¿Qué tiene la otra que no tenga yo?

Los hombres corrientes los envidian por las esposas que tienen y, sin embargo, estos famosos terminaron atraídos por otras mujeres menos populares.
¿Qué tiene la otra que no tenga yo?

1. Arnold Schwarzenegger. Sin salir de casa

Cuando Arnold Schwarzenegger se casó con Maria Shriver hace 25 años, dejó en claro que no era tan básico como se pensaba. Muchos admiraban su osadía y su seguridad al conquistar a una Kennedy, pero se preguntaban qué vería ella en él. La encargada de contestar fue la guatemalteca Mildred Patricia Baena, un ama de llaves que la propia Maria había contratado confiada en sus buenos servicios. Pero los servicios resultaron demasiado buenos, sobre todo para su marido, quien no tuvo reparo alguno en llevar a Mildred a su cama durante más de un año. El propio Schwarzenegger le confesó hace poco a su esposa no sólo su aventura, sino el fruto de ella: un hijo de 10 años a quien mantiene económicamente. Shriver no dudó en pedirle el divorcio al exgobernador de California, quien si después de esto planea relanzarse, es probable que no cuente con el respaldo de la población femenina. ¿O sí?

2. Jesse James. Tatuajes en la sombra

El recuerdo está fresco: Sandra Bullock levantando el Óscar obtenido por su papel en Un sueño posible, y las cámaras enfocando a su esposo de entonces, Jesse James, llorando a la par que la actriz. Lo que en ese momento parecían lágrimas de felicidad y orgullo por el éxito de su esposa, quien al final del discurso de aceptación le dio las gracias a su marido por estar a su lado, eran más bien de vergüenza y arrepentimiento. Mientras Sandra trabajaba en la producción de la película, Jesse se acostaba con Michelle McGee, una modelo de tatuajes con quien se veía una vez por semana. Aunque logró mantener su romance en secreto durante meses, sus amigos se dieron cuenta de su desliz. Al enterarse de la infidelidad, Sandra Bullock pidió el divorcio, se mudó de la casa y adoptó un hijo sola y así se ganó el apoyo de la gente. Jesse, mientras tanto, recibe críticas por haber cambiado a “Miss Simpatía” por una mujer ruda y poco femenina.

3. Hugh Grant. El autocomplacido

Si en 1995 había un hombre envidiado era el actor Hugh Grant. Su pareja era Elizabeth Hurley, una de las mujeres más sensuales del mundo, quien aseguró en varias oportunidades que estaba completamente enamorada del protagonista de Cuatro matrimonios y un entierro. Por eso, cuando se supo que la policía lo descubrió teniendo sexo oral con Divine Brown, una reconocida prostituta de Los Ángeles, no se le criticó tanto por débil sino por idiota. Consciente de su error, se presentó en los programas de Larry King y Jay Leno donde pidió disculpas esperando que Elizabeth lo perdonara. Pero el acento inglés que derrite a más de una no tuvo efecto alguno en la actriz, que terminó la relación y lo cambió por el millonario Ted Forstmann.

4. Príncipe Carlos de Inglaterra. Una fría elección

Lo que el 29 de julio de 1980 parecía ser la boda perfecta, era en realidad un montaje sin precedentes. Diana Spencer pensó que había encontrado a su príncipe azul; Carlos de Inglaterra, en cambio, tenía a otra mujer en su cabeza: Camila Parker, Duquesa de Cornualles y amiga de la familia real británica. El heredero al trono, reacio a la belleza cándida de Diana, mantenía una relación con Parker desde 1970. La indiferencia de Carlos hacia Diana, incluso en eventos públicos, fue señal clara del poco interés hacia su esposa, quien tras enterarse de la aventura eterna de su marido, renunció a su título de nobleza y acabó con 16 años de matrimonio y mentiras. El príncipe quedó muy mal parado ante su pueblo, que no le perdona haber cambiado a Lady Di por una mujer tan fría e insípida como Camila.

 

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