Paola Lozano, una socia de confianza

La primera abogada latinoamericana en convertirse en socia de la firma de abogados más importante de Estados Unidos, es colombiana. Maneja cuentas como IBM y Citygroup y ha logrado triunfar en un campo regido por hombres.
Paola Lozano, una socia de confianza

Cuando era pequeña solía escuchar a sus dos abuelos intercambiar historias de abogados. Era tanta la pasión con que las contaban que no dudó en concluir que la felicidad estaba en estudiar Derecho. Al cumplir 15 años les anunció que seguiría sus pasos, decisión que se vio respaldada tiempo después cuando fue escogida por la Universidad de los Andes para competir en un concurso de Derecho internacional en Washington contra jóvenes abogados de todo el mundo.

Ese fue el punto de partida de una carrera exitosa basada en desafíos. Sin buscarlo, su género y su nacionalidad se convirtieron en unidades de medida de su rendimiento. Como sucedió en 1994, cuando un grupo de socios de Skadden para América Latina, asombrados con su trabajo como practicante en la firma bogotana Gómez Pinzón & Asociados, la invitaron a entrar al programa de pasantías Foreign Interns, que contrata 10 abogados de distintos países por un año. Paola no sólo fue la primera colombiana en asistir sino la primera en quedarse trabajando para la firma.

“Al principio, cuando entraba a las reuniones con 25 hombres, pensaban que era la asistente de algún abogado o la encargada de Relaciones Públicas”, recuerda Paola. Nunca esperó ningún privilegio o tratamiento especial por ser mujer. “Siempre asumí que el camino iba a ser un poco más duro y que me tenía que lucir”. Y eso es precisamente lo que ha hecho, desde el departamento de fusiones y adquisiciones, en Nueva York, donde maneja clientes del tamaño del Citygroup y de IBM.

Fue precisamente con esta última empresa con la que dejó en evidencia sus habilidades, en un momento en que IBM buscaba reinventarse para pasar de ser líder en sistemas y computadores a líder en el mundo de los servicios. Entonces Paola a representó en la compra del negocio de consultoría de Pricewaterhouse Coopers, una transacción por más de tres mil millones de dólares que tuvo impacto en más de 52 países. Su buen desempeño no sólo le garantizó el respeto de sus colegas sino el respaldo de esta multinacional: “La clave es convencer a estas instituciones de que su trabajo y sus intereses están en buenas manos, aunque sean las de una mujer relativamente joven, nacida en otro país y con el inglés como su segunda lengua”, confiesa Paola.

Porque aunque lleve 15 años viviendo en Nueva York, no pretende en ningún momento ocultar sus raíces. Admite que extraña un buen plato de ajiaco y que le gustaría incursionar en transacciones latinoamericanas para tener la oportunidad de trabajar con clientes colombianos, lo que sin duda incrementaría su campo de maniobra al tiempo que reanudaría lazos con su cultura. “Trato de ser ambiciosa pero cuidadosa, responsable pero divertida, seria cuando toca pero tomando la vida con sentido del humor. Vivo obsesionada por encontrar el balance entre los extremos que me atraen”.

Debe ser por eso que para la primera abogada latinoamericana en ser socia de esta firma, no resulta difícil combinar su profesión con el papel de mamá. Aunque reconoce que uno de sus más grandes sacrificios personales ha sido el sueño, no le molesta tener que levantarse temprano para poder jugar con su hijo Nicolás antes de que él se vaya al colegio. “Cuando no estoy trabajando estCoopers, una transacción por más de tres mil millones de dólares que tuvo impacto en más de 52 países. Su buen desempeño no sólo le garantizó el respeto de sus colegas sino el respaldo de esta multinacional: “La clave es convencer a estas instituciones de que su trabajo y sus intereses están en buenas manos, aunque sean las de una mujer relativamente joven, nacida en otro país y con el inglés como su segunda lengua”, confiesa Paola.

Porque aunque lleve 15 años viviendo en Nueva York, no pretende en ningún momento ocultar sus raíces. Admite que extraña un buen plato de ajiaco y que le gustaría incursionar en transacciones latinoamericanas para tener la oportunidad de trabajar con clientes colombianos, lo que sin duda incrementaría su campo de maniobra al tiempo que reanudaría lazos con su cultura. “Trato de ser ambiciosa pero cuidadosa, responsable pero divertida, seria cuando toca pero tomando la vida con sentido del humor. Vivo obsesionada por encontrar el balance entre los extremos que me atraen”.

Debe ser por eso que para la primera abogada latinoamericana en ser socia de esta firma, no resulta difícil combinar su profesión con el papel de mamá. Aunque reconoce que uno de sus más grandes sacrificios personales ha sido el sueño, no le molesta tener que levantarse temprano para poder jugar con su hijo Nicolás antes de que él se vaya al colegio. “Cuando no estoy trabajando estoy divirtiéndome con mi familia, y aunque nunca tuve ningún talento para los deportes de equipo, ahora paso días enteros jugando béisbol y fútbol”.

Para ella no hay limitaciones y mucho menos caminos seguros. A pesar de haber consolidado una reputación que muchas mujeres en su campo envidiarían, sabe que el secreto para permanecer está en no convencerse de que ya lo logró. “Uno nunca puede creer que ya sabe suficiente, siempre hay alguien que sabe más que uno y siempre hay campo para mejorar”. Por eso todos los días llega temprano a su oficina para mantenerse actualizada en finanzas, leyes y mercado de capitales; para que dentro de un tiempo sea ella la que cuente sus propias historias de abogados a sus nietos, tal como lo hicieron sus abuelos.

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