La parodia de Bonnie y Clyde

Una pareja de asesinos quiso repetir la historia de los famosos villanos estadounidenses. tras varias semanas de persecución, la policía los detuvo en un parque como si fueran novatos. Tras las rejas
La parodia de Bonnie y Clyde

Un par de alicates fue suficiente para acabar con la seguridad de la prisión estatal de Arizona, en Estados Unidos. En menos de 10 minutos, John McCluskey abrió la cerca de alambre del patio de descanso y se fugó para subir en la camioneta donde lo esperaba Casslyn Welch, su prima, amante y cómplice.

Fue tal su habilidad que, a plena luz del día, tuvo tiempo de llevarse con él a dos internos, Tracy Province y Daniel Renwick, ambos asesinos con condena. Pero la huida conjunta sólo duró unos cuantos kilómetros, porque John y Casslyn tenían un plan de retiro que no incluía a sus compañeros de viaje.

Más que libertad, esta pareja quería aventura en todo el sentido de la palabra. McCluskey, de 45 años y condenado a 15 por intento de homicidio, y Welch, su sumisa y entregada compañera, decidieron protagonizar su propia road movie e imitar a Bonnie y Clyde, la legendaria pareja de ladrones de bancos y asesinos de policías que murió acribillada en 1934 después de huir durante cuatro años.

Su historia fue llevada al cine por Arthur Penn en 1967, protagonizada por dos de los más célebres actores del momento: Warren Beatty y Faye Dunaway. La película los inmortalizó.

El libreto de los nuevos Bonnie y Clyde, sin embargo, tuvo un comienzo mucho más violento que en la pantalla. Según David Gonzales, jefe de policía estadounidense, en su afán por cambiar de carro en la frontera con Nuevo México, asesinaron a una pareja de 61 años. Los cuerpos calcinados fueron encontrados en un tráiler que, de acuerdo con el informe policial, estaba lleno de las huellas de Casslyn y McCluskey.

Fue en ese momento cuando su deseo de convertirse en una de las parejas más buscadas en Estados Unidos se hizo realidad. En la década de los 30, Bonnie Elizabeth Parker y Clyde Champion Barrow, conocidos como los maestros de las huidas (recorrieron cinco estados durante cuatro años), mataron a dos oficiales de policía, lo que ocasionó que su búsqueda se duplicara hasta cuando, con la complicidad de Henry Methvin, miembro de la banda, fueron acorralados por la policía bajo las órdenes del caza-recompensas Frank Hamer.

Ciento sesenta y siete agujeros de bala se contaron en la camioneta que manejaba la pareja de delincuentes de entonces, número que, en todo caso, el jefe de policía Fidencio Rivera no planeaba repetir con esta pareja de imitadores. “Creen que son Bonnie y Clyde; creemos que no tienen ninguna intención de ser capturados vivos”.

Sus fotografías fueron exhibidas en los principales medios de comunicación de Estados Unidos. Todos conocían su aspecto pero nadie podía encontrarlos. Después de seguirles la pista por dos semanas se supo que, con complicidad de la mamá de McCluskey, la pareja pudo cambiar de vehículo y despistar a las autoridades. Su instinto maternal le prohibió delatar el paradero de su hijo.

Detalles como que a McCluskey le faltaba un diente mientras que a su novia le faltaba una parte del dedo índice derecho, fueron emitidos por la policía en un afán por dar con esta pareja antes de que mataran a más personas. Además, ofrecieron 40.000 dólares de recompensa. Como en los viejos tiempos del Oeste.

Lo que la policía no esperaba era que los nuevos Bonnie y Clyde, como ya son conocidos en todo Estados Unidos, pecaran de confiados. Después de haber recorrido más de 5.000 kilómetros, al parecer pensaron que la policía había cesado su búsqueda y decidieron regresar a Arizona. En el Parque Nacional Apache–Sitgreaves, en el noroeste, en medio de una tarde de descanso, la pareja más perseguida de Estados Unidos, con cargos de asesinato y robo, fue capturada. Y de una manera tan calmada que muchos, en especial la policía a cargo del caso, agradecieron no haber repetido el trágico y controvertido final de 1934.

La manera en que los verdaderos Bonnie y Clyde murieron fue y sigue siendo tema de controversia. Las declaraciones de los policías responsables de su muerte coincidieron en haber utilizado todas las municiones de sus escopetas y pistolas sobre el vehículo de la pareja, sin darles la oportunidad de rendirse pacíficamente. Esto llevó a que la Corte Suprema de los Estados Unidos declarara en 1985 prohibido el uso de la fuerza para prevenir la huida de un sospechoso, a menos que suponga un peligro de muerte para el oficial.

Fue con la llamada de un ciudadano al 911 que la policía del condado de Apache ubicó a la pareja el pasado jueves. Cuando llegaron al lugar, una zona de camping, las autoridades notaron los restos de una fogata y un carro escondido entre los árboles con placas de otro vehículo robado recientemente en Nuevo México. Aunque al ver a la policía Casslyn Welch los amenazó con una pistola, no peleó cuando los agentes se acercaron a esposarla. Curiosamente su pareja, quien en ese momento dormía, ni siquiera trató de correr al darse cuenta de la situación.

“Estábamos convencidos de que esto iba a acabar en un sangriento tiroteo”, explicó Gonzales, con bastante alivio. Aunque sólo fueron cinco semanas y no cuatro años como los originales, John McCluskey y Cassly estuvieron cerca de ser leyenda. Mientras esperan sentencia en una cárcel de media seguridad de Arizona, sólo les queda recordar que, a diferencia de sus ídolos, están vivos para contarlo.

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