Mi labor no termina aquí

Por: Taliana Vargas
Mi labor no termina aquí

Después de vivir durante 365 días como una de las reinas más queridas de los colombianos, la virreina universal Taliana María Vargas Carrillo entrega su título con el compromiso de seguir siendo una buena embajadora del país y de sus causas sociales.

Siempre he sido Colombia. Desde mucho antes de haber sido elegida como reina de los colombianos, yo ya era Colombia. Mi papá me dejó en herencia la fortaleza y el empuje del pueblo antioqueño.

Mi abuelo materno me legó el porte y la elegancia de la gente santandereana. Mi abuela me dio los ojos indios y la sabiduría wayúu, y mi mamá me regaló la alegría y la espontaneidad de mis ancestros macondianos de mi bella Santa Marta. Estos doce meses de trabajo como Señorita Colombia me han dado una madureza y una fortaleza que pocas mujeres a los 20 años pueden alcanzar. Vivir de cerca las múltiples realidades de nuestro país hace crecer a cualquiera, y hasta al más desprendido le enseña a valorar lo que tiene.

Poder mirar el rostro de un niño que ha perdido todo, pero que aún sonríe, es toda una cátedra. Tomar las manos callosas de un anciano que trabajó toda su vida y que tuvo que dejarlo todo atrás para poder seguir viviendo, termina siendo una maestría. Al mismo tiempo, ver que nuestro país está lleno de gente alegre que hace de los momentos difíciles oportunidades, que no se doblega y que es feliz, te enseña a hacer las cosas con amor, dedicación, tolerancia y mucha disciplina; así tengas sólo 20 años y la visión de la vida de cualquier persona de esa edad. Mi país es majestuoso y tiene una diversidad cultural que, me atrevería a decir, no se encuentra en ninguno otro. Cada viaje para mí fue una clase de cultura, de idiosincrasia y de pertenencia colombiana. Gracias a esto, me di cuenta de que mi proyecto de vida tiene que ser hacer visible nuestra cultura en el exterior. Por eso, entrego mi corona y viajo a radicarme en Estados Unidos.

Pero no regreso a vivir la vida como lo hacía antes de ser Señorita Colombia. Voy a enfocar todas mis fuerzas, mi capacidad y mi aprendizaje a lograr que esos millones de manos de mis compatriotas que tejen día a día con dedicación esas obras de arte únicas, a las que me acerqué gracias a mi papel de reina, lleguen a las grandes pasarelas del mundo. A mi sucesora le entrego un título y un cargo de mucha responsabilidad. Sólo eso entrego, porque les prometo que mi trabajo no termina aquí.