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hace 41 mins

"Creo en Juan Manuel Santos, en Dios y en la Virgen", 'Tutina' de Santos

María Clemencia de Santos, la mujer detrás del presidente de Colombia, quien fue galardonado hoy con el premio Nobel de la Paz.

Esta mañana, María Clemencia de Santos pasó de ser la Primera Dama del país, a la esposa del primer Nobel de la Paz, de Colombia. Ella ha creído más que nadie en el compromiso que el primer mandatario ha adquirido con la paz del país, y hoy, de la misma forma en la que ha acompañado a su esposo los últimos 32 años de su vida, posó orgullosa junto él, vestida de blanco, mientras este expresaba su agradecimiento por el reconocimiento y lo dedicaba a las víctimas del conflicto. 

 

Hace un año, fuimos hasta el Palacio de Nariño, para escuharla hablar de su vida dentro y fuera del protocolo:

 

A esta mujer que convive con el poder, su tiempo de Primera Dama se le prolongó con la reelección de su marido, el presidente Juan Manuel Santos.

 

No sé con qué cara quedarme de mi entrevistada, si con la formal que vislumbro a través de su equipo de avanzada, antes de que ella llegue a la cita; o la informal de la mujer que, simplemente llega y se adapta sin mucha pompa ni prosopopeya.

 

La primera versión es de alguien exigente y temperamental. Y quien me da las primeras pistas es una asistente muy nerviosa por tener todo listo antes de que llegue la Primera Dama. Se esmera por dejarme claro que a su jefe no le gusta que la pongan a posar, que toda la sesión fotográfica es con la pinta que traiga, nada de cambios; que le cuesta saber qué hacer con las manos cuando está frente a la cámara, que no quiere fotos en el Salón de los Gobelinos y tampoco quiere verse como en una pasarela.

 

La otra versión es la que presencio en vivo y en directo, no con María Clemencia de Santos sino con “Tutina”, a secas, que llega muy sobria de pantalón negro y blusa blanca, comiendo unos dulcesitos de anís, con ganas de ser espontánea, a pesar de su comitiva de miradas que la rodea todo el tiempo con  ganas de meter la cucharada.

 

 


ENTRE TULIPANES

Una costumbre de ama de casa que se resista a perder, por eso de los protocolos…
Hacer mercado.

 

¿Verdad que hace mercado en Paloquemao?
Hago mercado en Paloquemao. Queda cerquita al Palacio, venden flores y son baratísimas.

 

¿Qué flores le gustan?
Tengo varias, me gustan las rosas, las hortensias y los tulipanes que ahora están por todas partes. Las flores alegran la vida.

 

Descríbame su ida a Paloquemao.
Nada, salgo a empujar mi carrito. La gente de la seguridad que está con nosotros, es gente que ha entendido que son parte de la familia y que no nos gusta perturbar a los demás. Entonces son discretos, prudentes, no nos atravesamos, no trancamos el tráfico, no le echamos el carro a nadie encima y tratamos de vivir la vida más normal.

 

Y esa entrada por salida a Paloquemado ¿cuánto dura?
Depende de las necesidades porque no solamente es Paloquemado, es el Éxito, es Carulla, es por donde esté pasando, es Colsubsidio en Anapoima.

 

¿Qué pensó cuando supo que la vida en esta casa se alargaba cuatro años más?
Fue simplemente un diálogo en familia y nos pusimos la camiseta porque mis hijos, Juan Manuel y yo queremos un país en paz. Por eso nos comprometimos a acompañar a su papá, a resistir estos cuatro años más, porque esto es una batalla de resistencia, pero aquí estamos.

 


EL MITO DE LA SOLEDAD

¿Cómo es vivir dentro de esta casa?
Más fácil de lo que me imaginé o, digámoslo de otra forma, menos difícil de lo que me lo habían pintado. La verdad es que vivimos de forma tranquila en un espacio amable. Se alargó, se alargó, pero entendimos que es el espacio que tenemos para vivir por un tiempo.

 

¿Qué le habían pintado de la casa que no resultó tan cierto?
Muchas cosas. Aquí hay muchos mitos, que por ejemplo la soledad los fines de semana es infinita, y la verdad no, aprendimos a entender que el fin de semana es un momento de silencio, porque es callado, tranquilo, pero no nos agrede esa soledad del domingo.

 

Su lugar favorito de la casa…
¿De la casa privada o del Palacio?

 

De la casa privada…
Indudablemente nuestro cuarto es el sitio de reunión de la familia.

 

¿Y del Palacio?
Aquí donde estamos. Esta es la oficina de María Clemencia Rodríguez Múnera, que lo llamamos el ‘salón de crisis’. Aquí pasa todo, lo bueno, lo malo y lo regular. En este espacio que usted está viendo de tres metros por cuatro, aquí sucede de todo.

 

Al lado de la cocina…
Al lado de la cocina, por supuesto.

 

¿Usted pone reglas en la casa?
Cualquier familia tiene unas normas y en mi casa hay normas y se cumplen.

 

Dígame una.
Hablando de banalidades, no tener el celular en la mesa mientras estamos comiendo.

 

¿Incluso al presidente?
Es que él es poco amigo de los celulares.

 

¿A quién obedecen más sus hijos?
No es de obedecer, porque no es de dar órdenes. Seguramente yo soy más estricta que Juan Manuel. Las mismas circunstancias de la vida hicieron que eso fuera así, pues Juan Manuel como servidor público ha estado permanentemente en otras actividades. Entonces, me delegó, yo asumí las riendas de ser papá y mamá en muchas circunstancias de la vida y terminé siendo la que mandaba más y daba más órdenes.

 

 

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Los hijos, frente a este entorno de su papá presidente, ¿Cambian algo?
Ellos mismos lo han dicho, que antes de llegar acá ya les había tocado entender su rol como hijos de un servidor público (su papá había sido ministro tres veces), de estar expuestos a la crítica, al juicio. Para ellos termina siendo un triunfo, porque eso era lo que ellos oían desde chiquitos que su papá quería ser. En estos cuatro años y medio de gobierno, han acompañado a su papá, han sufrido, han hecho fuerza, han disfrutado también de las cosas buenas que pasan. A veces pienso que para ellos ha sido difícil manejar circunstancias y los admiro profundamente porque se han comportado a la altura. Seguramente les ha costado trabajo, porque uno tiene que entender que….

 

... Juventud y mesura no van de la mano.
Por eso, que humanamente están en una edad donde uno es peleón, conflictivo, rebelde, pero mis hijos han sabido comportarse.
La frase que siempre les repite a sus hijos. Yo les repito mucho que los quiero. Les digo que los quiero y les escribo, porque cuando uno valida el amor resiste muchas cosas.

 

La vi en la misa por la muerte del papá del general Oscar Naranjo, ¿El tema de la muerte la desvela?
Sí.

 

Le preocupa…
Yo creo que lo normal, me da miedo. Pero más que la mía, me da más miedo la muerte de las personas que quiero.

 

Claro, los hijos…
Por supuesto, y mis papás.

 

¿En quién cree?
Creo en Juan Manuel Santos, en Dios y en la Virgen...

 

...¿En la milagrosa de París?
Sí.

 

¿Y en el Señor de los Milagros de San Pedro, Antioquia?
Es que mi mamá es de San Pedro, Antioquia, y desde chiquita nos inculcaron al Señor de los Milagros de San Pedro.

 

¿Qué recuerdo tiene del Señor de los Milagros de San Pedro?
Que mi mamá lo lleva siempre colgado en su pecho. Es una cruz.

 

¿Carga algo que hable de su devoción?
Claro (Alza su mano derecha y levanta de su cuello una cadenita). Mi medalla de la Milagrosa, la tengo siempre conmigo.

 

¿La de París?
Sí, la de París. Pero aquí también hay una Milagrosa, cerca, aquí en Paloquemao.

 

¿Y están conectadas?
Claro, es una réplica de la misma iglesia que hay en la Rue du Bac, en Francia.

 

¿Y la visita de vez en cuando?
De vez en cuando. Martes a las 6 de la tarde.

 

¿Y de cuánto tiempo son esas citas espirituales?
Yo creo que las citas no tienen que ser tan largas, sino concretas y puntuales.

 

¿Va a pedir?
A veces a pedir y la gran mayoría de veces a dar gracias.

 

¿Le pide a Dios por la paz?
Le pido todos los días.

 

¿Cree en el milagro de la paz en Colombia?
Por supuesto, por esta razón estoy acá (Mira el cielo raso de la pequeña oficina donde hablamos). Si no, no me la hubiera jugado.

 

¿No?
No.
 

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“No soy la primera de nada”

 

¿Verdad que no le gusta que la llamen Primera Dama?
Me aterra, porque sencillamente la vida me dio la oportunidad de estar en esto y no soy la primera de nada. Yo creo que aquí hay muchas mujeres y muchos hombres que trabajan por el país y no son primeros de nada.

 

¿Es difícil desacostumbrar a todo el mundo a que le digan Primera Dama o no?
Hay mucha gente que lo usa y también mucha que ha aprendido a no usarlo, a llamarme por mi apodo, que entre otras, me gusta mucho, y me siento cómoda cuando me dicen “Tutina” o María Clemencia. Primera Dama me parece que marca una distancia con la gente y yo no la quiero marcar.

 

Primera Dama es frío.
Sí, muy frío y distante.

 

¿Y “Tutina” es todo lo contrario?
Pero por supuesto.

 

¿De dónde viene el apodo de “Tutina”?
En mi casa somos ocho hijos y todos tenemos apodos. Tengo cinco hermanas y dos hermanos.

 

¿Y por qué le decían “Tutina”?
La verdad hemos tratado de resolver la historia muchas veces y no lo hemos logrado… Mi mamá, entre tantos hijos, no se acuerda de dónde salieron los apodos de cada uno, pero supongo que tiene su historia que no hemos descubierto.

 

¿Cuál era su juego favorito cuando pequeña?
En mi casa jugábamos al doctor, saltábamos lazo, teníamos un jardín donde teníamos casa de muñecas y jugábamos a las muñecas, servíamos té, podíamos subirnos a un árbol.

 

¿Y cuál era el juego que dominaba “Tutina”?
Nosotros jugábamos al papá y a la mamá. Y yo si creo que tuve vocación de mamá desde muy chiquita.

 

¿De niña qué quería ser?
Yo de niña quería ser veterinaria, me gustaban los animales y quería cuidarlos. Hoy me siguen gustando.

 

¿Y tenía alguna mascota?
Toda la vida tuve perros. Primero, la chow chow negra, después una french poodle que se llamaba Yina, después muchos otros… siempre ha habido perros.

 

Una postal imborrable de su infancia, ¿en dónde, haciendo qué y en compañía de quién?
Jugando al doctor en mi casa, en la 93 con 15, en el Chicó, en un espacio que se llamaba El Salón, con todos mis hermanos, eso es imborrable.

 

¿Y qué tal las vacaciones?
¡Súper! Mi papá es de Charalá, Santander, y mi mamá de San Pedro, Antioquia. Siempre estuvimos en estos dos sitios en vacaciones. En San Pedro con mucha familia, con los primos y los tíos. En Charalá más solos, pero lo alternábamos.

 

¿Qué hacían?
Nos tirábamos por las montañas en los cueros de las vacas y jugábamos en el columpio volador…

 

¿El columpio volador?
Una pita que se cuelga a un árbol y uno sencillamente vuela y vuela.

 

¿Qué es lo que más se aprende viviendo con siete hermanos?
A compartir, la felicidad, el amor, la generosidad.

 

¿Y a pelear?
A todo. Claro que mi papá y mi mamá en eso pudieron vivir tranquilos porque nosotros no éramos tan peleadores. Es que éramos muchos, entonces aprendimos a compartir desde muy chiquitos. Nos llevamos muy poquitos años, así que éramos muy seguidos. Casi año de por medio.

 

¿Una locura de su juventud que hoy le cause risa, pero que en su momento le sacó canas a sus papás?
Yo creo que no les saqué canas a mis papás. Hay que preguntarles a ellos.

 

 

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***

 

Le hago caso y le pregunto a Mauricio Rodríguez si “Tutina” no le sacó canas a sus papás. Efectivamente, confirma que no, aunque hubo una excepción, cuando por estar al volante a los 15 años, aprendiendo de su hermano a manejar el carro de la familia, un Chevrolet color bronce,  terminó estrellándose contra el árbol del ante jardín de la casa. “Íbamos despacio –concluye Mauricio– pero de todos modos el arreglo debió haber costado bastantico”.

 

***
 

Una arquitecta frustrada

 

¿Qué se le grabó más en la memoria, su vida en el Colegio San Patricio o su paso por el CEART (Centro de Estudios Artísticos y Técnicos)?
El paso por el colegio fue definitivo en mi vida, con Emma Gaviria, una mujer absolutamente demócrata. En el San Patricio aprendí a complementar los valores de mi casa.

 

¿En el colegio era indisciplinada o la más nerda?
De las nerdas, con seguridad. Dentro de las juiciosas del curso.

 

Una enseñanza del colegio que no olvide.
Emma fue una mujer que nos inculcó siempre el compartir y ayudar a los demás. En el colegio había comités para todo y nos permitían expresarnos libremente, había periódico y yo creo que esa es una de las grandes cualidades de ese colegio en su momento, hoy no sé cómo está, pero fuimos educadas en un servicio social y con una marcada democracia.

 

¿Cuál fue su motivación para decidirse por su carrera de diseño gráfico?
Quería ser diseñadora porque me gustan las cosas manuales, por eso lo hice. Pero la carrera de diseño gráfico la apliqué muy poquito. Solamente en mi primer trabajo, que fue muy corto, en la Caja Social en el departamento de diseño. Después lo abandoné.

 

¿Qué se imaginaba haciendo?
Yo creo que en el fondo soy una arquitecta frustrada. Tal vez era el paso anterior a seguir la  arquitectura y por eso me fui por el diseño.

 

¿Hoy como diseñadora, qué le llama la atención?
Es una parte de mi vida que quedó atrás.

 

¿Se apagó?
Sencillamente, off. Lo estudié por el tema de la facilidad manual y luego con las fiestas de mis hijos, la cuestión de hacer las tarjetas, hacer las sorpresas, pero como diseñadora yo creo que eso quedó a un lado.

 

Si pudiera volver a empezar, ¿qué elegiría estudiar?
Elegiría arquitectura o psicología.

 

¿Cuáles son los temas que la motivan, que copan su agenda?
Los niños.

 

 

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Su hermano Mauricio me dice que usted es muy mamá gallina.
Totalmente mamá gallina. Pero no me refiero a mis hijos porque ya están en una etapa de la vida donde uno los tiene que soltar, ya ellos tienen esos cimientos que les enseñamos. Me preocupan son los niños del país y por eso estamos trabajando por ellos. No hay nada más gratificante que ver la sonrisa de un niño.

 

Falta mucho para que no haya niños tristes en Colombia.
Hay muchos frentes que son difíciles y tenemos que enfrentar. Desnutrición, desde el embarazo de la madre. Es que nosotros estamos en el programa De Cero a Siempre, iniciamos desde que la madre está embarazada, porque el cerebro de ese bebé se está desarrollando y necesitamos que lo haga en las mismas condiciones que la de un niño que tiene todas las posibilidades de crecer sano. A eso le estamos apostando. Nosotros pretendemos que esas madres se nutran para que nutran a la vez los cerebros de esos bebés que están creciendo.

 

¿Qué es lo que más le fatiga de sus  correrías de Primera Dama?
Me da mucho dolor de cabeza montarme en los aviones. Eso me fatiga. Pero de resto, yo creo que tengo buena resistencia física.

 

Herencia de su papá santandereano.
Ciento por ciento. ¡Muy rígido! ¡Muy estricto! Seguramente en otro momento de mi vida decía qué necedad la de mi papá, tan bravo, tan exigente, pero ahora estoy convencida de que la disciplina forma.



“Me parezco más a mi mamá”

 

Una cantaleta de su papá, don Jorge Enrique Rodríguez.
¡Uy no! De mi papá muchas cosas. Que uno debe ser puntual en la vida y que los compromisos hay que cumplirlos. En mi casa hubo amor incondicional con disciplina muy estricta.

 

Una pelea con su mamá, doña Cecilia Múnera.
No. Con mi mamá no se peleaba mucho y con mi papá, pues, es que su forma de ser era estricta.

 

¿A quién se parece usted más?
Yo creo que me parezco más a mi mamá... (Hace una pausa y sus ojos se llena de lágrimas que quieren decir algo que no pueden decir las palabras)  Es una mujer... no porque yo me parezca a ella... maravillosa. Muy sensible, mucho más amorosa que estricta. La disciplina la aprendimos de mi papá  y mi mamá mezcló esa disciplina con amor.

 

El amortiguador…
Claro, era la mezcla perfecta. Mi papá, un hombre fuerte, recio, como buen santandereano. Y mi mamá, amorosa, consentidora.

 

¡Y termina uno siendo una copia de los papás!
No una copia, pero sí la mezcla ideal, para que uno como ser humano aprenda a absorber lo bueno del papá  y lo bueno de la mamá, y que como ser humano uno decante qué es lo que quiere ser en la vida.

 

Hablemos del matrimonio. ¿Casarse fue siempre su sueño?
Sí, fue mi sueño casarme, tener hijos y ahora sueño con mis nietos y quiero que mis hijos se casen.

 

¿Más Susanita que Mafalda?
¡Susanita total! ¡Mafalda no! ¡Susanita!

 

¿Siempre soñó con vestido blanco y la iglesia?
Por supuesto que sí.

 

¿Cuál fue ese click que la enamoró de su esposo?
Los ojitos. Juan Manuel tiene una mirada… De verdad, desde que lo conocí los ojos me llegaban al alma, tiene los ojitos crespos.

 

Y cuando al amor le entra el huracán del poder...
Este momento de la vida al que llegué fue un momento que yo ayudé a construir. Siempre estuve a su lado y he estado a su lado y sí, hay cosas que cuestan trabajo del poder, pero también tuve claro desde el principio que mi vida era estar a su lado y que si yo era necesaria para ayudarle a construir, ahí iba a estar, y aquí estoy.



“Quisiera decir más cosas”

 

 

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¿Qué les dice a los que la ven seria y distante?
Que soy seria pero no distante, soy tímida. Lo que pasa es que en mi forma de ser no busco adeptos, ni quien me aplauda lo que yo hago, y por eso vivo tranquila. Puedo hacer y decir lo que quiero.

 

Frente a esa crítica continua ¿hay que pensarlo todo dos veces antes de decir las cosas?
Sí y no. A veces la espontaneidad es muy valiosa, pero también a veces hay que calcular y medir lo que se dice. Se habla menos en  muchas circunstancias y uno quisiera decir más cosas. Ya llegará el momento donde uno pueda decir las cosas.

 

Si “Tutina” está muy seria, que ¿por qué tan seria? Y si aparece muy risueña, que ¿por qué tan risueña? ¿Cómo hace?
Cuando uno está en estas cosas a veces no entiende por qué. Esta experiencia, además, nos ha hecho a Juan Manuel, a mis hijos y a mí ponernos en los zapatos de mucha gente y de muchos espacios que de pronto no habíamos vivido. Y sí, aquí nada es suficiente, nada está bien hecho, nada está hecho de la mejor forma. Somos un país complicado y a veces poco justo.

 

¿Eso la cohíbe?
No, yo no creo. Aquí hemos sido auténticos y muchas veces por serlo se reciben más críticas o menos críticas. Cada uno está cumpliendo su rol, porque estamos convencidos de lo que estamos haciendo. Cuando Juan Manuel nos dijo que iba a buscar la reelección, mis hijos y yo entendimos que su decisión había sido con la cabeza, no con el corazón,  porque de otra forma nos hubiéramos ido. Estamos entendiendo que el rol es porque queremos la paz, porque estamos convencidos de que es lo mejor para Colombia.

 

¿Y cómo habría sido una decisión con el corazón?
Si hubiera oído más a su corazón que a su cabeza, con seguridad nos hubiéramos ido porque él nos lo dijo ese día: “si yo le pongo a esto corazón, recuerdo que los he visto sufrir, los he visto estar estresados, preocupados y esto ha sido duro”. Pero él pensó con la cabeza. Juan Manuel es un hombre inmensamente racional.

 

¿Cómo se relaja?
Leo, arreglo mi música en el iPod, la borro, pongo más canciones, la actualizo…

 

¿Qué música?
De toda, me gusta todo.

 

¿Qué libro tiene en la mesa de noche?
Me estaba leyendo El tiempo entre costuras, de María Dueñas. ¡Espectacular!

 

¿Cómo quiere que recuerden a “Tutina”?
No es cómo quiera que me recuerden. La gente hablará de uno el día de mañana, y lo único que quiero es que mis hijos, mi marido, mi familia y mis nietos me recuerden como un ser humano amoroso... Como mi mamá.

 

Terminamos, muchas gracias.
No estuvo tan grave.


***

 

Se apagan las luces, se desmontan las cámaras y se relaja en ambiente al punto que nuestra fotógrafa propone una selfie frente a un espejo. Mientras nos preparamos para la última foto con gente de la producción –ya fuera de nuestra misión protocolaria–, entra “Tutina” de manera imprevista en escena, muy animada, su semblante es otro, le encantan las fotos espontáneas. Me quedo con esta última sonrisa de una Primera Dama bien relajada.

 

 

Fotos: María Elisa Duque