Nigel Lythgoe, todo un fenómeno

Comenzó como bailarín y hoy es la figura detrás de los reality shows más famosos del mundo. La fórmula de un aficionado al entretenimiento que encontró en las competencias de talentos una verdadera mina de oro.
Nigel Lythgoe, todo un fenómeno

Descubrir diamantes en bruto es el oficio de Nigel Lythgoe, un bailarín británico que desde 1969 comenzó a abonar el terreno para crear el negocio que hoy es el más próspero del entretenimiento: Los reality shows.

Desde muy joven se interesó en la danza, que exploró con estudios de tap y jazz, y más tarde perfeccionó bajo el entrenamiento de Joanne Steuer y Molly Molloy en Londres. A comienzos de los 70, Lythgoe debutó profesionalmente en la tropa de la nueva generación de baile de la cadena BBC. Durante esos años, aprendió técnicas para filmar coreografías, que luego lo llevarían a incursionar en la industria de la televisión. Su nombre como bailarín se afianzó de tal manera que llegó a trabajar con Gene Kelly, el renombrado actor y coreógrafo estadounidense, e incluso afirmó en una entrevista que había sido la única persona en bailar, producir y dirigir el show del Varieté Real para la reina de Inglaterra.

El paso que lo catapultaría como el midas de los realities llegó con la compañía LWT (London Weekend Television), adonde llegó como director de entretenimiento y comedia, una posición desde la que produjo programas tan exitosos como Gladiadores y Cita a ciegas. Luego de diez años pasó a la compañía de Bob Geldof y allí realizó la versión británica de Sobreviviente.

En Inglaterra se hizo famoso por su participación como jurado de Popstars, en el que se ganó el apodo de “El cruel Nigel” por hablarles despiadadamente a los competidores, una figura que se hoy se cumple sin excepción en todas las versiones posteriores de los realities de competencia de talentos. Precisamente ahí está el secreto de lo que sería su exitosa carrera: moldear artistas a través de desafíos transmitidos por televisión. La oferta de su vida le llegó en 2001, cuando Simon Fuller, cabeza del grupo de entretenimiento 19 y mánager de las Spice Girls, le propuso trabajar en compañía. Ese año nació el formato de Pop Idol que luego se convirtió en American Idol y más tarde se extendió a otros países hasta convertirse en el programa que batió todos los récords de audiencia. Además, pasó a ser el formato más costoso de la televisión con un presupuesto de 2.500 millones de dólares.

Su siguiente proyecto incluyó revivir su vieja pasión. En 2005, junto a Simon Fuller, creó So you think you can dance (Entonces crees que puedes bailar) un show dedicado a buscar una estrella del baile y transmitido por la cadena norteamericana Fox, que se extendió por cinco temporadas y se ubicó en los primeros lugares de audiencia en Estados Unidos.

A diferencia de otros realities, los suyos van tras el talento. Más allá de que haya un montón de gente que quiere hacerse famosa, su fórmula es hacer brillar a los artistas bajo la presión de las cámaras y la necesidad de hacerlo casi a la perfección: “En un show como American Idol, el objetivo es empujar a la gente a que se convierta en estrella. En las competencias se los saca de su elemento y se les aplica presión para que den lo mejor que tienen y generalmente funciona”, le dijo a CROMOS.

Cree que el fenómeno de los reality shows tiene que ver con el auge que ha tomado internet y la era digital en general. “La posibilidad de acceder a través de plataformas como Youtube al reconocimiento masivo era antes impensable y ahora hace que cualquiera pueda volverse famoso en segundos”. Y la comparación que hace se traduce así: “Alguien que un día está asando hamburguesas, al siguiente puede vender millones de discos. Este es el verdadero sueño americano, ahora hecho realidad en todo el mundo”.

Esta afirmación no le impide reconocer los riesgos evidentes de la abrupta exposición a los medios y a la opinión pública: “La tristeza de nuestra era es esa, todo el mundo hace lo que sea por tener cinco minutos de fama”. Se refería al caso reciente de Jade Goody, la joven inglesa participante de Gran Hermano que tras enfermarse de cáncer, decidió mostrar su padecimiento frente a las cámaras; al de la participante de la quinta versión de American Idol que se suicidó frente a la casa de Paula Abdul, una de las jurados del show.

Sin embargo esos hechos desafortunados no le quitan a Nigel las nuevas ideas de su cabeza. Entre su gusto por los clásicos programas de variedades y su deseo constante de hacer obras sociales como la que logró con Idol gives back (El ídolo devuelve) –una campaña de American Idol para recaudar ayudas–, el gran creador y productor piensa en lo que podría ser su nuevo paso: “Creo que una buena idea es la comedia, nadie ha intentado por ahí todavía. Qué tal un So you think you are funny (Entonces crees que eres chistoso). Tal vez habrá que probarlo”.