"La patria es donde uno vivió su niñez"

Lo han dicho de todas las maneras, de Baudelaire a Gabriela Mistral, de Rilke a Saint-Exupery: la patria es la infancia. ¿Cómo no le iba a caber, entonces, un pedazo de patria colombiana a Miguel Bosé?
"La patria es donde uno vivió su niñez"

"Si dicen que la patria es aquel lugar donde uno vivió su niñez, entonces yo merezco ser colombiano, porque llevo clavado ese país en mi memoria desde mi más remota infancia".

Bosé habla emocionado desde Madrid, donde está recluido y concentrado en preparar la gira mundial de su más reciente disco, Cardio, que anda en los primeros lugares en ventas en España y, por supuesto, Colombia. "Yo he debido nacer en Bogotá pero por un asunto de conexiones aéreas fue imposible, nací en Panamá, sin embargo lo primero que hizo mi padre fue viajar a Colombia a presentarme ante su mejor amigo: Hernando Santos".

La colombianidad de Bosé es un asunto de herencia. Su padre, el matador de toros Luis Miguel Dominguín, había dejado su natal España por obra y gracia de la Guerra Civil española, y se instaló por un tiempo en Medellín, donde dejó sentado su amor por el país. De hecho, fue en Colombia donde se hizo matador y donde inició una carrera que lo iba a convertir en leyenda. Amigo incondicional de Hernando Santos Castillo -director de El Tiempo y aficionado irredento por los toros-, Dominguín buscaba cualquier pretexto para colarse los fines de semana en los famosos ajiacos santafereños que ofrecía la familia Santos. Llegaba de improviso, como si fuera un tío más, y dejaba a Miguel suelto por ahí entre la tropa de niños bogotanos que lo trataban como a un hermano.

El vicepresidente Francisco Santos, hijo de don Hernando, asegura que era tal la afinidad entre las dos familias, que a veces se confundían: "Recuerdo que mi mamá le acolitaba a Luis Miguel Dominguín una broma que siempre hacía cuando llegaba a la casa. Él preguntaba ‘¿dónde están mis hijos?'. Y ella contestaba: ‘mírelos, ahí están', y nos señalaba a mi hermana Adriana y a mí. Entonces yo quedaba todo confundido porque pensaba a veces que él era mi papá".

La relación fraternal entre Bosé y los Santos se alimentaría a lo largo de la vida. "A pesar de que las ocupaciones suelen separarnos por mucho tiempo, cuando nos saludamos lo hacemos como si nos hubiéramos visto ayer", dice Santos.

De hecho, Pacho ha sido uno de los cómplices más cercanos para que Bosé haya estrechado mucho más sus vínculos con Colombia, no ya desde el punto de vista de la amistad sino del compromiso por el país. El otro es Juanes, en quien el cantante español ha encontrado -según sus propias palabras- "un monje de calidades humanas extraordinarias". Con Pacho, se ha unido a la causa "Más arte menos minas", que lucha contra el flagelo de las minas antipersonas. Con Juanes, se ha metido de cabeza en la iniciativa "Paz sin fronteras", que le ha costado más de un dolor de cabeza pero que es, en todo caso, un dolor de cabeza lleno de vida: "El siglo XXI tiene que ser activista. No debemos esperar a que los políticos hagan algo por nosotros", afirma Bosé, henchido por las dimensiones de un proyecto que se gestó en la frontera colombo-venezolana y llegó hasta el mismo corazón de la Revolución Cubana, causando un revuelo que puso en juego su prestigio.

"Lo de Cuba fue lo más duro y brutal que me ha sucedido en la vida -afirma-. Nos quedamos solos, nos llovieron ataques incluso desde las partes más cómplices, que nos reclamaban que asumiéramos un color. Pero Juanes es un tipo tan serio en sus determinaciones que lo hizo posible: el tercer concierto más concurrido de la historia".

El testimonio de ese drama mutuo quedó plasmado en la canción Júrame, que hace parte de Cardio y que Bosé compuso en homenaje al pacto de sangre que firmaron él y Juanes cuando el concierto en La Habana estaba a punto de naufragar. "Estábamos tan desamparados que no se me ocurrió otra cosa que decirle: júrame que por lo menos tú y yo, así sea solos, vamos a estar de pie en la Plaza de la Revolución cantando y tocando la guitarra".

Juanes y Bosé han cuajado una amistad de locos, un dúo que ha desbordado los escenarios, pero sin salirse de los escenarios. "El ciudadano tiene derecho a expresarse por una vía de escape tangencial, paralela", afirma Bosé, y eso es lo que han hecho de "Paz sin fronteras": una vía tangencial de manifestación ciudadana.

Trabajan sin una sede, sin apoyos económicos, pagan de su propio bolsillo y tienen cada uno un papel definido que se fue dando sobre la marcha. "Si tuviera que expresarlo en términos cinematográficos, Juanes vendría a ser el policía bueno y yo el malo. Él habla y aglutina y la gente mira a los ojos a ese monje y entiende que no le está mintiendo. Pero hay un momento en que yo digo cállate y saco a relucir mi ADN de torero, y meto el estoque hasta las bolas. Luego Juanes, fiel a su estilo, se encarga de sacar el estoque y de devolver el toro al ruedo". Bosé habla con pasión y con convicción y, de paso, da cuenta de su carácter. "Es cuestión de temperamentos. Si fuera por mí, la causa no se llamaría ‘Paz sin fronteras' sino ‘A ostias sin fronteras' ".

Sobre Colombia aún no tienen planeado nada. A fin de cuentas sus agendas personales andan tan apretadas que el propio Juanes no pudo asistir a la ceremonia de nacionalización de su amigo. Sin embargo, lo primero que hizo Bosé al terminar el acto fue enviarle un mensaje instantáneo: "Somos compatriotas".

La celebración, en todo caso, ha quedado aplazada. Por el momento saben que se encontrarán en Santo Domingo, el 18 de abril, invitados por Juan Luis Guerra a un concierto por las víctimas del terremoto de Haití. Entonces comenzarán a organizar su próxima faena juntos. En particular, Bosé ya tiene su propio compromiso: el montaje de la fundación Metrópolis Global, que tendrá su sede en Bogotá y que busca crear conciencia ciudadana alrededor del reciclaje y del crecimiento sostenible.

Por lo pronto, Bosé estrenará gira en calidad de colombiano, algo que hace pensar si preparará un acto especial que legitime frente al público su nueva nacionalidad. Pero Bosé no se viene con cuentos, no es sensacionalista: "¿Qué puede ser más especial que comenzar la gira en Cali? Allí estaremos cagados de miedo esperando que todo salga bien".

Ese es el Bosé colombiano, el más reciente en la lista de una cantidad de extranjeros nobles y sinceros que han recibido con orgullo la nacionalidad por sus propias razones y principios, pero que, al igual que Bosé, han puesto en evidencia que vale la pena creer en Colombia y jugarse el pellejo por este país que los ha acogido como hermanos, hijos por adopción que han encontrado en Colombia la realización vital de la frase de Marco Tulio Cicerón: "La patria es todo aquel lugar donde uno se siente bien".

Salud Hernández Mora

"Me costaba trabajo aceptar cuando me decían europea"

"Llegué a Colombia porque no pude ir a Pakistán. Yo trabajaba con una empresa gringa, Burson Marseller, en asesorías de imagen pero quería volver al periodismo activo. Esta empresa tenía oficinas en Pakistán y quería irme para allá, pero no me enviaron, así que convencí a los ejecutivos de la firma de que abrieran oficina en Colombia, porque era el país más parecido a lo que yo quería, atractivo periodísticamente. Estuve con ellos dos años, luego entré a El Mundo y a El Tiempo.

Para un español de mi generación los países de América Latina eran países hermanos, España estaba aislada por el franquismo, le dimos la espalda a Europa y le dimos la cara a Iberoamérica, sentíamos que estos países eran una parte muy nuestra, y desde siempre sabía más cosas de Colombia que de cualquier otro país. Me costaba trabajo aceptar cuando me decían europea.

Quisiera que la hermana Uribe, una amiga monja española que vive hace 40 años aquí, tuviera la nacionalidad pues siempre tiene problemas con la renovación de la visa. Por eso me fastidia que regalen la ciudadanía como si fueran dulces. Personas como ella, que fue fundadora del Hospital Lorencita Villegas y que le dedicó toda su vida a esa institución y va a las cárceles a asistir a la gente, la merecen y deberían dársela, y no a Miguel Bosé.

Mi nacionalidad no se demoró porque cuando la pedí, en 2002, nadie la pedía. A mí me la firmó Antanas Mockus, porque es el alcalde local el que debe hacerlo. Si vivo en un país que me encanta y tengo la oportunidad de asumir la nacionalidad, pues hay que hacerlo. Ser colombiana no tiene ninguna ventaja práctica, es algo intangible y hace que uno se sienta más integrado. Confieso que no me gustaría morir aquí, porque mi familia está en España y solo la familia te aguanta cuando llegas a viejo".

César Escola

"Hacerse colombiano es una decisión personal, es un asunto de amor"

"Vivo en un país en donde pienso quedarme hasta el último día de mi vida, donde tengo mis deudas, donde están mis amigos y donde tengo mis afectos. Las cosas no son en vano. La vida me mostró que yo no tenía que quedarme en Colombia a hacer música o televisión, sino a ser el padre de mi hijo colombiano, y eso fue fundamental a la hora de la adopción. Mi historia es una historia de amor.

Cuando llegué en 1989, Colombia se me mostró de una manera hermosa, y al mes y medio ya había decidido quedarme. Ahora, después de 21 años, estoy como Facundo Cabral: soy esa mezcla de argentino y colombiano que no se reconoce cuando voy a Buenos Aires y me preguntan de dónde soy. Yo no me olvido de dónde he nacido, pero me siento como cuando uno deja de vivir con los papás, después vuelve a la casa y el cuarto de uno ya no es de uno. Aquí soy muy feliz.

En cinco años voy a cumplir en Colombia los mismos años que viví en Argentina, y a diferencia de otras personas a las que les dan la nacionalidad colombiana por reconocimiento o mérito, yo fui muy legal. Durante un poco más de un año hice todos los procesos, tuve que ir al Comando del Ejército en Argentina para comprobar que nunca evadí el servicio militar, reuní todos los papeles, presenté todos los exámenes, y tuve la suerte de que el presidente Uribe me tomara el juramento en la Casa de Nariño.

Fue una noche maravillosa hace ocho años que me dejó con un recuerdo muy bonito y un buen ajiaco de celebración. Me siento muy bogotano, hacerse colombiano es una decisión personal, hay que sentirlo, uno se tiene que enamorar. Entiendo que muchos empresarios como (Germán) Efromovich se nacionalizan por una cuestión de negocios, y los respeto, pero para mí este es un asunto de amor. Es una decisión que viene del amor por el país y en mi caso se trata de una devolución del amor que tuve desde el primer día".

Zbigniew Zajac

"Ser colombiano fue una necesidad de pertenecer a algo"

"Cuando llegué a vivir acá en 1983 venía de México, había conocido a la que hoy es mi esposa y vine por amor. Allá sólo había escuchado comentarios negativos de Colombia, pensé que llegaba a la jungla. Pero cuando vi la primera imagen desde el avión, con vacas blancas y negras, respiré tranquilo, me sentí como en Polonia, porque tenemos también vacas blancas y negras, y supuse que los seres humanos debían ser gente como nosotros. Me encanta el país y cuando les enseño a los estudiantes, comparo el país con Polonia de manera positiva, porque aquí a veces no valoran lo que tienen. Tener la ciudadanía me da el derecho a decirles esas cosas, porque hice una vida acá y mis dos hijos son colombianos.

Creo que hay similitudes entre Polonia, Bulgaria y Colombia, los tres eran grandes históricamente hablando y veo que los colombianos quieren ser grandes frente a sus vecinos y a sus propias circunstancias. Polonia ha estado anhelando su pasado y los búlgaros elogian la grandeza del pasado, y todo eso está por construir. Ser colombiano fue una cuestión de sentir la necesidad de pertenecer a algo, de ubicarse geográficamente, de disfrutar el país y tener amigos. A mí y a otros tres músicos de la Orquesta Filarmónica de Bogotá nos dieron la nacionalidad el 16 de febrero pasado, nos aceleraron el proceso por nuestros aportes a la música y al arte. No me molesta la idea de morir aquí, aunque me siento bien en ambos países, pero sí hay un sitio en el que me gustaría vivir cuando me retire: Santandercito. El valle del Tequendama es un paisaje exuberante comparado con la planicie donde yo nací".

Sergio Galván Rey

"No tengo planes de regresar a Argentina"

"Llegué a Colombia en 1996 a jugar en el Once Caldas de Manizales por recomendación de Alfonso Núñez, quien trabajaba en el club. No conocía mucho del país pues por desgracia lo único que trascendía eran las noticias sobre la violencia. Con el tiempo, sin embargo, me fui enamorando de su gente y de lo extraordinaria que es esta tierra. Tomé la decisión de nacionalizarme porque me casé con una colombiana pero, sobre todo, por agradecimiento al lugar que me abrió las puertas para trabajar y me dio la oportunidad de formar una familia.

No tengo planes de regresar a Argentina; lo más seguro es que me quede a vivir en Colombia pues me encanta hacer parte de un país con gente tan increíble y de gran calidez. Creo que todo aquel que tenga la oportunidad de conocerlo, de entrar en contacto con su gente, le gustaría obtener la nacionalidad. De eso estoy seguro. Tampoco tuve ningún problema a la hora de obtener la nacionalidad; al contrario: el trámite fue relativamente fácil y no tan largo. Lo hice en 2003. No hay duda de que mi futuro, tanto en lo personal como en lo laboral, está ligado a este país".

Jean Claude Bessudo

"Soy parte de este país hace media década"

Llevo 50 años viviendo en Colombia y aunque no sé si este es el lugar donde voy a morir, estoy convencido de que es el único sitio donde quiero vivir. Tuve la suerte y el honor de ser llamado en 1993 por el propio presidente de ese entonces, el señor César Gaviria Trujillo a obtener mi ciudadanía colombiana aprovechando que acababa de aprobarse la ley de doble nacionalidad. Fue en la casa de huéspedes de la Casa de Nariño en que César Gaviria me dio un discurso sobre la importancia y el honor de ser colombiano y sólo tuve que esperar 10 minutos para que me entregaran el pasaporte, la cédula y la libreta militar que me acreditan como ciudadano de este país. Y aunque es una ventaja porque me da derecho a opinar en temas que por esencia son reservados exclusivamente para colombianos, como lo es la política y el derecho a votar, soy colombiano de corazón desde los 12 años, cuando visité estee y de gran calidez. Creo que todo aquel que tenga la oportunidad de conocerlo, de entrar en contacto con su gente, le gustaría obtener la nacionalidad. De eso estoy seguro. Tampoco tuve ningún problema a la hora de obtener la nacionalidad; al contrario: el trámite fue relativamente fácil y no tan largo. Lo hice en 2003. No hay duda de que mi futuro, tanto en lo personal como en lo laboral, está ligado a este país".

Jean Claude Bessudo

"Soy parte de este país hace media década"

Llevo 50 años viviendo en Colombia y aunque no sé si este es el lugar donde voy a morir, estoy convencido de que es el único sitio donde quiero vivir. Tuve la suerte y el honor de ser llamado en 1993 por el propio presidente de ese entonces, el señor César Gaviria Trujillo a obtener mi ciudadanía colombiana aprovechando que acababa de aprobarse la ley de doble nacionalidad. Fue en la casa de huéspedes de la Casa de Nariño en que César Gaviria me dio un discurso sobre la importancia y el honor de ser colombiano y sólo tuve que esperar 10 minutos para que me entregaran el pasaporte, la cédula y la libreta militar que me acreditan como ciudadano de este país. Y aunque es una ventaja porque me da derecho a opinar en temas que por esencia son reservados exclusivamente para colombianos, como lo es la política y el derecho a votar, soy colombiano de corazón desde los 12 años, cuando visité este país por primera vez en compañía de mis padres aprovechando que una tía estaba casada con un médico colombiano. Este país es mi hogar y me gustaría que más franceses tuvieran la nacionalidad colombiana, en especial el director de la Alianza Colombo Francesa de Bogotá, el señor Bruno Simonin, a quien no habría que convencerlo ya que, al igual que yo, lleva a Colombia en el corazón.

Roberto Cocheteux

"Llegué al país en 1976 cuando tenía 24 años. Colombia me adoptó y me ha dado lo mejor de mi vida. Me casé con una colombiana, Cecilia del Castillo, en 1981; tuvimos tres hijas (Bibiana, Verónica y Laura). He hecho grandes amigos y he trabajado con extraordinarios profesionales. Esta tierra me lo ha dado casi todo y yo he tratado de corresponder. En Suramérica aterricé primero en Quito, donde trabajé para una empresa de comercio exterior como gerente para Latinoamérica. Desde Ecuador viajaba a 14 países, entre ellos Colombia.

Al año siguiente cambié la sede a Bogotá y creo que fue mi primer acierto. Quise nacionalizarme porque, con el tiempo, empecé a sentirme colombiano y no quería seguir siendo extranjero en el país; en cualquier caso, creo que la nacionalidad no es un tema de ventajas sino una decisión profunda de sentimiento.

La verdad es que me siento orgulloso de ser colombiano y español. Para sacar la nacionalidad hice el trámite como manda la ley, basándome en mis años de residencia y en estar casado con colombiana. No tuve inconvenientes ni fue complicado. Era el gobierno del presidente Ernesto Samper y me tomó juramento el Viceministro de Relaciones Exteriores. Me hizo gracia que él me preguntara por qué quería ser colombiano cuando los colombianos querían ser españoles".