"Tengo edad para ser lo que quiero ser" Ángela Becerra

La escritora nos cuenta por qué a los cuarenta años, tomó la decisión de dejar una carrera llena de éxitos como publicista para dedicarse a escribir novelas.
"Tengo edad para ser lo que quiero ser" Ángela Becerra

Yo he tenido dos vidas. Esta que vivo ahora es la que quiero vivir. La otra la dejé hace 14 años. Esa otra vida la viví para poderme ganar la vida. Hace 20 años estaba separada de mi primer marido y tenía una hija que mantener, así que decidí ser creativa de una importante agencia de publicidad. Gané varios Leones en Cannes por las campañas que hice; tenía tres teléfonos móviles, viajaba como loca, vivía en función de mis clientes. 

Cuando cumplí los cuarenta decidí dejar atrás esa vida. Nadie entendió por qué renunciaba a ser la vicepresidenta de una prestigiosa agencia de publicidad y dejar mi carrera en el mejor momento por irme a escribir poemas. Lo hice porque pensé que a esa edad tenía el derecho a ser lo que quería ser. Al comienzo no entendía el silencio, necesitaba el ruido, el agite, el estrés. Pero después comprendí la libertad de tener la palabra no para vender algo, sino para expresar lo que sentía. 

Al principio fue duro. Lo es para todos los que llegamos con un manuscrito debajo del brazo, siendo unos completos desconocidos. Toqué las puertas de nueve editoriales en España; en ninguna entendieron mi primera novela De los amores negados, era muy latinoamericana. Vine a Colombia y fui a otras tres o cuatro editoriales y me devolví sin muchas esperanzas. Conté con la suerte de que Benjamín Villegas tuvo un resfriado y para pasar los cuatro días en cama, tomó el primer manuscrito que encontró y leyó mi novela. Gracias a él, empecé este camino. 

La maravilla de la madurez –tengo 57 años y lo digo con la boca llena- es que yo no me muevo por lo que los demás piensen de mí; ¿a esta edad qué le queda a uno?, ¡Ser feliz! Y yo lo soy escribiendo. En algunos momentos he sentido discriminación por escribir novelas románticas. Por qué a una novela donde el sentimiento central es el amor la tienen que etiquetar como “novela rosa”, “literatura para mujeres”, la menosprecian como si fuera un género menor. No me aguanto más tener que explicar por qué escribo sobre los sentimientos, si el mundo está hecho de sentimientos.

Muchos críticos no me han perdonado que no venga del purismo, que no hubiera arañado desde pequeña, desde abajo. No me perdonan que venga de la publicidad −si Gabo trabajó en una agencia de publicidad y William Ospina me reemplazó en la agencia−. No perdonan que sea una mujer y que físicamente me vea bien. Pero los años le dan a uno sabiduría, tranquilidad, sensatez, todo es relativo, nada es imposible, ya nada importa. No he tenido nunca problemas con las editoriales, mis obras han sido traducidas a 23 idiomas.

Cuando perfilo un personaje femenino siempre lo hago como una luchadora, comprometida con el cambio, me interesa mostrar injusticias y evidenciar el vuelco que da y se convierte en una triunfadora. La idea de trabajar en el tema de género me lo despertó Memorias de un sinvergüenza de siete suelas, mi último libro, en el que asumí el papel de un narrador hombre que manipula a dos mujeres. El trasfondo de esa novela es hacer una denuncia de la doble moral, del machismo que somete a la mujer. 

Durante la presentación de ese libro en Sevilla, conocí a una fiscal que investiga casos de violencia contra la mujer en España y me contó tantas y tan terribles historias que me surgió la idea de crear una fundación, Mujeres ahora, que sirva para hacer visibles las injusticias que se cometen contra las mujeres en el mundo. 

Quiero hacer un festival artístico simultáneo en Andalucía y en Colombia, para que artistas, hombres y mujeres, aporten desde diversas disciplinas a hacer denuncias, a romper el silencio y no permitir que las mujeres se resignen a aceptar la inequidad. Tal vez el resultado no lo vea yo, pero sí mis nietas y biznietas. Yo quiero reivindicar la feminidad, no se trata de que hombres y mujeres hagamos lo mismo, hay que aprovechar que el 52% de los cerebros del mundo son femeninos.

En mi próxima novela voy a hacer justicia con una mujer que vivió en los años 20 en Medellín, que fue muy importante para las conquistas femeninas, pero que ha sido ninguneada en la historia. 

Hay hombres que me leen, aunque a veces les da vergüenza aceptarlo; otros aceptan su sensibilidad y me dicen que les han gustado mis libros, que han llegado a ellos por sus novias o esposas y que han tomado conciencia de muchos comportamientos que ellos asumen. En eso tenemos una ventaja las mujeres, ya que no nos da pena sentir. 

 

¿Qué ha hecho? 

1. Alma abierta, 2001.

2. De los amores negados, 2004.

3. El penúltimo sueño, 2005.

4. Lo que le falta al tiempo, 2007.

5. Alma abierta y otros poemas, 2008.

6. Amor con A, 2008.

7. Ella, que todo lo tuvo, 2009.

8. Memorias de un sinvergüenza de siete suelas, 2013.

9. Premio Planeta-Casa de América 2009.

10. Premio Azorín de novela 2005.

 

Foto: Juan José Horta.