María Jimena Escobar, más bella imposible

Tras renunciar al título de tercera princesa del Concurso Nacional de Belleza, alista maletas para representar al país en Miss Italia en el Mundo, en junio próximo. La bella candidata posó para CROMOS en las playas de Aruba y mostró por qué puede ganar. En busca de la Dolce Vita.
María Jimena Escobar, más bella imposible

Es inevitable. El lunar que tiene muy bien puesto arriba de la boca hace recordar de inmediato a una de las modelos más famosas de la década de los noventa: Cindy Crawford. Le han dicho que es igualita, pero a ella le tiene sin cuidado. "Antes de ser reina no me parecía a nadie, era yo -dice riéndose-, pero ahora no hacen sino asociarme con otras mujeres, con una prima de alguien, con una hermana...".

Un movimiento espontáneo de su cara la acerca a Sofía Vergara y si no fuera por su piel bronceada, tendría también un aire a Anne Hathaway caminando por una calle neoyorquina en El diablo viste a la moda. En Aruba la confundieron con La hija del mariachi, y cuando ella lo negó, insistieron en que de todas formas debía tratarse de una actriz famosa.

No era para menos. Su estatura imponente, 1,75 metros, sus ojos color miel y ese cuerpazo contoneándose por la playa tenían que ser de alguien muy especial.

En realidad, María Jimena no necesita parecerse a nadie. Sus atributos hablan por sí solos. Así lo demostró en el reinado en Cartagena, en noviembre pasado, donde representó a Cundinamarca y ocupó el quinto lugar. Sus planes no incluían ser reina y mucho menos interrumpir su carrera de diseño de interiores. Quería divertirse. Sin embargo, hoy lo ve de otra manera. Su paso por el concurso le cambió la vida. "Creo que uno queda donde debe quedar y la vida me puso ahí por algo", asegura.

Su historia como reina suena conocida: en la familia no había interés por los reinados y ni sus papás ni sus hermanas la impulsaron para que hiciera parte de uno. Un día aceptó la insistencia de Yoko, un cazador de reinas y modelos, para que participara en el reinado departamental... ¡y ganó! Tan sorpresiva fue la victoria que los primeros días en el Concurso Nacional estuvo algo desubicada."Cuando llegué a Cartagena no sabía muy bien dónde estaba, pero después fue superchévere. No fue una plataforma, como les sucede a otras, fue una experiencia de vida. Me di cuenta de hasta dónde puedo llegar".

Su mamá nunca aprobó su participación; en cambio su papá, reacio al comienzo, fue el que más disfrutó el concurso. Con una corona plateada, premios y la misión cumplida, regresó a Bogotá a recuperar una vida, que ya no era tan normal pues tenía obligaciones como finalista en desfiles benéficos, acompañando a la Señorita Colombia. Pero María Jimena ya no era la misma joven que los medios criticaron por su actitud callada, opuesta a la de otras candidatas que siempre intentan robarse el show con -en términos de reinólogos- "personalidades arrolladoras".

"Es verdad, soy callada mas no tímida, alguien así no se somete a un reinado. Pero cuando uno es callado siempre pasa por antipático o creído. Es mi personalidad, así soy", explica con su tono de voz grave y pausado. Se toma su tiempo para responder porque en cada pregunta parece viajar hacia su mundo interior. Luego regresa y contesta. Mide sus palabras. Más que hablar, le gusta escuchar. "Soy alguien que oye mucho a los demás, una amiga triste encuentra en mí un buen hombro donde recostarse".

Su temperamento no fue obstáculo para llamar la atención de Yoko, quien al verla en la calle por primera vez le propuso convertirse en modelo. A ella le llamó la atención, pero todo terminó en la Señorita Cundinamarca, algo que no esperaba. Ahora quiere cancelar el contrato con Yoko Agency, pues a fin de cuentas nunca ha modelado. "Lo estamos manejando con abogados, quiero acabar el contrato porque no quiero exclusividad con nadie".

Ese deseo de independencia la llevó también a renunciar en marzo al título de tercera princesa. Meses atrás la representante de Bogotá, cuarta finalista, había hecho lo mismo para dedicarse a la actuación. El caso de María Jimena fue diferente y hasta curioso, pues renunció para participar en otro concurso de belleza, uno que hace un año tampoco hubiera incluido en sus planes.

El motivo fue el concurso Miss Italia en el Mundo, que se realizará el 27 de junio en Venecia, donde María Jimena será la Señorita Colombia. El concurso, en el que participan mujeres de todo el mundo que tengan alguna ascendencia italiana (la bisabuela materna de María Jimena nació en Italia), tiene una tradición de 19 años y por él han pasado señoritas Colombia como Andrea Noceti y Catalina Acosta, quien ganó en 2002; una ex Señorita Bogotá: Diana Acosta (hermana de Catalina) y la modelo paisa Daniela Pinedo, finalista en 2007.

Su objetivo es ganar, pero si no lo logra su plan es quedarse un año en Europa, en la propia Italia si es posible, para estudiar diseño de interiores, su gran pasión. Su sueño es tener su propia línea de muebles y expresar toda la creatividad que tiene guardada. "Me gusta también el manejo de los espacios y me encanta pintar, en el colegio era algo vaga pero me iba muy bien en la clase de arte". Una habilidad que desarrolla casi todas las noches, fiel a su carácter noctámbulo, con lienzos de gran formato donde plasma sus emociones con mucho color y formas influenciadas por el cubismo de Picasso.

Sin embargo, su prioridad ahora es el concurso de Italia. Anda buscando un traje típico que no le ocupe una caja gigante y mientras tanto va al gimnasio para estar en forma y poder usar el vestido dorado que lució en Cartagena. También estudia con juicio qué tipo de maquillaje utilizará, pues el que usó durante el Concurso Nacional de la Belleza no le gustó para nada. "No me sentía linda, salía a desfilar pensando que estaba fea", confiesa. Por eso piensa maquillarse por sí misma en Italia, al gusto de ella y de su novio, el hombre con el que tuvo su primer romance a los 13 años y con el que ha reincidido cinco veces, suficiente insistencia como para convencerse de que el destino ya dictó su sentencia. "Quiero casarme cuanto tenga 25 años -dice- y tener mis hijos joven, creo que puedo combinar bien el trabajo y la familia". Eso es pronto, pues tiene 21 años, pero ella se ríe. Sabe como nadie que después de Italia "pueden pasar muchas cosas".