Quién se imaginaría que casi todos los objetos de uso personal son utilizados en la comunicación no verbal. Los dos mayores expertos en el tema, Alan y Barbara Pease, después de muchos estudios, afirman que arreglar las mancornas en público es un ejemplo clásico de la inseguridad masculina.
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El rey Charles de Inglaterra, el que más hace ese gesto en público, nos confirmaría que es tan inseguro como cualquiera de nosotros. Pero hay más cosas que utilizamos, como las gafas, que son bastante reveladoras, ya que llevarlas a la boca significaría, según esos autores, que la persona que lo hace está en duda, que aún no ha tomado una decisión, o que doblarlas y alejarlas de su cuerpo es la señal de que la conversación se terminó.
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Un objeto tan personal y simbólico para las mujeres, como el bolso femenino, es una representación de la extensión de su cuerpo, por eso ponerlo cerca significa que quiere compartir la intimidad con el otro, mientras que dejarlo lejos es que no quiere mucha proximidad con esa persona. Tocar los zapatos, o hacer el movimiento de quitarlos y volver a ponerlos, expresa la excitación sexual que está sintiendo en aquel momento.
Variadas son las formas de comunicarnos, pero la no verbal, con el uso o no de los objetos, podemos decir que es la más honesta de todas por ser inconsciente, es decir, es cero planeada. Por eso decimos que en la cama es donde se habla la verdad con solo las emociones y sin ningún objeto… Estar desnudos frente a otra persona es estar expuestos con todos los deseos, las expectativas y las vulnerabilidades. Lo anterior hace real la entrega al placer.
A la hora del sexo abundan las personas que solo se preocupan por verse bien y están concentradas en sí mismas, pero lo que deberían es estar más atentas a aprovechar ese momento tan especial para traducir al otro, para ver qué es lo que está comunicando por la vía de su cuerpo, su sexualidad y su placer.
El buen sexo nunca será sobre técnicas, posiciones o pasos a seguir, sino que es un entendimiento de ese lenguaje tan particular de dos personas que se disponen a verse, comunicarse y cada uno recibirá esas emociones, esas caricias, que suelen llegar con pocas o ninguna palabra, pero nunca desprovistas de significa dos ni de secretos no verbales.
Autora de la columna: Flavia Dos Santos.