Dallas Buyers Club, una de las cintas favoritas para llevarse el Óscar

*Sus protagonistas, Mattew McCounaughey y Jared Leto, cuentan cómo se vivió el sida en días en los que todavía no había medicamentos aprobados para tratar la enfermedad.*
Dallas Buyers Club, una de las cintas favoritas para llevarse el Óscar

Dirección: Jean-Marc Vallée Guion: Craig Borten y Melisa Wallack Reparto: Matthew McConaughey, Jared Leto y Jennifer Garner  

En los años ochenta, el sida era un asunto de homosexuales. Era la epidemia que se expandía entre aquellos hombres que sufrían de lo que en ese entonces se consideraba una enfermedad o un pecado: desear personas del mismo sexo. Por eso, de entrada, Dallas Buyers Club causa desconcierto: es una historia sobre el sida que cuenta la vida de un macho muy macho, heterosexual y homófobo, que pasaba sus días en medio de mujeres, drogas y toros de rodeo. Él, tan varón como era, no podía portar ese virus mortal. No. Para él, que los médicos se lo plantearan era una ofensa y, claramente, una mentira. Pero no lo era. Cuando Ron Woodroof fue diagnosticado VIH positivo, sus días estuvieron contados. 

Desde la primera escena, la actuación de Matthew McConaughey como el vaquero enfermo resplandece. Acostumbrados a verlo como un símbolo sexual, cuando aparece en la pantalla –con 20 kilos menos, raquítico y frágil– impacta de inmediato. Luego se le ve actuar e hipnotiza. El galán se convierte en un talentoso patito feo, que se las ingenia para ir revelando la complejidad de su personaje, cuya hombría –a un paso de la muerte– ya no es una herramienta para conseguir mujeres y triunfar en el rodeo, sino para asumir su enfermedad, aprender a tolerar la diferencia y luchar contra el sistema, que en el Estados Unidos de 1986 todavía no aprobaba los medicamentos que lo podrían mantener con vida a él y a muchos otros enfermos de sida. 

La película, entonces, aparte de narrar la historia de la vida real de este vaquero que llega a tener de mejor amigo a un travesti –interpretado magistralmente por Jared Leto–, cuenta la manera en que Woodroof peleó en contra del establecimiento médico y las compañías farmacéuticas para ingresar a Estados Unidos –de países como México y China– los medicamentos necesarios para prolongar las vidas de las personas VIH positivo, quienes hasta ese momento solo tenían la posibilidad de acceder a tratamientos que estaban en periodos de prueba y que resultaban más demoledores que la misma enfermedad.  

El vaquero, conectado con su lado más vulnerable, se convierte en un héroe. Uno frustrado, triste y agobiado por los obstáculos y el zumbido de la enfermedad en su cabeza, pero un héroe al fin y al cabo.