Sergio de la Pava, una revelación de la literatura norteamericana

De madre caleña y padre manizalita, habló con CROMOS sobre Una singularidad desnuda, una historia de 716 páginas en la que desnuda el cruel sistema carcelario estadounidense y con la que ganó el Premio PEN 2013 a la mejor primera novela. ¿Qué lo hace tan interesante?
Sergio de la Pava,
Una ciudad que se reduce a cárceles y estrados judiciales. Y que es tan fría que las palabras se congelan en el aire. Es la Nueva York que no figura en las postales y que se impone en Una singularidad desnuda. El 111 de Centre Street es uno de los edificios donde se la pasa el abogado Casi. En esta oportunidad comparece ante un juez el joven Malkum Jenkins, de dieciséis años, a quien un agente vestido de paisano lo sorprendió de nuevo con las manos en los bolsillos, vendiendo droga. Casi vela por su libertad condicional. Sabe cómo manejar esos casos; es como si se los hubiera leído todos en un libro. Los pasos de Malkum en una calle o en una correccional de menores depende de la revisión de un programa de rehabilitación. «El caso se dio más o menos por terminado y pospuesto dos meses para otra revisión por parte del programa», narra al final el abogado sin inflar el pecho. Casi es un hombre trajeado de 24 años con vocación para raparles personas al sistema carcelario de su país, lleno de anzuelos y trampas, con policías camuflados ávidos de criminales, jueces crueles, abogados mediocres y fianzas con varios ceros a la derecha. 
 
«Para retratar el sistema penal estadounidense, en Una singularidad desnuda procuré ser lo más fidedigno posible y puedo decir que es una suerte de reportaje. Nada ha cambiado en el sistema desde que escribí la novela entre 1998 y 2004. Estados Unidos tiene una enfermedad de querer meter a la gente a la cárcel, y mejor si son pobres», confiesa Sergio de la Pava. Casi es su alter ego;  ambos hacen lo mismo: defienden a los que no tienen con qué pagarse un abogado. De 8:00 a.m. a 5:00 p.m. cumplen sus horarios en el condado neoyorquino. Podría asegurarse que los mueve la sed de justicia y, en las noches, De la Pava se sale del libreto y se entrega a la ficción. «No escribo todos los días, lo hago después de trabajar o los fines de semana, en casa. No es una práctica estricta y diaria. Dependo de mis ganas», sostiene. 
 
Una singularidad desnuda es una novela escrita a lo largo de seis años. Las páginas donde vive el abogado Casi son la ópera prima de este abogado de padres colombianos. De su origen latinoamericano, De la Pava bebió bastante para trabajar en esta monumental obra de párrafos extensos  sin puntuación que recuerdan la atmosfera de las novelas de Fiodor Dostoievsky o las de Herman Melville, aunque con sabor latinoamericano. «Este libro, más que una idea, es una manera de pensar. Lo que más me impulsó a escribirlo es la sensación de perder un juicio. Por año hay dos o tres juicios y esa experiencia es algo que se encuentra en el libro. Para mí es una sensación terrible y a la vez necesaria», confiesa. 
 
Junto a Casi, Wilfredo Benítez es otro de los protagonistas. No es colombiano, pero su nombre significa mucho para el boxeo nacional. Apodado «Radar» por su agilidad para esquivar golpes, en 1977, con solo 17 años, le quitó el título a Antonio Cervantes, «Kid Pambelé». El histórico Benítez, al igual que De la Pava, es un estadounidense de padres hispanos. «Wilfredo está en la novela porque su alma se mezcla con la del libro.  Mi fascinación por él y por el boxeo en general viene de hace treinta años y posiblemente mis estadías breves en Colombia durante la época dorada de Pambelé han contribuido a su presencia en Una singularidad desnuda».  
 

Pambele

«Kid Pambelé»
perdió el título wélter junior ante Wilfredo Benítez en 1977, tras defenderlo durante cinco años consecutivos. El puertorriqueño es uno de los protagonistas de Una singularidad desnuda. 
 
 
La obtención del Premio PEN 2013 en Estados Unidos a la mejor primera novela lo puso en la órbita de los críticos literarios angloparlantes. Los diarios The Wall Street Journal, The Guardian y The Times coincidieron en su valor literario, así  como los lectores en la tienda Amazon no han escatimado elogios. Los extensos párrafos de la novela están acompañados por diálogos divertidos y, en ocasiones, extraños.  «El lenguaje poderosamente nuevo es la única manera que tengo para expresar la variedad y profundidad infinita de todo lo que existe o debe existir», admite De la Pava, quien tiene publicado, además, Personae y está trabajando en una tercera novela. 
 
El abogado Casi y el jóven Malkum Jenkins conversan al final de la comparecencia. «Mi madre quería que te preguntara si tengo antecedentes», le dice el joven, que por los siguientes dos meses es un hombre libre. El defensor le indica que tiene antecedentes que quedan marcados como un delito y le advierte que «todas tus futuras acciones serán delictivas porque se trata de ti. Hay cosas que no puedes hacer. No puedes votar, no puedes coger determinados empleos públicos, no puedes decir que no eres un delincuente. ¿Lo captas ahora?». Malkum pone cara de haber entendido poco. La cabeza se le llena de dudas. Es natural que un menor de edad tenga preguntas. «¿No puedo votar?», lanza.
 
«¿Votar? ¿Qué tiene el voto de divertido? Jamás deberías votar, eso lo sabe todo el mundo. Si votas y gana el tuyo luego no puedes quejarte porque tú ayudaste a ponerlo ahí. Por eso yo nunca voto, así puedo quejarme después. Además, ¿por quién ibas a votar? ¿Por el que te ignora o por el que promete construirte más cárceles mientras hablamos?», lo reprime Casi en un arranque de sinceridad. Al fin y al cabo, así como existe un sistema judicial programado para encarcelar personas, también hay abogados como él dispuestos a enfrentarlo y a describirlo en una novela que ha encontrado sus propios seguidores a pesar de que casi dobla en páginas a clásicos colombianos como Cien años de soledad y Sin Remedio. 
 
Fotos: Fernando Rivera / Archivo Cromos