«La guerra ha incrementado el liderazgo femenino» Ana María Ibañez

La docente de Economía de la Universidad de los Andes, analiza como el conflicto ha hecho que las mujeres rompan los patrones
Ana María Ibañez

La guerra en Colombia ha dejado una estela de víctimas y dolor. Desde 1985 hasta hoy, 7.2 millones de personas han sido víctimas del conflicto armado. Aunque hombres y mujeres lo han sido por igual, la victimización y sus consecuencias tienen matices por género. Los hombres mueren más en la guerra, pero las mujeres sufren victimizaciones que dejan secuelas permanentes y las consecuencias económicas son más profundas. Su rol en las comunidades pueden cambiar: la violencia les permite romper patrones patriarcales y asumir liderazgos antes vetados.

 

Las víctimas de la violencia sexual son predominante en las mujeres. Cifras del Centro de Memoria Histórica reportan que entre 1985 y 2012, 1.754 mujeres fueron víctimas de violencia sexual. Los objetivos de la violencia sexual son múltiples y algunos están arraigados en creencias patriarcales: castigar a la mujer por papeles de liderazgo o por asumir conductas que a su juicio deben ser del resorte de los hombres.

 

La violencia sobre los hombres modifica los roles de las mujeres en el hogar. Sus cónyuges mueren, participan en grupos armados, son incapacitados o no pueden generar ingresos. Por ello, las mujeres deben convertirse abruptamente en las principales generadoras de ingresos y en  muchos casos asumir la jefatura del hogar. Por ejemplo, en 2005 un 38.3% de los hogares desplazados tenía jefatura femenina, mientras este porcentaje para el total de los hogares en Colombia era del 25.7%.

 

La migración forzada significa un cambio de vida radical para las mujeres. En las familias que no se desintegran, el papel de la mujer y el hombre sufre un giro drástico. En los mercados laborales urbanos, las mujeres consiguen trabajo con más facilidad que los hombres. Sus habilidades y experiencias son requeridas en estos mercados, mientras que los hombres con su experiencia agrícola tienen más dificultades para conseguir trabajo. Análisis estadísticos que hemos realizado con Margarita Gáfaro y Valentina Calderón encuentran que las mujeres desplazadas se emplean con más facilidad que sus cónyuges y en paralelo el desempleo de los hombres aumentan. Por ende, las mujeres desplazadas, que antes estaban dedicadas a labores del hogar en las áreas rurales y no generaban ingresos, ahora son las principales generadoras de ingresos del hogar.

 

A simple vista solo debería conducir a un mayor poder en el hogar. Si las mujeres aportan más ingresos al hogar su participación en las decisiones cotidianas e importantes de la familia debería ser mayor. Esto no sucede, sin embargo. El poder de negociación permanece intacto en el mejor de los casos o se deteriora notablemente en el peor: los hombres siguen teniendo la última palabra respecto de las decisiones de la familia. Y la violencia doméstica aumenta considerablemente. Por ejemplo, los índices de violencia severa en las mujeres rurales, comparables a las desplazadas antes de migrar, es un 9.6% y para las mujeres desplazadas es un 16.2%.

 

Es difícil entender por qué estos cambios deterioran aún más las condiciones de la mujer. Aventuro sin embargo dos posibles hipótesis. Por un lado, la violencia vivida por la familia antes del desplazamiento puede causar estrés post – traumático que puede producir una intensificación de comportamientos agresivos del hombre. Por otro lado, la violencia doméstica puede ser una respuesta a la frustración de los hombres por el desempleo, las mejores condiciones laborales de la mujer y el desafío que esto implica para las rígidas estructuras patriarcales. La violencia se convierte entonces en un mecanismo para incrementar el control sobre la mujer y liberar las frustraciones.

 

Pero las dinámicas del conflicto han redundado en algunos casos en un mayor liderazgo político y comunitario de las mujeres. La muerte de los hombres o la necesidad de hacerse menos visibles a los grupos armados ha permitido que las mujeres ejerzan liderazgos en comunidades rurales, Y algunas mujeres desplazadas se han convertido en lideresas importantes a nivel local o nacional, como lo hemos visto en los casos emblemáticos de Carmen Palencia y Rosa Amelia Hernández, entre otras.

 

Los cambios de roles entre hombres y mujeres que ha forzado el conflicto deberían en el largo plazo conducir a unas mejores condiciones de la mujer. Pero ello requiere derrumbar las rígidas estructuras patriarcales que persisten en nuestra sociedad. Así el dolor que ha causado la guerra se compensaría parcialmente con unas mujeres participando y decidiendo en todas las esferas de la sociedad.

 

Foto: Juan José Horta

 

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