Annie Leibovitz , una fotógrafa el borde de la quiebra

Acaba de ser noticia una vez más. Pero en esta ocasión no lo es por su inmenso talento, que la llevó a ser la fotógrafa mejor pagada del mundo, ni por alguna escandalosa relación sentimental, como la que sostuvo con la escritora Susan Sontag. Esta vez se trata de dinero. Y bastante.
Annie Leibovitz , una fotógrafa el borde de la quiebra

Más se demoró Anna-Lou Leibovitz en construir su inmensa fortuna que en derrocharla. Hoy debe cerca de 25 millones de dólares y está a punto de perder el trabajo de toda una vida y que la convirtió en una celebridad. ¿Cómo pudo la fotógrafa más cara del mundo desbarrancarse de esa forma?

Mejor conocida por el apodo de Annie, esta mujer de origen judío empezó su meteórica carrera en 1971, tomando fotografías para una tal revista llamada Rolling Stone, que en ese entonces apenas llevaba cuatro años en circulación. Su relación con la publicación musical, que duró 12 años, se podría resumir en 142 portadas de su autoría, incluyendo una que le tomó a John Lennon pocas horas antes de que un fanático lo asesinara con cuatro disparos por la espalda.

En 1983 Annie Leibovitz siguió su ascendente carrera fotográfica en Vanity Fair, con la cual firmó un contrato que le sirvió para ganar 2 millones de dólares por año. Y también para llamar la atención con retratos como el que hizo de Demi Moore, donde la actriz aparece completamente desnuda y en embarazo, o con extravagancias como exigir lluvia, fuego, aviones o animales circenses para sus elaboradas producciones fotográficas. Todo lo que pedía se lo daban. Como si el dinero que recibía por sus retratos no fuera suficiente, Leibovitz también hizo fotos para campañas publicitarias de alto impacto. Marcas como American Express, GAP y Louis Vuitton la contrataron, e inclusive ella fue la primera persona que la FIFA invitó para encargarle, por vez primera, los afiches promocionales de un mundial de fútbol, el de México ’86.

Y su fama seguiría en ascenso. En 1991 Annie Leibovitz se convirtió en la primera mujer en exhibir sus fotos en la prestigiosa Galería Nacional de Retratos de Washington D.C., exposición que también sirvió como un homenaje que no resulta menor: fue la segunda muestra que un fotógrafo hacía en vida. Luego Leibovitz publicó un libro antológico de su obra y Vanity Fair, la misma revista donde más brilló, la convirtió en la fotógrafa oficial de Hollywood: desde 1995 tiene a su cargo la labor de retratar a los actores de la pantalla grande para una edición especial que se publica todos los años en marzo. Con todo y esto, la gente pensaría que alguien con su solidez económica (recibe más de tres millones de dólares al año de sus clientes, por los derechos de autor de sus fotos y por las regalías de su último libro, un best-seller llamado At Work) debería estar alejada de cualquier problema. Pero ese no es el caso.

Jann Wenner, cofundador y director de Rolling Stone, dijo alguna vez que Leibovitz fue permeada por los excesos del mundo del rock; consumía drogas y comenzó a desorganizarse económicamente con actitudes como no devolver a tiempo los carros que alquilaba y regalar costosas cámaras a sus admiradores. En 1988 empezó una relación sentimental con la escritora norteamericana Susan Sontag que terminó abruptamente en 2004, cuando Sontag murió de una leucemia. Un mes después el padre de Annie perdió la vida y en ese mismo año ella se realizó como mujer de una forma poco común: tuvo mellizos que fueron gestados por una madre que le alquiló el vientre. Sus gastos de producción se incrementaron a medida que compraba más equipos innecesarios, y el mantenimiento de su casa de Greenwich Village (que data de la guerra civil americana), entre otras propiedades, era particularmente costoso.

Arrinconada por impuestos, hipotecas y préstamos a punto de vencerse, el año pasado Annie Leibovitz solicitó un crédito por 22 millones de dólares a Art Capital Group, una compañía neoyorquina que se especializa en prestar sumas no menores a 500.000 dólares a tasas de interés entre el 6 y el 16%. La garantía de pago la aseguran con el patrimonio artístico de quien lo pide. Así fue como Leibovitz puso a disposición sus negativos, sus derechos de autor y los contratos de todas las fotografías que ha tomado y seguirá tomando.

Y ahora que tiene que pagar esa cantidad de dinero (más los intereses) antes del 8 de septiembre (Leibovitz no puede ni quiere cumplir con su obligación), ACG emprendió una demanda para obligarla a responder vendiéndolo todo, incluyendo su propiedad intelectual. Razón tenía Graydon Carter, editor de Vanity Fair, cuando dijo: “La mente que toma esas extraordinarias fotos no es necesariamente la misma de una perfecta administradora de dinero”.

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