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'Roma', la belleza de un relato común

Alfonso Cuarón resignifica lo común, le abre campo a las historias cotidianas, y en este caso le otorga voz a su recuerdo de Cleo, una joven indígena que ejerce como nana y empleada doméstica en una colonia Mexicana de familias de clase media alta llamada Roma, durante los años 70.

Cortesía

Como un relato de la infancia de Cuarón, Roma se nos presenta en la pantalla como un diario íntimo, como una reminiscencia de la vida de Cleo (Yalitza Aparicio), una mujer que se siente derrotada pero es capaz de mantener en orden un hogar que se desmorona con la ausencia del padre.

Cuarón recrea su niñez, su recuerdo de la casa donde creció, pero sobre todo, la fuerza de las mujeres que estuvieron a su lado, especialmente Cleo, la única que estuvo con él y sus hermanos desde la mañana hasta la noche, la única que escuchaba los relatos de vidas pasadas de su hermano pequeño y la que tumbaba su cuerpo junto a él en la terraza mientras se hacía el muerto para mirar el cielo, detener sus labores domesticas, sus preocupaciones y decirle que "se siente bien estar muerta". Instantes como ese, encierran la belleza y también se convierten en una narración desgarradora.

La historia de una vida como la de Cleo que pocas veces se sale de la cotidianidad podría resultar intrascendente para muchos, pero el director logra convertirla en un relato de resistencia.

¿Cuántas veces nos hemos preguntado por las cargas que llevan encima las personas que de algún modo nos prestan algún servicio? ¿Cuántas veces escuchamos las tristezas o las angustias de la persona que nos sirve el café en la oficina? La cotidianidad puede estar llena de Cleos pero pocos prestan atención a su narración, pocos valoran las situaciones que tienen que sortear en su vida para sobrevivir a un mundo injusto y aparente. 

Llevar un hijo no deseado en el vientre es tal vez una de las mayores luchas internas que tiene que sufrir una mujer, Cleo experimentó ese dolor y también el de la pérdida. Embarazada de un hombre que participó de la masacre estudiantil que hoy se recuerda como El Halconazo, el 10 de junio de 1971 en Ciudad de México, Cleo siente temor de dar a luz a una pequeña que finalmente nace muerta. Su alma se siente igual, está abrumada, ida y se desmorona poco a poco. 

En un viaje familiar que organiza la madre de Cuarón para que el padre pueda sacar sus cosas de la casa, lleva a los niños y a Cleo al mar, ella como no sabe nadar observa su inmensidad de lejos como contemplando su vida, su caos interior. En la noche mientras cenan, la madre confiesa a los niños que su padre no ha estado viajando sino que los ha abandonado. Al día siguiente mientras los pequeños Paco y Sofía se bañan en el mar, la madre deja a cargo a Cleo y le advierte a los niños  que no se alejen de la orilla. Se va a buscar algo en el carro y Cleo cuida a los niños. En un momento la ferocidad, las olas comienzan a arrastrarlos y Cleo se enfrenta a la furia de un mundo desconocido para salvarlos convencida del amor que siente por ellos. Finalmente los saca con vida y al regreso de la madre se envuelven todos en un conmovedor abrazo que le permite Cleo estallar, decir lo que siente respecto a su embarazo, sentirse querida y fortalecida en el amor de una familia que la acoge como parte de ella.

Roma, nos revuelve, nos regresa al poético equilibrio del blanco y negro, a los diálogos de complicidad en mixteco, a los relatos de aquellos a los que la sociedad margina, a la grandeza de la vida común pero sobretodo nos enseña el arte del agradecimiento y la memoria con un emotivo filme que dedica a Libo, su verdadera nana encarnada por Cleo.

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Ana Sofía Buriticá Vásquez

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