La casa de la cultura

En una vibrante construcción caribeña se viven las artes escénicas y musicales de San Andrés. Una parada imperdible para el que quiera conocer todo sobre la historia de la isla y contagiarse con su sabor.    
La casa de la cultura

Dentro de la Casa de la Cultura de San Andrés se respira historia y buena energía. Al cruzar sus puertas es común encontrarse con grupos de danza que hacen espectáculos para dar a conocer todos los matices de las tradiciones isleñas. Puede verse un relajado show de reggae, pero también es posible aprender cómo se baila el mentó, el soca, el calipso, la mazurca y la jumping polka, con sus pasos lentos y elegantes. Al poner un pie en este lugar, se entiende que la isla cuenta con un invaluable patrimonio cultural que permite que la visita de un turista vaya más allá del mar de los siete colores y se convierta en un paseo mucho más atractivo y enriquecedor. 

Desde 2002, la Casa de la Cultura está abierta los 365 días del año de nueve de la mañana a seis de la tarde, de tal forma que nadie se pierda la posibilidad de entrar y vivir una experiencia similar a la de un viaje en el tiempo, ya que el lugar imita con fidelidad las casas que existían en San Andrés en los tiempos de la Colonia y está decorada con objetos de los siglos XVIII y XIX, por lo que que funciona también como un museo. 

El espacio es un modelo que muestra cómo vivían los isleños durante la esclavitud y después de su abolición en 1838. Todas las casas tenían cuatro divisiones –sala, cocina, dos cuartos y balcón– y eran blancas al mejor estilo europeo –a San Andrés llegaron ingleses, escoceses, holandeses, irlandeses, franceses y españoles–; sin embargo, una vez las culturas raizales recuperaron su territorio pintaron las casas de colores como un regreso a la vida.

Los recorridos por la casa son guiados por jóvenes que empiezan por el primer piso, donde se pueden apreciar armarios y otros muebles de la época. En el segundo nivel se encuentran los trajes formales que se usaban en ese entonces, demasiado elegantes para el calor sanandresano: paño negro, sacoleva, vestidos de falda y manga larga. Detrás de cada objeto y en cada habitación hay una historia reveladora que habla de lo que se heredó desde la Conquista hasta nuestros tiempos.