La buena influencia colombiana

Dos abogados colombianos que se vieron obligados a salir del país fueron escogidos entre los 25 inmigrantes más influyentes de Canadá. Su trabajo como asesores de inmigración a hispanos los destacó entre 300 candidatos de 195 países.
La buena influencia colombiana

El defensor de los derechos

Fue en los pequeños puertos sobre el río Magdalena donde Mario Guilombo comenzó su labor social. Como miembro de la Armada colombiana, participó en varias brigadas de salud llevando mercados, asistencia médica y odontológica a personas de escasos recursos. Las faenas resultaron tan fuertes y conmovedoras, que le marcaron el destino. Supo entonces que su trabajo era el de ayudar a sus compatriotas.

Lo que no imaginó fue que tendría que hacerlo desde suelo extranjero. Tras varios años de abogado, en el 2002 tuvo que salir corriendo del país junto con su esposa e hija por razones de seguridad, y radicarse en Canadá. Pero como buen colombiano, no demoró en hacer de este país su nuevo hogar y su nueva oficina. Decidido a continuar con su vocación, creó la Corporación Defensora de los Derechos Humanos para ayudar a las víctimas de la violencia y el racismo. Fue tanta la acogida que tuvo, que dos años después fundó la Casa de las Américas, donde junto a 30 colombianos más, ayuda a los inmigrantes hispanos que buscan radicarse en Canadá.

Seis mil familias han sido testigos de la labor de este tolimense nacido en Ataco. Peruanos, cubanos, uruguayos y, por supuesto, colombianos han recibido orientación legal, mientras sus hijos asisten a jornadas de recreación. Mario es el primer hispano en recibir un reconocimiento de la Armada de Canadá, respaldo suficiente para que en 2008 fuera galardonado como uno de los 10 hispanos más influyentes de ese país. “Desde ese día tengo un mayor compromiso con la comunidad que represento”, afirma.

Ahora, que acaba de ser reconocido como uno de los 25 inmigrantes más influyentes de Canadá, su meta es mucho más ambiciosa: “Dejar de pedir, es hora de quitarnos el título de inmigrantes y exigir nuestro lugar como ciudadanos”.

 Nacido en: Ataco (Tolima)

Estudió en: Universidad Militar Nueva Granada.

Es: abogado con maestría en Psicología. Retirado de la Armada colombiana.

Difusora de sueños 

En el año 2001 Martha Niño tuvo que buscarle otro norte a su vida y, paradójicamente, lo encontró en el norte, en Canadá. Aunque ahora bromea con esto, siempre tuvo claro que tendría que hallar una salida después de dejar el país, su carrera de abogada y su familia para empezar de cero.

Hay una parte del pasado que prefiere no mencionar, como las razones de seguridad que la obligaron a irse a Toronto sin saber inglés, en invierno y con su hija de siete años. En Bogotá dejó su puesto en la DIAN y sus asesorías tributarias para llegar a Canadá solo con ahorros, sueños e incertidumbre.

Martha cambió los códigos tributarios por trabajos como repartir periódicos, limpiar oficinas, vender flores y joyas artesanales que le mandaban desde Colombia. “No me sentía bien con el dinero que me daban, aquí el Estado es proteccionista pero quería ser productiva”, dice. Después de tres años, decidió que era tiempo de volver al Derecho y le apuntó a reforzar la asesoría a inmigrantes en compañías de abogados donde no hablaban en español.

En 2004 entró a Rochon Genova, una firma en donde diseñó un proyecto para dirigirse a la comunidad hispana. Le interesaba también mantener viva la lengua materna y los lazos de los inmigrantes con sus países. “Quería ayudar para que no repitieran los mismos errores míos”, dice.

Martha encontró la solución a esa necesidad en una revista. Así creó Abanico, dirigida al público femenino pues cree que la mujer inmigrante transmite todo a la familia hispana. En febrero de 2007 salió el primer número y hoy circulan 7.000 ejemplares en Ontario, Alberta y Quebec. Un proyecto que le valió el reconocimiento como una de los 25 inmigrantes más influyentes de Canadá.

Y no se detiene. Trabaja en la Asociación de Profesionales Colombianos en Canadá y la Cámara de Comercio Hispana y espera adoptar una fundación en Colombia que ayude a la niñez. “Todo lo que hago cada día me envuelve más, pero la tierra llama”, confiesa.

Nacida en: Villavicencio (Meta)

Estudió en: Universidad Católica de Colombia.

Es: abogada con especialización en derecho tributario.