Adiós a "La Niña"

Se fue La Niña pero los daños que dejó en Cundinamarca serán difíciles de reparar. Doce muertos, vías intransitables, puentes caídos, miles de familias sin vivienda y 32.000 hectáreas productivas inundadas. Y aún no dejará de llover.
Adiós a "La Niña"

Sólo en la madrugada del 14 de mayo, el nacimiento del río Bogota recibió 50.000 mililitros de agua –lo habitual es que caigan 5.000–. Nadie estaba preparado para recibir semejante descarga. Ni las autoridades ni los campesinos sospecharon que la fuerte temporada de lluvias que se había anunciado se convirtiera en el peor desastre invernal de los últimos 60 años. Las pérdidas económicas todavía no se acaban de calcular, pero hay algunos datos que dejan ver las dimensiones de la tragedia.

Cuarenta puentes quedaron totalmente destruidos por la fuerza de las aguas, 251 más quedaron averiados y 795 vías están total o parcialmente cerradas por derrumbes. La infraestructura vial del departamento colapsó y recuperarla es un trabajo a largo plazo que incluye construir puentes más modernos, fuertes y altos, y cambiar el trazado de varias carreteras para sacarlas de las cotas de los ríos. Pero lo más urgente, que es dar paso en las vías obstruidas, puede costarle al departamento 350.000 millones de pesos.

Y si hay que pensar en que las carreteras cambien de trazado o se conviertan en túneles como se hizo en la Nariz del Diablo –vía Bogotá-Girardot–, varios de nuestros pueblos tendrán que pensar en cambiar su fisonomía. Barrios enteros de una decena de municipios tendrán que desaparecer. Sólo en Girardot 350 familias tienen que salir de sus casas antes de que una nueva creciente de los ríos acabe con sus vidas y sus enseres. En total son unas 6.000 familias que viven en las riberas de los ríos Bogotá o Magdalena las que deben ser reubicadas para evitar una tragedia mayor.

La propuesta de la Gobernación de Cundinamarca es comprarles estos terrenos a los habitantes, ofrecerles una vivienda nueva en un sitio seguro y convertir los terrenos cercanos a los ríos en parques y reservas. “No podemos seguir peleando contra el agua. Esa batalla está perdida. Lo más sano es devolverles a los ríos y humedales su espacio y ordenar nuestros municipios pensando en buscar un equilibrio que nosotros le arrebatamos a la naturaleza”, dice el gobernador Andrés González Díaz.

Pero mientras se piensa en verdaderos planes de ordenamiento territorial y de uso regulado del suelo, hay que resolver cómo se les ofrecerá ayuda a 20.000 familias que han sido afectadas. Por ahora, se están terminando de elaborar los censos para entregar subsidios de arriendo que les permita vivir en un sitio en el que sus vidas no corran riesgo.

Y aunque La Niña se fue, como anunció con alborozo el presidente Juan Manuel Santos en medio de aplausos, seguirán cayendo lluvias hasta mediados de junio. Así que los más desesperanzados son los habitantes de las 33.000 hectáreas que aún están inundadas. Los agricultores del valle de Ubaté y los alrededores de la laguna de Fúquene todavía tienen el agua hasta el cuello pese a que la intensidad de las lluvias ya bajó. Hasta hoy, las pérdidas para los sectores lechero y floricultor pueden pasar de los 300.000 millones de pesos.

Lo más delicado, según advierten las autoridades, es que debemos prepararnos para fuertes temporadas de lluvias y sequías inclementes. Por eso los planes de recuperación deben ser de largo aliento. Ya se está planeando la construcción de 14 embalses en el departamento y la adecuación de los existentes para ampliar la capacidad de almacenamiento que permita regular los cauces de los ríos en invierno y abrir las compuertas en verano.

Se evitaría también la destrucción de los acueductos y plantas de tratamiento que colapsaron en esta última oleada invernal. Y se sepultaría por completo el riesgo de un desabastecimiento de agua potable en Bogotá, que estuvo latente durante varios días por la imposibilidad de darle tratamiento efectivo debido a la cantidad de sedimentos y contaminantes que arrastró el río Bogotá.

Es un desafío que afrontan las nuevas administraciones departamentales y locales que serán elegidas el 29 de octubre. Justamente esta semana, durante la Conferencia de Grandes Ciudades sobre el Clima, se advirtió que hay unos 1.000 millones de personas que viven en regiones de alto riesgo y cuya situación puede empeorar a causa del calentamiento global.

Un estudio del Banco Mundial lo anuncia: “Para mucha gente pobre viviendo en las ciudades, inundaciones frecuentes y deslizamientos ya son un hecho cotidiano. El cambio climático hará que la situación empeore. Las ciudades necesitan planificación y administración urbana, una tarea colosal que precisará de la cooperación local, nacional e internacional, así como de un fuerte apoyo financiero”.

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