"Yo fui ascendiendo en la medida que el General ascendía" Eva de Palomino

Esposa del Director Nacional de la Policía. Profesión: está a punto de graduarse como abogada.

"Yo fui ascendiendo en la medida que el General Ascendía" Eva de Palomino

Ser la esposa del general Palomino no significa ningún sacrificio. Cuando te gusta lo que haces, se convierte en un aporte para el hogar, porque el trabajo de él le absorbe 24 horas. Uno se va acostumbrando a que no esté el día del nacimiento de los hijos o el día que dicen su primera palabra, el día de la primera comunión o cuando presentan la primera novia. Para mí no fue una carga asumir mayores responsabilidades con la crianza de los hijos –¡y tuve tres varones! –;  cuando estaban chiquitos, el papá estaba en los momentos más duros de su carrera, así que yo tuve que imponer autoridad, les exigí mucho, mientras él fue un poco más ‘compinchero’. 

La vida no cambió mucho con sus ascensos, finalmente uno es un acompañante, un respaldo en decisiones difíciles y aunque lo económico va mejorando, uno no tiene por qué cambiar, además había que pagar tres universidades. No he sido mujer de usar carteras de marca, he aprendido a ser feliz con poco, no es necesario acumular. Hemos sido privilegiados porque tuvimos casas fiscales y no tuve necesidad de escoltas o esquemas fuertes de seguridad. 

Ahora tengo una enfermera conmigo hasta que supere del todo el cáncer de seno que me detectaron en 2013 (me queda pendiente cambiar una prótesis) y tengo una persona que me ayuda a organizar el día a día, las citas. Mi labor social me ayudó a salir de la enfermedad, superé las crisis de las quimioterapias rojas, porque sabía que tenía que cumplir mis obligaciones, sabía que siempre había alguien que dependía de mí. Nunca me puse pelucas ni gorros, yo lo asumí como parte de mi enfermedad. Me dije “esta soy yo, este es mi nuevo cuerpo, esta es mi nueva vida”. Fue un proceso de transformación para ser mejor persona.

Yo me casé con el general cuando era teniente; yo tenía 22 años y él 26; y me vinculé a las labores sociales en la Policía. Es un legado de mi madre, una mujer muy solidaria que nos enseñó el valor de ayudar a los demás. Hoy presido Obras Sociales en una empresa privada sin ánimo de lucro, de la que hacen parte las esposas de oficiales en actividad y retirados. Jurídicamente nació hace 30 años y yo estoy desde el comienzo. 

Empecé como voluntaria en Cartagena, repartiendo regalos a los niños en Navidad; hice mi carrera desde abajo; fui presidenta de seccional en Sucre, Caldas, Bogotá; yo ascendía a medida que ascendía el general, y así mismo aumentaba la responsabilidad.

Hoy tenemos diferentes programas: bienestar, salud y educación, y para cada uno tenemos actividades diferentes. Por ejemplo, ahora estoy concentrada en el torneo de golf de este mes, en el que reunimos dinero para becar a niños con síndromes adquiridos o hereditarios, hijos o huérfanos de uniformados, civiles y pensionados. También asistimos a familias en dificultades económicas, afectadas, por ejemplo, por tragedias naturales, damos auxilios funerarios.

Estamos hablando de una población muy grande: Colombia tiene 186 mil policías que hay que multiplicar por tres, más o menos. Y nosotros llegamos a todos, auxiliares, patrulleros, intendentes, subintendentes y oficiales. Estamos en todo el país, ya que la esposa del comandante de cada departamento es la presidenta de la seccional de Obras Sociales, y las esposas de los oficiales en cada región son las voluntarias. Ellas atienden las solicitudes y todo se centraliza en Bogotá. Todos los martes tenemos junta y analizamos las necesidades de las 22 seccionales y aprobamos las ayudas según el estudio de cada caso. 

Yo atiendo personas todos los días en la oficina. A veces recibo señoras que más que pedir ayuda, necesitan que las escuchen. Me cuentan que sus maridos tienen otra o que las maltratan o que no les pasan dinero para los hijos. Uno aprende a ser sicóloga, abogada, doctora corazón. 

Me atormenta mucho cuando veo en las noticias que hay policías que no cumplen con su deber, que deben ser retirados por corrupción y las familias quedan aguantado hambre porque las esposas no trabajan. Es una tragedia, pero la institución es el reflejo de la sociedad; hay que ser más exigentes en las vinculaciones.

En junio me voy a graduar, a mis 54 años, como abogada. Decidí demostrarles a mis hijos que cuando uno comienza algo debe terminarlo. Yo inicié mi carrera pero la abandoné para estar con ellos. Es una gran satisfacción alcanzar un logro aplazado mucho tiempo, porque me entregué al esposo, a los hijos, y las obras sociales. Y mientras aprendo a tocar a piano –otro deseo aplazado desde que me regalaron uno como a los seis años– espero que lleguen los nietos.

 

¿Qué ha hecho? 

1.  Hoy preside Obras Sociales, empresa privada sin ánimo de lucro que presta ayuda a 186.000 policías y sus familias.

2.  Participó en la creación de esa entidad hace treinta años. 

3.  Con sus programas tiene 3.200 niños apadrinados.

 

Foto: Juan José Horta.

 

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