Pepa Pombo, con México en el corazón

Más de 35 años en el mundo de la moda convierten a Pepa Pombo en ejemplo para las distintas generaciones de diseñadores nacionales. Pombo nos abrió las puertas de su casa.
Pepa Pombo, con México en el corazón

Lo suyo con México fue amor a primera vista. “Un flechazo bárbaro”, como ella misma dice mientras le brillan los ojos y esboza una sonrisa. Pepa Pombo, una de las figuras más importantes de la moda nacional, tiene decenas de razones para adorar esa tierra: además de que ha pasado más de media vida en ella, su fábrica, sus hijos y varios de sus mejores amigos se encuentran allá.

El romance comenzó muchos años atrás, cuando terminó la carrera de Bellas Artes en la Universidad de Los Andes y viajó por primera vez al país del norte con el fin de visitar una parte de su familia que vive en Ciudad de México. “Cuando la conocí pensé: de aquí soy y aquí me quedo”, dice.

Habla desde la sala del apartamento donde suele quedarse cuando pasa sus temporadas en Bogotá. El lugar tiene un ventanal enorme desde donde se divisa imponente todo el occidente de la capital y una decoración rebosante de color que logra trasladar a cualquiera hasta un típico lugar mexicano: cactus de diferentes estilos y nopales de vidrio; cuadros de la Virgen de Guadalupe (quizás la más popular del país), y una enorme vasija de barro donde los mexicanos preparan el pulque, una bebida alcohólica que se fabrica tras fermentar el jugo del agave o del maguey. Pero eso no es todo: también hay figuras y cuadros de las populares calaveras que representan la fiesta del Día de los Muertos, cerámicas, muñecas de Frida Kahlo y un enorme mueble lleno de tequilas, copas y la tradicional bandera verde, blanca y roja con el águila en el medio.

“En el D.F. todo el mundo habla del smog y critica el tráfico, pero a mí me fascina –cuenta Pombo–. Cuando llegué no sabía muy bien lo que quería; sin embargo, al estar en el país lo entendí: necesitaba hacer algo diferente, mirar con otros ojos. Y para ello nada mejor que empezar en otro lugar, fuera del hábitat que siempre me había protegido”.

México se ha convertido en la gran inspiración de su trabajo y le ha permitido posicionarse como una referencia innegable de la moda: sus diseños se conocen en varios países de América Latina, así como en Francia, Italia, Estados Unidos, Hungría y hasta Arabia Saudita. En la actualidad, Pepa pasó las riendas de su negocio a su hija Mónica –aunque no se desprende del todo de él–, y vive a medio camino entre Bogotá y el inmenso monstruo que es la capital mexicana.

“La mitad de mi vida me la he pasado en México trabajando, así que no he tenido mucho tiempo de más”, dice. Aunque la verdad es que conoce el país como la palma de su mano, pues con el tiempo se le terminó pegando un vicio muy mexicano: viajar a distintas ciudades y pueblos cada fin de semana. “Hay días en que me pregunto, como dicen ellos, ¿para dónde agarro? Allá tienen ciudades hermosas como San Miguel de Allende, en Guanajuato; Morelia y Valle de Bravo, un pueblito maravilloso alrededor de un lago”, cuenta.

Aunque no es sólo la geografía azteca lo que ha logrado enamorarla; también está su cultura. Las rancheras, confiesa, son una de sus grandes debilidades. “Como dicen los mexicanos cuando escuchan una: ¡Ay dolor, ya me volviste a dar! –asegura imitando el acento ‘manito’–. Allá es muy fuerte ese género, a la gente le encanta y los cantantes son unos verdaderos ídolos”. Gracias a sus años en México, Pombo pudo conocer al emblemático Pedro Vargas, “El ruiseñor de las Américas”; y también a Armando Manzanero, quien, según ella, ha sido siempre un enamorado de Colombia. “Tanto que su plato preferido es el ajiaco”, dice.

Algo similar le sucede con la literatura. Para Pombo los tres grandes escritores de ese país son, en su orden, Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo; el premio Nobel Octavio Paz y Carlos Fuentes. En la biblioteca de su casa, donde sobresalen libros de Diego Rivera, conserva uno que es casi una reliquia: un refranero titulado Libro para el pueblo, que data de 1864 y contiene proverbios populares de la cultura mexicana. No juzgues por apariencias/ ni por falsas relaciones/ porque te expones a errar/ en tus gustos y opiniones, dice uno de ellos.

No hay duda de que México es una gran referencia en la vida de esta diseñadora. ¿Pero dónde se esconde el misterio que la atrapa? “De ese país me gusta todo: su gente, su comida, su arquitectura y, más que nada, su color”, asegura. Algo que la atrajo desde el principio debido a su profesión. “El contraste que tenemos es radical porque a ellos el color no les da miedo; tienen claro el exceso y lo aplican en todo de manera muy fuerte”, dice esta diseñadora que, según revela, posee una sensibilidad muy alta. “Desde chiquita me educaron con la premisa de que las cosas no se tocan ni se huelen, pero yo siempre hice exactamente lo contrario”.

De la comida, por su parte, cuenta que le encantan los sabores fuertes y los colores vivos; se derrite por los chiles, el pozole (una sopa con maíz, carne, verduras y sal) y las lechugas. Sobre los mexicanos asegura que tienen un gran don de gentes, que son muy generosos y que poseen muchísimo humor. “Creo que su nacionalismo es algo que los ha llevado a ser grandes –dice Pombo–. Ellos creen en su cultura”.

Ese amor tan fuerte por México es casi el mismo que siente por Colombia, el país que la vio nacer. Por eso está cómoda con las dos nacionalidades aunque asegura que, cuando está lejos, cada patria le hace falta a su manera. Pero a la hora de pensar en cuál de las dos le gustaría morir, Pepa Pombo se queda en silencio, lo piensa un poco y da una solución salomónica: “Cuando eso pase –concluye con una sonrisa de satisfacción–, que repartan mis cenizas en los dos lugares. Así puedo morir en ambos”.