"Vivo con el padrenuestro en la boca" María del Carmen Hernández

La madre de Claudia López no puede ocultar su preocupación por las diferentes amenazas que su hija ha recibido a lo largo de su carrera.
"Vivo con el padrenuestro en la boca" María del Carmen Hernández

"Es una satisfacción muy grande saberse la mamá de alguien que tiene y defiende ideas e ideales, alguien capaz de buscar conquistas para este país, una mujer luchadora, que propone y busca el bien común. Pero de otro lado está el peligro, la zozobra. Hay personas con ideales negativos que buscan el poder para hacer el mal y para las que Claudia resulta ser una piedra en el zapato. Uno vive con el padrenuestro en la boca por las amenazas que le han hecho. Yo no sabía orar y ahora sí me tocó. Yo soy creyente, pero pasé de ser rezandera a saber orar, sentarme a conversar con Dios para dar las gracias y también pedir protección para mi hija.

 

Sentí mucho terror cuando delincuentes de alta talla, como ese hombre llamado 'Marquitos', amenazaron a mi hija y le pusieron precio a su cabeza; yo sentí que el mundo se derrumbaba. Pero en esos momentos la familia, los amigos, mis compañeros maestros (fui maestra del Distrito durante 40 años), me llamaban a decirme que estaban orando por mi hija: Hemos hecho un caparazón afectivo. Ella me tranquiliza y yo a ella. Yo vivo muy tranquila, confío en Dios y me toca confiar en el Estado.

 

Tenemos una hermosa relación; ella es mi hija mayor y estuvo cercana a mí, porque el papá se fue cuando estaba chiquita. Fue una gran lectora a mi lado y como hice sindicalismo toda la vida, ella me vio y me acompañó a hacer proselitismo, organizar reuniones. Y después compartimos la misma universidad, la Distrital. Yo estaba haciendo mi licenciatura en educación básica primaria y ella biología. Pero a mí me daba vergüenza, porque yo estaba ya mayor y estaba embarazada de mi tercer hijo. 

 

 

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«Muchas veces le he dicho: "hija, bájale el tono", pero ella siempre responde que si lo hace, dejaría de ser ella y la gente no le creería»

 

Un día me dijo que tenía que hacer un escrito sobre la Constitución, lo leí y me pareció bien. Después fui con mis compañeros a la reunión para elegir el representante de la universidad al Movimiento Séptima Papeleta. Fui al auditorio a escuchar a los que se postulaban, de pronto anunciaron a una niña de segundo semestre de biología y sale Claudia… fue admirable ver a mi hija tan pequeñita -tenía 18 años- dando su primer discurso político. Le advertí que la iban a buscar de muchos partidos y le dije que se informara bien y tuviera cuidado, que por ahora no militara con nadie. 

 

Un día me dijo que le gustaban las Juventudes Liberales, pero después me anunció que se quedaba con la Alianza M19. Solo en ese momento le confesé mi militancia en el M19, yo quería que ella eligiera sola. Luego conoció a Peñalosa, fue su maestro en el Externado, y tuvieron muchos inconvenientes. Enrique me contó que ella se la pasaba diciéndole que era un ricachón, un neoliberal. Solo cuando trabajó con él haciendo unas encuestas en Bogotá, lo conoció y vio que era un buen ser humano, muy serio, comprometido con la ciudad y trabajó con él. Yo no la acompañé en esas campañas. Mis votos estuvieron con Antanas Mockus y Lucho Garzón.

 

Algún día, de manera sospechosa, empezó a ir a mi casa muy seguido y me pidió que le hablara de educación, otro día me pidió que analizáramos la situación política. De pronto me confesó que había estado hablando con los del Partido y llegaron a la conclusión de que el tema prioritario era la paz; que se iba a lanzar al Congreso, porque se necesitaba gente que defendiera el proceso de paz. Ella no había querido acceder a cargos de elección popular, pero aceptó. 

 

En campaña tuve que aprender de sistemas y hacer de todo. Yo mandaba correos electrónicos, hacía llamadas, convocaba reuniones, invité a mis compañeros maestros, cuando enviaba correos de mi trabajo, al final les decía: “les participo la candidatura de mi hija Claudia López”. Mucha gente no sabía que era mi hija y sorprendidos, me felicitaban. Muchos de los maestros que no eran de mi corriente política votaron por ella. Yo fui a varias concentraciones políticas en pueblos a los que ella no podía ir, echaba discurso y hasta hacía promesas de campaña. Yo le contaba después. (Risas)

 

El día de las elecciones, la acompañé en la sede, pero solo cuando anunciaron que tenía 40 mil votos, me paré y la felicité: “hija, ya eres senadora”. Pero otra vez, sentí vergüenza. Esta vez porque Antonio Navarro, un ser al que quiero mucho, resultó superado en votos por Claudia. 

 

Yo sé que hay gente que la sigue y otra que está en su contra. Muchas veces le he dicho: “hija, bájale el tono”, pero ella siempre responde que si lo hace, dejaría de ser ella y la gente no le creería. Así es Claudia”. 

 

 

Fotos: Juan José Horta.

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