Andrea y Goyo por el rescate de la fuerza femenina para superar la guerra

De Condoto a Bogotá, del rap al rock, estas dos mujeres hablan sobre su papel como artistas en la búsqueda del poder femenino.

Andrea y Goyo por el rescate de la fuerza femenina para superar la guerra

 

Ya se conocían. Andrea y Goyo habían grabado juntas una canción titulada 28 del álbum Río de Aterciopelados en 2008, que habla de la transformación del cuerpo femenino al momento de quedar en embarazo, pero no se veían hacía mucho. El saludo fue efusivo. Andrea, con ese su mercé cercano que arrulla y Goyo, con su acento chocoano tan cantao. Se abrazaron y empezaron a hablar de todo un poco, como hacemos las mujeres que pretendemos abarcar todos los temas sin agotar ninguno, tal vez con la esperanza de dejar cuaderno para adelantar después. Los hijos, ese gran tema que nos sintoniza en cualquier momento, fue el primero. Andrea contó que su Milagros ya es una preadolescente de 12 años y que Jacinto casi llega a los seis. Goyo habló de Saba, de sus dos añitos y del sencillo Cuando te veo, que acaba de llegar al primer lugar en las listas y que compusieron con Tostao en honor a su pequeñita.

 

 

La invitación era para hablar de las mujeres y la paz pero arrancaron recordando que se habían conocido en casa de Andrea cuando Goyo audicionaba para ingresar a Sidestepper y ese tema las llevó a hablar de la canción que grabaron juntas y de la responsabilidad que tienen como artistas y como mujeres en la construcción de la paz.

 

“No solo son las canciones con letras antibélicas, sino las que muestren otra perspectiva de la mujer -dice Andrea-  porque a mí esas de romance que refuerzan ese teatro, con el príncipe azul, creo que solo sirven para tenernos ahí controladitas. En cambio cuando te das cuenta de que este cuerpo hermoso es para dar vida y no para andar meneándolo, es otra forma de aportar”.

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La responsabilidad
Andrea: Nuestra responsabilidad está en crear imágenes, sensibilidades, es que la música tiene una fuerza increíble. Uno debe hacer canciones para un mundo mejor, letras que critiquen lo que nos afecta. Contagiar buena energía.


 

Goyo se ríe con esa carcajada limpia que ilumina. “De donde yo vengo nos meneamos. En Chocó nos enseñan a bailar desde que nacemos, eso va en la sangre, pero depende cómo se haga y para qué. Ahí está la responsabilidad que tenemos como artistas. Yo creo que ese aporte debe ser fiel con uno mismo. Yo quiero que cuando Saba esté más grande escuche una canción como Somos Pacífico y no se avergüence de la mamá porque hablaba de culos y tetas”.

 

El contrapunteo se evidenciaba interesante. Goyo siguió explicando que no se ha querido limitar en su trabajo creativo y que las letras de sus canciones obedecen a esa libertad que soñó desde que era niña. “ChocQuibTown no hace solo canciones de corte social; somos seres humanos, somos jóvenes y nos gusta hablar del amor, el motor del diario vivir, y hacer canciones para que la gente vaya a rumbear, así es nuestro pueblo”.

 

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La responsabilidad
Goyo: Mi compromiso es hacer bien mi música, porque cuando salgo del país no soy Goyo del Chocó sino Goyo de Colombia. Mi sello es hacer las letras con cariño, con el sabor y la picardía de siempre. Creo que hay que ser consecuente, lo que se dice coherente con lo que se hace. Y ya tengo una parte de una canción que habla de la paz. En la medida en que pueda y llegue la inspiración escribiré sobre mujeres, pero no queremos sesgarnos, el arte se trata de ser libre, de escribir lo que me inspira.


 

Ahí entra Andrea para hablar de sus devaneos con lo que llama “artivismo”. “Yo ensayé y me di cuenta de que era música y mamá y con eso era suficiente. Desde hace rato utilizo canciones como oportunidad para decir cosas, para contribuir a una causa”.

 

Pero no siempre fue así. Andrea, muy bogotana, hija de papi y mami, como ella misma se califica, estudió Bellas Artes en la Universidad de Los Andes y luego se juntó con Héctor, un punkero del barrio Restrepo, muy al sur de la ciudad, para empezar sus búsquedas musicales por los senderos de La Pestilencia. Sería un encuentro con Mercedes Sosa, a finales de los años 90 en Panamá, el que le cambiaría su perspectiva como compositora. 

 

“Fui consciente de la potencia y el peso que te da el tener un tema, un concepto, que la música tenga un sentido más profundo, que vaya más allá del ritmo y el goce. Llegué con la idea de escribir canciones con más profundidad”. 

 

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El estilo
Andrea: “Desde que uno se sube a un escenario, transmite algo. Yo quiero comunicar belleza sin permitir que la feminidad sea abusada. Para mí la ropa, los símbolos, los colores, todos son un mensaje de autenticidad, de libertad y optimismo. Son casi un ritual. Por eso tengo varias canciones con contenido antimachista, en contra de la sexualización de la vida y de la mujer, como Cosita seria, Estuche, Oye mujer, Que me parta un rayo. Las mujeres hoy sufrimos del síndrome de Barbie y qué bobada si tengo piernas para caminar, brazos para abrazar y boca para cantar, ¡qué más importa!


 

Esta mujer, cercana a los 50 años, creció en un hogar con lujos en el que varios familiares cantaban. Recuerda con fastidio la campanita que había en su casa para llamar a los empleados del servicio. Ese ha sido el símbolo de la desigualdad que la marcaría por siempre. “Es que la mayor parte de los problemas del país pasan porque unos pocos tienen todo y la gran minoría tienen casi nada”, dice indignada.

 

Y empieza a hacer un recorrido por las canciones que ha escrito para protestar, para indignar, para dejar un mensaje, para contribuir: Quemarropa, La Pipa de la paz, Luto, Ataque de risa, Mamitas positivas (para un documental sobre falsos positivos), Errante Diamante (para un evento sobre desplazamiento forzado), Canción protesta (la adoptó Amnistía Internacional).

 

 

En medio de la reflexión, Andrea retoma el comentario de Goyo sobre las canciones que hablan de ‘tetas y culos’. “Claro, es que hay que reflexionar sobre el lugar donde esta cultura ha puesto a la mujer. Hay muchos avances, mujeres que son líderes, las que son cabeza de familia, las que han llegado al poder; pero por otro lado, yo veo un retroceso enorme”.

 

Goyo, 32 años, nacida en Condoto, un pueblo chocoano del que recuerda el río cristalino en el que se bañaba cuando el agua no llegaba a las casas, aprovecha para hablar de las mujeres que la inspiraron en su niñez y las razones por las que ella quiere ser ejemplo y referente para otras mujeres. 

 

“Cuando yo estaba creciendo, el ejemplo a seguir eran las mujeres: mi mamá que trabajaba en brigadas médicas por los pueblos y llegaba por las noches a Condoto a cantar en los cumpleaños de alguien; mi abuela que ‘barequeaba’ en el río en unas condiciones muy difíciles; las cantaoras que nos inspiraban; las mujeres que me vestían para las comparsas… ¡Y Andrea! Es que cuando la vi por primera vez cantando Florecita roquera, yo dije, quiero hacer música”.

 

Dice Goyo que Andrea le inspiraba un deseo incontrolable de libertad y rebeldía. Quería romper, como ella, esos esquemas en los que las mujeres están limitadas porque la sociedad las juzga y las domina. Pero ella se alimentó de otras fuentes. Su paso por Quibdó y de ahí a Buenaventura y a Cali, convirtió cada ciudad en una estación en la que descubría, aprendía y recogía para ser lo que es hoy. En medio de ese aprendizaje nació una canción como Somos Pacífico.

 

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El estilo
Goyo: Yo me expreso con mi ropa, con lo que uso. Me gusta mucho el 'fashionismo' y desde que estaba pequeña me gustaba observar. En Buenaventura conocí el rap, la música urbana, y descubrí que la gente joven lleva el cabello y la ropa de una manera particular, influenciada por la cultura afro de Estados Unidos, y cuando hablan usan palabras que vienen del inglés. Ese lenguaje me llamó la atención y me ayudó a reforzar la música del Pacífico, el currulao, otros ritmos.


 

“En Buenaventura se reían de cómo hablaba yo y eso que estábamos en el Pacífico; en Cali tampoco nos reconocían”. El recorrido de Goyo la llevó a reivindicar otras ideas. Crecer en medio de una lucha desigual que destruye la naturaleza para poder sobrevivir, la trajo de regreso a su pueblo a grabar el video de Oro, una canción que le da nombre a un álbum y en que habla de la minería ilegal. “Ya no me puedo bañar en el río, Saba no puede meterse, y todo por la contaminación con mercurio”, se queja triste.

 

 

Pero aclara que no todas sus canciones se dedican a estos temas. “Hasta el techo habla del amor más grande que tenemos, el de los hijos. La hicimos para Valentina, la hija de Slow, que es hija de los tres, porque la mamá se fue”.

 

Y de eso sí que puede hablar Andrea, que ha escrito varias canciones y dedicó un álbum a su experiencia de ser madre. “¡Es que estas tetas planas crecieron para mis hijos y daban leche, es hermoso!”, dice extasiada, casi incrédula. Ese es su aporte para construir otra imagen de la mujer, diferente a la que persigue el cuerpo perfecto y se llena de cirugías y se esclaviza en un gimnasio para agradarles a los hombres que la ven como un objeto de deseo.  

 

“Cómo hablar de paz, si no estamos en paz con nosotras mismas. El comercio no quiere que estés contenta contigo misma, te bombardea y te presiona para que compres. Paz es reconocer tu cuerpo, cuidarlo sin ir al extremo al que también han llegado los hombres de perseguir una perfección que no existe”, dice exaltada.

 

Goyo se va por otro lado. Ella cree que el acuerdo de paz que se está buscando es atractivo y lo ve como una forma de ponernos de acuerdo y de firmar un contrato, como se hacía antes, cuando la palabra empeñada tenía un valor y la gente cumplía lo que prometía. 

 

“Los cambios empiezan con el hecho de hacer las cosas bien, de cumplir con la palabra, no pasar por encima de nadie, hacerse respetar y respetar los derechos de los otros. Si los colombianos nos pusiéramos de acuerdo para vivir de forma correcta, ese tratado podría ser buen inicio para resolver los conflictos”, dice con una simpleza que abruma.

 

Y trae a colación la fuerza femenina. Otra vez, el argumento es sencillo: las mujeres abordamos de manera distinta la vida, conversamos más, nos preocupamos más por conocer a los otros, tenemos más disposición para ponernos en los zapatos del otro, para entregarnos.

 

Andrea entra a terciar. Recuerda su canción El fusil y la corbata que simboliza la energía masculina que nos ha regido durante siglos, a través de la violencia y la competitividad. “Uno se imagina un mundo con más energía femenina, más color, más flores, más música, más niños, puede que suene tonto pero no lo es. Las mujeres escuchamos más, comprendemos más, no importa si son mamás, somos más dadas a alimentar, a sanar”. 

 

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FOTOS: WWW.JUANARELLANO.COM
ASISTENTE: DARÍO CIFUENTES
MAQUILLAJE: ÁNGELA PALACIO

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Gloria Castrillón

Vida Social

Andrea y Goyo por el rescate de la fuerza femenina para superar la guerra

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