Apología de la anorexia

Las promesas de año nuevo siempre vienen acompañadas de muy buenas intenciones de comer mejor, más equilibrado, sin tanta grasa, harinas y productos saturados y llenos de químicos.

Después de las vacaciones nos miramos al espejo y consideramos que se nos fue la mano en rumba y comida. Lo ideal es tomar conciencia de una buena disciplina de ejercicio y una dieta supervisada que vaya acorde con nuestra rutina.

Son muchos los artículos que leemos a diario sobre la alimentación de las modelos de pasarela, muchos los libros sobre anorexia, ese terrible desorden alimenticio, no sólo de profesionales del modelaje sino de jovencitas inseguras y desadaptadas, que creen que la alimentación es algo a lo que no hay que darle importancia.

No es justo que se asocie el tema de la moda con declaraciones como la de Kate Moss, famosísima y controvertida modelo inglesa, cuando le preguntaron, “¿Qué debe comer una modelo?” y respondió: “¡Absolutamente nada!”.

“Nada sabe tan delicioso como sentirse flaca”. Es el quinto mandamiento del mantra de las jóvenes que sufren de este flagelo y de la cultura de la celebridad.

Son afirmaciones irresponsables de un ícono del modelaje que no ha sido modelo de comportamiento de vida. Si recordamos sus reveladoras fotografías consumiendo drogas, lejos de quedar vetada, hoy es la imagen de más productos de los que puede soñar una modelo en su sano juicio. Con sus escuálidos 50 kilos y 1,64 metros de estatura, no tiene reparos en incitar e influir a quienes la siguen y veneran, tanto por ser la imagen de Top-Shop, una de las marcas masivas populares, como por ser una de las más fotografiadas y mejor pagadas del medio.

Los organizadores contra la talla cero, que luchan incansablemente para que la gente entiendan la gravedad de no comer, no daban crédito a estas palabras, pues son las utilizadas para promover esta enfermedad. Las Victorias Beckhams y Paris Hiltons son las perfectas seguidoras de la lechuga y la botella de agua sin medir las consecuencias de verse esqueléticas.

Claro que si revisamos el escándalo desatado por cuenta de unas medidas de cadera que, según el Concurso Nacional de Belleza de Cartagena, daban para descalificar a la candidata del departamento del Valle, no lo lograron. Pero lo que sí causa es una alarma entre las jovencitas para pasar a odiar sus caderas anchas y lograr, a como dé lugar, ser esqueléticas y raquíticas.

Somos lo que comemos es un capítulo, no lo suficientemente largo como yo hubiera querido, de mi reciente libro Señor Espejo, en el que trato de lograr una toma de conciencia por parte de mis lectores, sobre la importancia de querernos desde el momento en que abrimos los ojos por la mañana: hacer todo despacio, estirarnos, ojalá meditar 15 minutos, no saltar al tinto ni al cigarrillo, que llenan las piernas y la cola de ¡celulitis! Ojalá a un jugo fresco y nutritivo, y un cereal con fibra que mueva y proteja el colon.

La primera alimentación de la mañana es la definitiva del día, para producir, para estudiar, para crear, para ser una mejor persona.

A las jovencitas hay que apoyarlas si quieren convertirse en Giselle Bündchen o Naomi Campbell, pero no llenarlas de falsas expectativas, ni tratar de cambiarles la naturaleza y el cuerpo con el que vinieron a este mundo. El modelaje es una carrera seria que puede abrir caminos maravillosos si se maneja con inteligencia.

La industria de la moda es la más consciente, promoviendo en las distintas pasarelas de las principales capitales del mundo, como Nueva York, Londres, París, y Milán, que requieren cuerpos sanos y frescos, que irradien salud, aunque lleven kilos de maquillaje, kilométricas pestañas y pelucas locas de acuerdo con las excentricidades de diseñadores de la talla de Galliano o Lagerfeld.

Brasil es otra historia, porque no sólo son primer mundo en moda en América Latina sino que tienen muy claro el tema ecológico y del reciclaje en la confección de las prendas y, sobre todo, los cuerpos sanos y tonificados de sus mujeres que son todas chicas de Ipanema en las pasarelas de Río de Janeiro y São Paulo, que son las más veloces comparadas con las europeas. Una pasarela en Nueva York de un Custo Barcelona, donde se presentan 85 salidas en 14 minutos, es una descarga de moda y adrenalina maravillosa… Para eso se necesita gente sana, joven, bella y muy profesional.

La gran conclusión es que no hay que matarse de hambre ni odiar las anchas caderas, que nos han valido maravillosas fotografías como la de Kiki de Montparnasse por el inmortal fotógrafo Man Ray, quien la mostró de espaldas, desnuda, como un violonchelo. Nada más femenino.

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