Marruecos: el sueño africano

Civilizaciones como la fenicia, la bizantina, la romana y la árabe hacen parte de la historia de este mágico país, ubicado en África del Norte, al otro lado del estrecho de Gibraltar. Un lugar privilegiado por el pasado con un presente lleno de cultura.
Marruecos: el sueño africano

Para descubrirlo hay que dejarse llevar, como lo han hecho muchos directores, a quienes los sedujo la magia y belleza de este país. En 1952 Orson Welles filmó Otelo, con la que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Tres años más tarde, Alfred Hitchcock filmó El hombre que sabía demasiado, mientras que en 1962 David Lean realizó su célebre Lawrence de Arabia. Este apogeo hizo posible que hoy existan cuatro estudios de cine en este país. Sin ir más lejos, la novela brasileña El clon, que se transmitió hace poco en Colombia, grabó el 80% de sus escenas en Marruecos, lo que sin duda representó una buena parte de su éxito.

Pero el encanto de Marruecos no sólo reside en el cine. También en la gente. Y no es una frase de cajón. Cualquiera de los aproximadamente 33 millones de habitantes pueden invitarlo a su casa como una señal de que hay alguna simpatía con usted. Cuando llegue al hogar de un marroquí no olvide quitarse los zapatos y no piense que son maleducados si no usan cubiertos en la cena, pues la mayoría usan tradicionalmente la mano derecha para comer.

El regateo es parte de la economía de este país. Pero ojo, aunque los colombianos están acostumbrados a pedir rebaja adonde quiera que vayan, los marroquíes son famosos por su habilidad para negociar y saben aprovecharse muy bien de eso para sacar beneficios de los compradores extranjeros.

Para conocerla mejor lo invitamos a hacer este recorrido. Lo primero es conocer las ciudades imperiales: principalmente Fez y Marrakech. Aunque también están Meknés y Rabat.

Fez tiene el encanto de lo tradicional. Clasificada como Patrimonio Cultural Universal por la Unesco, se remonta al siglo VIII. Es la primera ciudad de culto musulmán y cuenta con una de las universidades más antiguas del mundo, incluso más vieja que la Sorbona de París. Fez, en realidad, está formada por dos ciudades: Fez el Bali (la antigua) fundada en el siglo VIII por Moulay Idriss, y Fez el Jedida (la nueva), fundada en el siglo XIII por los meriníes. No olvide visitar los zocos o mercados que son los más vivos y coloridos de Marruecos, la plaza Neyrarin, el mechouar, el barrio de los andalucíes, la gran talaa, las medersas (antiguas escuelas coránicas) y la mezquita Karauín, fundada en 857, una de las más importantes del mundo islámico.

Marrakech es el destino favorito de los turistas. El término Marruecos en otras lenguas procede del nombre de la antigua capital imperial, Marrakech, proveniente de la expresión bereber que significa “Tierra de Dios”. Una ciudad seductora como pocas. La conquista almohade hizo desaparecer muchas de las primeras construcciones, que fueron reemplazadas por otras, como la majestuosa Koutoubia, torre gemela de la Giralda de Sevilla. Otro punto importante de visitar es la espectacular Plaza Jemaa El-Fna, declarada Patrimonio Cultural Universal por la Unesco. Tampoco deje de ir a los mercados, las tumbas de los saadíes, el palacio Badi, la fuente Chrob ou Chouf, el Guéliz (la parte moderna de la ciudad) y el jardín Majorelle.

También hay que visitar su capital, Casablanca. Su nombre nos lleva a la película de 1942 protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, pero hay que visitarla para darse cuenta de que esta ciudad ofrece mucho más que su aura cinematográfica. Es la ciudad con más habitantes. Es la capital económica, industrial, financiera y primer puerto del país. Por esto representa la parte moderna y desarrollada de Marruecos. Turísticamente no es tan fuerte como las ciudades imperiales, pero seguro encontrará muchos tesoros desconocidos y muchas edificaciones con arquitectura art déco. Visite la gran Mezquita Hassan II, el monumento más representativo e imponente del siglo XX en el país, la plaza de las Naciones Unidas, el Parque de la Liga Árabe, Casablanca Art Déco y el palacio real de Casablanca.

Otro paseo rico en historia es el de las ciudades amuralladas, testigos de la presencia portuguesa, ubicadas en la costa atlántica y poseedoras de una belleza natural inimaginable. La carretera que las une es un paseo digno de contemplar por sus reservas naturales y bosques. Además las playas de este recorrido son las favoritas de los turistas europeos. Las ciudades amuralladas son: Asilah, El Jadida, Azemmour, Safi y Essaouria.

La costa mediterránea marroquí tiene ciudades tan importantes y dignas de visitar como Tánger. Pero también hay que hablar de sus paisajes, del Rif, la región montañosa de Marruecos, de ciudades blancas y pueblos de adobe colgados en terrazas. Un paisaje espectacular que se une al Mediterráneo insólito, con playas de arenas doradas con piscinas naturales muy poco visitadas.

Con el nombre de las mil Kasbahs, un recorrido de fortalezas que están en el sur del Alto Atlas, se pueden apreciar construcciones hechas todas en adobe con torres amuralladas. Están en el punto donde se une el desierto y la montaña y esto hace que la naturaleza, los contrastes, los colores y el silencio hagan de este sitio un punto espectacular en el planeta.

Por último está la ruta del Sur, la región más desértica del país. Allí se levanta Agadir, que tiene en su lista playas kilométricas; el estuario del Oued Massa, con sus reservas de flamencos rosas y mirlos negros; los bosques de arganes; las kasbahs doradas, y las llanuras aluviales del Sous. Desde ahí se abren las puertas de las estribaciones del Sahara.

No se estrese, aunque parezca imposible visitar en un solo viaje un país de norte a sur, para recorrer Marruecos es suficiente con dedicarle diez días. Así que no hay excusas para no hacer este fantástico recorrido.

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