Un final feliz

Cuando decidí participar en el Concurso Nacional de Belleza®, entré con la esperanza de poder confrontar mis miedos. 

Ahora, cuando finaliza este maravilloso año, entiendo que pude conquistar algo más que mis temores: los colombianos más necesitados me enseñaron la importancia que tiene nuestra actitud hacia la vida. Esa es la que realmente marca la diferencia.

Durante mi vivencia como Señorita Colombia obtuve una maestría en la vida. Aprendí a conocerme mejor y me di cuenta de que las cosas que me hacen verdaderamente feliz son aquellas simples e intangibles. Descubrí el poder de una sonrisa y la magia de un abrazo. Conocí el valor de los colombianos que trabajan con pasión, honestidad y solidaridad. Pero no solo me enamoré de nuestra gente sino de lugares que pude visitar gracias al Minicromos: Santa Fe de Antioquia; la basílica del Señor de los Milagros, en Buga, y muchos otros que jamás pensé conocer. También pude celebrar tradiciones como las Fiestas de San Juan y San Pedro, en Neiva; el Festival Folclórico de la capital musical del país, Ibagué; y la Feria de Manizales. Me sorprendió y, sobre todo, me fascinó, nuestra rica gastronomía. Disfruté las marranitas del Valle, el pan de arroz de Restrepo, los pastelitos de garbanzo de Cúcuta, y las deliciosas paletas de fruta en Providencia.

¡No me imagino representando a otro país diferente a Colombia! Es solamente aquí donde las mujeres integran a la nación a través de su belleza. Únicamente en Colombia las reinas luchan todo el año por las personas que verdaderamente las necesitan y por promover los tesoros que existen en nuestra tierra. ¡Aquí exaltamos nuestra región y celebramos a la mujer colombiana! Pude conocer el verdadero valor de mi procedencia y me siento más honrada que nunca de haber nacido en este hermoso país. Son 365 días de experiencias y de afectos inolvidables. Ser reina es un trabajo único e irrepetible. Una responsabilidad con el país.

Gracias a Dios por ponerme en este lugar. Gracias a las personas que me respaldaron desde el comienzo de esta travesía. Gracias también al Concurso Nacional de Belleza‰ por ser una segunda familia para mí y a Colombia entera por recibirme siempre con los brazos extendidos en todos los rincones del país. Gracias a ustedes y a esta experiencia única, puedo decir que soy y seré una mejor hija, madre y amiga pero, sobre todo, una mejor mujer. 

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