Patch Adams, feliz por elección

El médico norteamericano que inspiró la taquillera película Patch Adams, protagonizada por Robin Williams, estuvo en Bogotá para hablar sobre la búsqueda de la felicidad. Una opción que el escogió a los 18 años después de perder la fe en la vida.
Patch Adams, feliz por elección

Como si el arco iris se hubiera postrado sobre su atuendo, sobre su pelo y sobre su discurso, Patch Adams, el médico estadounidense promotor de la denominada “risoterapia”, curación mediante la risa, luce cálido en medio de un día gris bogotano. Una camisa verde con flores blancas y un pantalón de colores cálidos adornan sus más de 1.90 metros de estatura. En medio de la entrevista suelta una carcajada y afirma por segunda vez en cinco minutos, "a los 18 años decidí ser feliz por voluntad propia. La felicidad no es más que un opción de vida" y arregla su afinado bigote que le da un toque de amabilidad.

Su infancia transcurrió en medio de fusiles y uniformes camuflados. Su padre fue militar de guerra y murió en ella. Su juventud no pasó inadvertida en medio de compañeros de escuela que entre puños y golpes se burlaban de su positiva forma de ver la vida. "No quería vivir en un mundo injusto, entonces decidí ser feliz por mí, por mi familia y por mi país", y en ese momento se inscribió en la escuela de medicina.

Y mientras el público bogotano espera algo más cercano a una fórmula para alcanzar la felicidad, el "doctor de la risa" habla de aspectos sencillos que hacen la vida más amena. “Levantarnos cada día pensando que el simple hecho de despertarnos es ya una buena noticia, entrar a un ascensor y evitar darles la espalda a sus pasajeros, y más bien pararse frente a ellos brindándoles una sonrisa, o simplemente recordar a nuestros amigos y expresarles lo importantes que resultan para nuestra salud mental”.

La amistad y la compañía resultan vitales en esta "búsqueda de la felicidad", planteada por Patch Adams. Para él, "la depresión es un síntoma de soledad, no es una enfermedad". Así mismo, el miedo no es más que “otra expresión de soledad, de no estar conectados con los demás”. En medio de la conferencia, Adams escoge a uno de los asistentes para ejemplificar uno de los ejercicios que realiza en sus terapias. El personaje se detiene sutilmente en cada uno de los vistosos elementos que componen el traje del doctor. Sin vacilar, Patch Adams aprovecha el gesto de su interlocutor para hablar de su colorido atuendo. “Me visto así para que nadie se resista a conversarme. Realmente lo uso como una estrategia”, y suelta una carcajada que tranquiliza a su voluntario.

Cuando le preguntan por la situación de Colombia su sonrisa permanente parece desdibujarse: “Todos conocemos la trágica historia de los últimos 50 años del país. Prefiero no hacer referencia a eso en este momento”. Pero después menciona la obra de Gabriel García Márquez y de Álvaro Mutis, exaltando la labor de la literatura en la construcción de una sociedad, y desestimando la de la televisión y algunos medios de comunicación.

“No entiendo por qué un noticiero estadounidense no puede abrir su programación con noticias positivas. La primera tanda son noticias violentas internacionales, la segunda nacionales y la tercera ambas. Por eso no creo en la televisión ni en los medios de comunicación”.   Y después de pronunciarse contundente contra los canales de información, deja ver otra sonrisa en su rostro, zapatea tres veces como si estuviera bailando tap, toma un sorbo de agua y exclama “qué revitalizante es este líquido”. Ha conseguido una nueva carcajada del público.

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