Randy, de analista financiera a bailarina exótica

La economista newyorquina Randy Newton solía pasearse por las andenes de Wall street. Cuando la crisis tocó las puertas de Morgan Stanley, la entidad financiera en la que trabajaba, Newton tuvo que dedicarse a un oficio que nada tenía que ver con su carrera, pero que, paradójicamente, le generaba mayores ganancias económicas.
Randy, de analista financiera a bailarina exótica

Sin pensarlo mucho, sin darle mucha trascendencia y alejándose de cualquier tipo de tabú, Randy Newton tuvo que enfrentar la crisis con corsé, liguero, medias de malla y tacones. La crisis la sorprendió un día cualquiera mientras trabajaba en Morgan Stanley, en el corazón financiero de Nueva York. Tuvo que salir de la empresa. Como muchos de sus compañeros ahora desempleados, Randy decidió ahogar sus penas en un club nocturno. En medio de copas y aceitunas, el administrador del bar se acercó a su mesa. Le llamó la atención la apariencia física de Randy, quien vestía el típico sastre formal con el que solía trabajar en la bolsa. El hombre le ofreció trabajar como bailarina del sitio. "Pensé que la propuesta era diferente y sobre todo divertida" comenta la economista ahora bailarina del club Rick's Cabaret. La mujer trabaja cuatro noches a la semana y obtiene sólo en propinas 160 mil dólares al año. En una noche puede recibir hasta 1500 dólares. Pero no fue sólo el dinero lo que motivó a esta ejecutiva a convertirse en streaper. La flexibilidad en los horarios, y las condiciones de igualdad entre hombres y mujeres que se respiraba en el bar hicieron que Newton no dudara ni un segundo en aceptar la curiosa propuesta. Para ella resulta increíble que un bar de streptease pueda ofrecerle a las mujeres una carrera mejor que la que puede conseguirse en una firma de corredores de bolsa. Peter Feinstein, propietario de otro bar nocturno, Sapphire Club , afirma que "últimamente me han llegado muchas hojas de vida de mujeres que trabajaban en Nueva York". Es el caso de otra ex corredora de bolsa Katie Haverton, una estadounidense que se dedicaba a vender bienes raíces, "yo podía trabajar 10 horas al día mostrando apartamentos y no hacía una sola venta, pero con el baile el dinero es instantáneo, estoy a punto de reunir todo el dinero para comprar mi propio apartamento", agrega Katie. El fenómeno no sólo se presenta en Estados Unidos. La recepcionista del club Princesas, ubicado al norte de Bogotá, afirma que a partir del mes de febrero las solicitudes para trabajar en el bar se incrementaron más del 50%. "Antes recibíamos cuatro o cinco hojas de vida a la semana, ahora hemos llegado a recibir incluso 15 hojas de vida en una misma semana. La mayoría son de niñas que no viven en Bogotá y que han quedado desempleadas". Al mal tiempo... poca ropa.