John Schnatter, el hombre de la pizza

Él es el hombre detrás de la tercera cadena de pizzas más importante del mundo. Hace 25 años vendía mil dólares al día y hoy es un reconocido empresario con ventas de siete millones de dólares diarios.
John Schnatter, el hombre de la pizza

El pequeño clóset donde se guardaban las escobas en el bar de su papá fue su primer local. Aunque sólo había espacio para un horno, el entonces joven de 22 años supo arreglárselas para preparar más de 100 pizzas al día y venderlas a los clientes del lugar. Fue tal la respuesta de la gente, que el recién egresado de Administración de Empresas no dudó en cambiar los números por tomates, harina y aceite.

Números y tomates, una combinación básica que John convirtió en la base de su triunfo. Su apuesta por ingredientes naturales y masas frescas requería de tiempo y de dinero, por lo que no tuvo más opción que vender su bien más preciado: un Chevy Camaro Z28 Bumblebee modelo 71½. Los 2.800 dólares que recibió los usó para comprar implementos de cocina y materiales con los que pudo aumentar el volumen de producción. El éxito no dio espera y al término de dos años, en 1985, John Schnatter pudo cambiar el pequeño armario por el primer local oficial de pizza Papa John’s, contiguo al de su papá.

“Las primeras noches vendimos alrededor de 1.000 dólares; recuerdo que mi hermano y yo saltábamos de la emoción porque nos sentíamos millonarios”, confiesa con una pícara sonrisa de ironía: actualmente vende siete millones de dólares diarios, cifra que lo llena de orgullo mas no de arrogancia.

Si hay algo que caracteriza a este hombre de 48 años, dueño de la tercera cadena de pizza más importante del mundo, es su dedicación y compromiso con su empresa. Con su puño y letra diseñó los primeros menús y uniformes que identifican la marca desde hace 25 años, tiempo en que ha abierto 3.400 restaurantes en más de 30 países. Cada nueva receta debe pasar por su escritorio, aunque es muy raro verlo sentado en su oficina. Como buen adicto a la perfección, no puede dejar pasar ningún detalle, por eso no es extraño encontrárselo en alguno de los locales luciendo su delantal, revisando el lugar e incluso atendiendo alguna orden y preparando él mismo la pizza.

Paradójicamente esta sencillez es la que le ha dado estatus de celebridad en Estados Unidos, donde la gente lo persigue para tomarse fotos con él y pedirle su autógrafo. “Me gusta estar en contacto con la gente, que me conozcan para que entiendan la razón de ser de esta marca”. A pesar de ser el hombre más joven en entrar al Hall de la fama de empresarios junior en Estados Unidos (ocurrió en 2007), John no olvida sus años como apoyador del equipo de futbol americano de la Universidad Bell State de Indiana en 1983. Tantos buenos recuerdos lo llevaron a donar cinco millones de dólares para la construcción de un estadio para los Cardenales (equipo universitario de Kentucky) con capacidad para 56.000 personas.

Otra de sus obsesiones es la calidad, por eso no escatima ni un centavo a la hora de comprar aceitunas importadas de España, transportar los tomates naturales para la salsa que pasan del huerto a la lata en menos de seis horas, y usar únicamente el agua que pasa por la máquina de tratamiento que mandó a construir.

Ahora que el negocio es estable y que decidió abrir franquicias en Colombia, Chile y Marruecos, que espera sean igual de exitosas que las de China y Cairo, John se dio el lujo de contratar a un ex agente del FBI para que lo ayudara a ubicar su antiguo Camaro. Y lo encontró: “Esperé 26 años para volverlo a manejar, es parte de mi vida y de la de Papa John’s”. El reencuentro fue noticia en agosto del año pasado. John pagó 250.000 dólares por el emblemático carro dorado con rayas negras, el mejor recordatorio de que la mejor decisión de su vida fue dedicarse a la pizza.

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