientras que a comienzos del año pasado las encuestas revelaban que un 73% de la población estaba satisfecho con su trabajo a pesar de la crisis en la isla.

Tanta es su popularidad que ha sido apodada “Santa Johanna”, gracias a su constante trabajo a favor de los menos favorecidos. Credenciales de sobra que deberían hacer pasar como una simple anécdota su matrimonio con la escritora. Al final, lo importante es el valor simbólico que tiene el hecho; tal y como recalcó Lavrikovs: “Tiene gran valor que la sociedad islandesa haya superado prejuicios y nombrado a una primera ministra gay basándose en sus capacidades y aptitudes”.