Martina Navratilova, la tenista rompecorazones

La tenista es experta desbaratando matrimonios y conquistando mujeres heterosexuales. Su último levante es uan ex reina de belleza rusa.

Yulia Lemigova, una bella ex reina de belleza rusa, tiene por segunda vez a Martina Navratilova en la puerta de los estrados judiciales. La rubia de 36 años es la nueva conquista de la ex tenista y el motivo principal para que Tony Layton, quien fuera hasta hace poco la compañera sentimental de Martina, haya entablado una millonaria demanda como reconocimiento a la dedicación y cuidado que le prodigó durante los ocho años que convivieron juntas.

Martina se ha mantenido al margen de la polémica, aunque a través de sus voceros y abogados ha hecho saber que no conciliará y que poco le importan las amenazas de su ex de contar detalles escandalosos de su vida. La que ha sido considerada como la mejor tenista de la historia tejió las primeras puntadas de este escándalo el año pasado, cuando hizo referencia a su nueva novia en un reality de celebridades en el Reino Unido, aunque en esa oportunidad se negó a dar el nombre.

En ese momento, Layton se armó de argumentos para iniciar el pleito legal, porque hacía poco Martina la había echado de la casa que compartían en la Florida, cancelado las tarjetas de crédito y cerrado todas las cuentas que tenía a su nombre. La pelea fue bochornosa y según testigos, la tenista despidió a su compañera con un seco “te quiero lejos de mi vida”.

Layton, una ama de casa de 56 años, dice que ella y Martina habían acordado compartir las ganancias y los bienes que ambas adquirieran mientras vivieran juntas, incluidas cuatro lujosas mansiones. Por eso, con el argumento de que su novia la dejó en la calle, entabló una demanda por crueldad física y emocional. La solicitud es por 15 millones de dólares. Los apoderados de la tenista le están ofreciendo 200.000 dólares, lo que para ella es un insulto.

Pero más allá del chisme de farándula, esta nueva historia de desamor de la Navratilova encendió varias polémicas. Una gira en torno a qué derechos puede tener Layton sobre la jugosa fortuna de la deportista más célebre en las canchas de tenis, amasada décadas antes de la unión marital. La otra, y la más enconada, tiene que ver con el reconocimiento de los derechos a las parejas homosexuales.

Desde que reconoció su condición de lesbiana en los años 80, Martina se ha caracterizado por ser una abanderada de los derechos de los gays, por su estilo frentero a la hora de defender su condición sexual, de reclamar igualdad ante la ley, incluso para poder adoptar bebés. Por eso, su actitud de evadir la conciliación con su ex pareja le ha generado más de una crítica porque, para algunos, ella se está aprovechando de que el estado de la Florida no reconoce el matrimonio homosexual.

Este es, además, un nuevo capítulo en la novela de amor e infidelidades en la vida de Martina, quien ha demostrado ser experta en conquistar mujeres heterosexuales y romper matrimonios. Aunque Lemigova, la ex reina rusa de 36 años, no estaba casada, sí tuvo una relación pública con el banquero francés Edouard Stern, uno de los más ricos de Francia, asesinado en 2005 por una prostituta en medio de una escabrosa escena de sadomasoquismo.

Lemigova fue modelo y después de representar a la antigua Unión Soviética en Miss Universo, en 1991, montó su propia empresa de cosméticos y entró en el negocio de los balnearios en París, donde vive hace muchos años. Allí se conoció con Stern quien abandonó a su familia por la bella rubia. Tuvieron un hijo, que después murió en extrañas circunstancias (se cree que golpeado por la niñera).

Por esta ex reina rusa, Martina cambió a Tony Layton, su pareja durante ocho años. Las dos se conocieron en unas canchas de tenis en Atlanta hacia 1991, pero su romance comenzaría en 2000, en una tienda en New Hampshire.

Un par de besos furtivos llevaron a Layton a separarse de su esposo, Jeffrey Lambert, un técnico en computadores. Al mes, las dos se casaron en una ceremonia oficial en Mount Washington State Park de New Hampshire y en poco tiempo Navratilova se fue a vivir a la casa de su nuevo amor en Nueva Jersey, abandonando por un tiempo su casa de lujo en Aspen, Colorado.

Tres años después la pareja se trasladó a la costa oeste de la Florida. Allí compraron una casa de dos millones de dólares, adonde se llevaron 17 perros. Luego compraron otras dos casas más pequeñas para alojar a los amigos de la pareja y más tarde una granja que sirvió de refugio para animales abandonados. Estas son las propiedades sobre las cuales pide participación Layton, además de seis autos de lujo, un yate, varias motos, joyas y adornos de valor.

Curiosamente, cuando Tony y Martina se conocieron en 1991, la ex tenista estaba en medio de un pleito similar al que vive hoy. Su pareja en ese entonces, Judy Nelson, la había llevado a los tribunales de Texas, pidiendo 7.5 millones de dólares como pensión alimenticia. La batalla legal afectó a Martina, quien en ese momento, a los 34 años, estaba todavía ganando torneos alrededor del mundo. De hecho, por esos días ganó en Wimbledon su partido número 100 en sencillos.

Ya había librado varias batallas mediáticas, estaba acostumbrada a enfrentarse a las críticas por su escandalosa vida amorosa y soportó el retiro de varios patrocinadores cuando reconoció que era lesbiana, pero aquella mujer fuerte en las canchas y fuera de ellas se desvaneció. “Me siento traicionada. Judy quiere hacerme pagar el dolor que le he causado al no querer vivir más con ella. Mi pecado es no amarla ya. ¿Pero por qué tendría yo que pagar por esto?”, les dijo a los medios.

Judy había sido reina de Texas y llevaba un matrimonio estable con un prestigioso médico. Su hijo mayor, Eddie, de 11 años, conoció a Martina durante un torneo en Fort Worth y decidió presentársela a su mamá, en la primavera de 1982, ya que Judy también jugaba muy bien al tenis. A distancia, alimentaron su amistad durante dos años.

Martina volvió a Texas a un torneo, en 1984, se lesionó y Judy la invitó a su casa para que se recuperara. Allí empezó un tórrido romance a espaldas del esposo y los hijos de la pareja. La ejemplar ama de casa de 37 años perdió la cabeza dos meses más tarde y abandonó todo para ir detrás de Navratilova, a verla jugar en el Abierto de Francia.

De allí en adelante, Judy viajó al lado de Martina por todo el mundo durante ocho años. Era común ver a la mejor jugadora de tenis dedicarle sus innumerables triunfos a la bella texana que sin falta estaba en las tribunas (es memorable la imagen de Martina abrazando a Judy después de su histórico noveno título en Wimbledon, en 1990). Incluso Navratilova apareció en un calendario de la Asociación Internacional de Tenis posando con los hijos de su amante.

Pero, al parecer, el amor se acabó y la campeona cambió a la ex reina por Cindy Nelson, su entrenadora de esquí. Una agria pelea pública se dio en los medios. Judy pedía la mitad de todo lo que Martina había conseguido durante ese tiempo, mientras la deportista la acusaba de haber urdido todo para quitarle su fortuna. Al final, las dos conciliaron fuera de los tribunales. Nunca se conoció la cifra que Navratilova pagó para calmar a su ex pareja.

Mientras la tenista seguía su relación con Cindy, Judy se refugió en los brazos de otra ex de Martina, la famosa escritora de temas lésbicos Rita Mae Brown (estuvo con Navratilova entre 1979 y 1981) y se dedicó a escribir dos libros sobre sus ocho años de relación con la deportista.

Fue justamente con su relación con Brown que Martina había salido del clóset, reconociendo que era lesbiana. Así les cerró el paso a los chismes que rondaban en los medios, un par de meses después de haber recibido la nacionalidad estadounidense. “Nunca pensé que hubiera nada raro en ser gay”, escribiría después en su autobiografía. Ella había huido de su natal Checoslovaquia a los 19 años (1975), al poco tiempo de iniciar su primera relación homosexual.

Allí empezó su tormentosa batalla para defenderse. Su padre adoptivo dijo que ella estaba enferma y que prefería que fuera prostituta a verla con otra mujer. Su llegada a Estados Unidos tampoco fue fácil. Las hamburguesas y la comida rápida la hicieron ganar peso rápidamente y no tenía rendimiento en la cancha. Pero gracias a la ayuda de su primer amor en esta nueva tierra, la ex campeona de golf Sandra Haynie, Martina logró revertir su condición y se convirtió en una verdadera atleta. Fue la primera tenista que se dedicó a mejorar su condición física levantando pesas, yendo al gimnasio y llevando una dieta balanceada bajo supervisión médica.

Los resultados no se hicieron esperar. Su cuerpo musculoso y bien torneado despertó rumores de dopaje y en 1978 empezó a ver el triunfo: ganó 37 partidos oficiales seguidos y por fin superó a su eterna rival, su amiga Chris Evert. Pero la prensa era implacable con ella por su condición sexual. Sin importarle mucho los rumores, Martina siguió trabajando para triunfar. Luego de su relación con Haynie entabló una con la escritora Rita Mae Brown. Después se encontraría con Nancy Lieberman, ex jugadora de baloncesto, quien no sólo le ofreció su amor, sino una completa rutina de acondicionamiento físico que complementó lo hecho por la golfista.

Hacia 1981, Navratilova sorprendió a sus rivales. Llegaba a los torneos con un completo equipo profesional compuesto por fisioterapeutas, nutricionistas, preparador físico. Toda esa rutina que ahora es normal fue revolucionaria para aquella época. En 1982 batió todas las marcas al ganar 15 torneos individuales y 14 de dobles, incluyendo su primer Roland Garros y el primero de sus Wimbledon. Su racha de éxitos no paró hasta 1994, cuando se retiró de las canchas a los 38 años con un balance aún no superado por otra tenista: nueve títulos de Wimbledon, 18 títulos de Grand Slam y 167 títulos en individuales.

A pesar de haber conquistado a millones de seguidores en el mundo, Martina siempre cargó a cuestas el precio que le cobraba la sociedad. Todo por su agitada vida sentimental, que incluyó a Renée Richards, un médico que se cambió de sexo para convertirse en amante y entrenadora de Martina; a Danda Jarolimek, una ejecutiva prestigiosa en relaciones públicas con quien buscó tener un hijo mediante inseminación artificial con donante anónimo; y a Hunter Reno, sobrina de la ex secretaria de Justicia de Estados Unidos, Janet Reno. Como para invitarla a la casa a tomar onces.

Temas relacionados