Antes de que el aceite empiece a burbujear y las empanadas tomen su forma definitiva, Rosangela ya ha recorrido medio día. Ha pelado papa, rallado yuca, preparado el guiso y ajustado la salsa de ajo que ha conquistado el paladar de sus clientes y que se ha convertido en el sello de su negocio. Todo tiene un orden y una hora exacta, porque a las 3:30 de la tarde vuelve a casa su hija Victoria. Ese reloj, el de una madre migrante que aprendió a organizar la vida entre el trabajo y la crianza, marca el ritmo de una receta hecha a base de constancia, fe y segundas oportunidades.
Rosangela del Carmen Montilla Roa tiene 34 años y nació en Barquisimeto, Estado Lara, en Venezuela. Ante la situación de su país, decidió migrar y hace siete años llegó a Colombia con un menú cargado de expectativas y el deseo profundo de empezar de nuevo. Radicada en Bogotá, conoció a Yolger, su esposo y padre de su hija Victoria, una niña curiosa, que, a sus 5 años, no se intimida frente a las cámaras y se expresa con total seguridad como si el mundo fuera suyo.
Un aliado mientras cocina su proyecto de vida
Junto a Yolger, Rosangela emprendió en comida típica artesanal como lo son pasteles, empanadas y arepas, encontrando en la cocina un proyecto para salir adelante. Ella se encarga de la preparación: los ingredientes, el guiso, la salsa; mientras que él arma, fríe y vende. No es solo un negocio, es una receta de vida construida con disciplina y trabajo en equipo.
Sigue a Cromos en WhatsAppEn medio de ese esfuerzo diario, llegó a esta familia un apoyo que les dio la esperanza de un mejor futuro para su hija: el Jardín Social Infantil El Porvenir de Compensar, ubicado al sur de Bogotá. A este lugar que les abrió las puertas le confiaron el bienestar de la pequeña de gafas rosadas y sonrisa mueca, mientras podían, en palabras de Rosangela, “trabajar sin la angustia de no llegar a tiempo o de no tener todo listo”.
El miedo inicial de dejarla en un jardín fue inevitable. Rosangela no había encontrado cerca de su casa un lugar que le inspirara tranquilidad, hasta que escuchó las referencias del jardín. La experiencia confirmó lo que le habían dicho: un equipo atento, profesoras comprometidas y una rectora cercana, siempre pendientes del bienestar de los niños, de su salud y de mantener informadas a las familias. “No me defraudaron la confianza”, afirma.
De esta forma, Victoria encontró en dicha institución mucho más que cuidado. Recibió una alimentación balanceada, reconoció la importancia de comer frutas y verduras, mejoró sus hábitos y, por lo tanto, también su salud.
Así mismo, con acompañamiento de todo un equipo interdisciplinar que interviene en el proceso educativo de los niños, ella logró ser más independiente y fortaleció habilidades de expresión y destrezas que hoy su madre reconoce como una base sólida para su futuro. “Con eso que aprendió, estoy segura de que será una niña muy talentosa”, dice Rosangela, con la convicción de una madre orgullosa y segura de que el camino de su hija estará lleno de grandes posibilidades.
A esos aprendizajes, se suman proyectos pedagógicos que promovieron en ella valores de ciudadanía, cuidado del ambiente, respeto por las mascotas y por los demás; los cuales trascendieron el aula y llegaron al hogar y a la comunidad.
Más allá de sentir que Victoria estaba en muy buenas manos, no tener que pagar por su educación fue una gran ventaja, pues el jardín es gratuito, lo que alivió una carga importante y le permitió a la familia Cañizares Montilla consolidar su negocio.
El cierre de esta etapa de tres años de formación integral, desde párvulo hasta jardín, estuvo marcado por un momento que quedó para siempre en sus corazones: la emoción de ver a Victoria en la graduación de preescolar, un acto memorable, de esos que no se olvidan. Rosangela lo recuerda como un día que dejó huella en su hija, tanto así, que, en medio de su risa picarona, Victoria, con la espontaneidad de su edad, dijo que sueña con ser directora de los jardines de Compensar.
Hoy Rosangela tiene 15 semanas de embarazo y sigue ajustando sus horarios para tener todo listo antes de encender el fogón. Ella es una mujer que inspira porque se permitió recibir apoyo y, a pesar de las circunstancias, encontró solución y un aliado en uno de los mayores retos de su vida. Su historia es la de una venezolana que migró, confió y trabajó sin rendirse, la de una madre entusiasta que cocina con amor su proyecto de vida en familia.