Top 5, las mamás de los malos

Ellas no son responsables de que sus hijos hayan terminado como terminaron. Aunque, para algunos, por ellas estos monstruos llegaron al mundo.
Top 5, las mamás de los malos

La resignada

Hamida al-Attas

Mamá de Osama Bin Laden

La madre de quien fuera el terrorista más buscado del mundo es la décima esposa del magnate Mohammed Bin Laden. Hamida, una mujer de origen sirio que en su juventud se negaba a cubrirse la cara con la burka, llevaba una vida relativamente moderna –que incluía viajes para hacer compras a Damasco, la capital–, hasta que a los 22 años se casó y se trasladó a vivir a Arabia Saudita. Poco después de que naciera su único hijo con Mohammed, al que llamó Osama, Hamida se separó de su esposo. La relación con Osama fue muy cercana hasta que él se convirtió en terrorista. Según medios estadounidenses, dos días antes del atentado del 11 de septiembre, Osama llamó a su madre a decirle que pronto recibiría noticias que los obligarían a dejar de hablar. Y, de acuerdo con el semanario alemán Der Spiegel, durante los años en que Bin Laden vivió en Siria, su madre lo visitaba con frecuencia para tratar de convencerlo de que abandonara sus planes. Esfuerzos que poco o nada sirvieron para cambiar el destino de su hijo.  

La defensora

Hermilda Gaviria

Mamá de Pablo Escobar Gaviria

“Tengo dos camisas de Pablo y duermo con ellas debajo de la almohada. Yo no creía que era criminal ni lo he creído nunca. A mí no me avergüenza ser la mamá de Pablo”, dice una desafiante Hermilda Gaviria en el documental Los archivos privados de Pablo Escobar. La declaración es solo una muestra de que la relación entre Pablo y su madre fue siempre muy cercana y de que, a pesar de las múltiples pruebas, doña Hermilda nunca quiso ver el lado malo de su hijo. Desde pequeño, la figura de Hermilda Gaviria –una matrona paisa de carácter recio– ejerció una fuerte influencia en Escobar. A lo largo de su vida fueron siempre muy cercanos –es un hecho que Pablo siempre la respetó más a ella que a Abel, su padre– por lo que se convirtió, sin duda, en la persona más importante para el capo. Doña Hermilda siempre estuvo a su lado y no lo desamparó ni siquiera el día en que lo mataron, cuando reconoció el cadáver y le informó a la opinión pública que, en efecto, era su hijo.

La irresponsable

Kathleen Maddox

Mamá de Charles Manson

En 1969 el nombre de Charles Manson saltó a la fama por un hecho macabro: el asesinato en Los Ángeles de Sharon Tate –esposa del cineasta Roman Polanski–, a manos de un grupo llamado “La Familia”, fundado por él años atrás. Kathleen Maddox, madre de Manson, quedó embarazada a los 16 años y desde el principio mostró una actitud displicente con el pequeño. Por entonces era una adolescente rebelde, promiscua, criminal y alcohólica. Cuando el niño tenía cinco años, Kathleen fue enviada a prisión por cometer un robo a mano armada, lo que obligó a Manson a trasladarse a West Virginia, donde creció bajo el cuidado de sus tíos. Años después, ya en la cárcel, Manson declararía: “Lo único que mi mamá me enseñó en la vida es que todo lo que dijo siempre fue una mentira. Por ella aprendí a no creerle absolutamente nada a nadie”.

La comprensiva

Ketevan Geladze

Mamá de Joseph Stalin

Hace apenas cinco años se revelaron las “memorias” de quien fuera la madre del líder de la Unión Soviética y el Partido Comunista, y responsable de la muerte de millones de personas en la primera mitad del siglo XX. En ellas, “Keke” Geladze asegura que Stalin era un niño “muy sensible” que vivía con un miedo enorme de su padre, Besarion Jughashvili, un borracho que solía pegarle constantemente a su madre. En los cuadernos que escribió durante años, Ketevan reveló que, cuando Joseph escuchaba a su padre acercarse a la casa, le pedía atemorizado que lo dejara ir adonde los vecinos hasta que él se quedara dormido. Años después, cuando Stalin se convirtió en líder del régimen comunista, instaló a su madre en un palacio del Cáucaso en el que podía estar a sus anchas pero, por esas cosas del destino, ella solo ocupó una pequeña habitación hasta el momento de su muerte.

La sacrificada

Klara Pölzl

Mamá de Adolfo Hitler

La madre del hombre que asesinó a más de seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, no alcanzó a vivir lo suficiente para ver a su hijo convertido en el máximo líder de la Alemania nazi. Pese a que murió de cáncer de seno cuando el joven Adolfo tenía apenas 18 años, logró convertirse en una figura importante en la vida del futuro Führer, sobre todo porque Hitler odiaba a su padre Alois y se negaba a ser, como él, un simple agente de aduana. Cuando Klara enfermó, Hitler se encontraba en Viena tratando de entrar a la Escuela de Bellas Artes para desarrollar su carrera como pintor; al enterarse de su enfermedad, Adolfo regresó a Linz y se encargó de cuidarla hasta su deceso. Para Hitler fue una pérdida muy dura y durante mucho tiempo estuvo devastado por el dolor, en especial durante el año que pasó en Viena en el que tuvo que vivir casi en la indigencia.