Consejos para tener relaciones sexuales limpias

El cuidado y limpieza de las zonas íntimas no sólo preparan el cuerpo para una vida sexual placentera.

 

Consejos para ellas 

 

No abusar del uso de tampones. Como cualquier cuerpo extraño en el cuerpo, puede causar complicaciones. Lo mejor es no usarlos en forma permanente, cambiarlos cada cuatro horas y no usarlos de noche. Los protectores también deben usarse con moderación. Su uso indiscriminado suele producir más flujo vaginal. Si descubres que tu flujo vaginal es excesivo o de olor fuerte y fétido, consulta inmediatamente al médico.

 

Usa la ropa interior indicada, preferiblemente de algodón. No es recomendable el uso cotidiano de tangas e hilos dentales que terminan introduciéndose en la vagina, produciendo roces e infecciones. Pantalones o medias pantalón muy ajustadas tampoco son aconsejables porque producen excesiva sudoración.

 

La humedad es uno de los agentes que genera problemas para zona genital femenina. El sudor y el flujo vaginal o menstrual exponen a esta zona poco ventilada a afecciones si no se hace una limpieza adecuada.

 

Los ginecólogos recomiendan no abusar de la depilación, porque el vello púbico cumple la función de barrera frente a agentes agresivos como las bacterias. Además, el láser puede ocasionar alergias en algunas personas.

 

La vagina es la parte interna de los genitales y la naturaleza la ha provisto de un sistema de autolimpieza que no se debe alterar.

 

En condiciones normales el flujo vaginal cumple la función de limpiar, hidratar y lubricar. No es necesario usar duchas vaginales porque se corre el riesgo de alterar este delicado sistema. Este tipo de productos solo se deben emplear bajo prescripción médica.

 

Los especialistas no hablan de una rutina específica de limpieza después de las relaciones sexuales. La orina ayuda a esa limpieza íntima, pero si se siente incómoda, una ducha no cae mal.

 

Evita productos como desodorantes vaginales o toallas higiénicas con perfumes. Estos químicos suelen producir irritaciones. Lava la ropa interior con jabón suave (nunca uses detergente) y cuídate de no dejar residuos.

 

Si no conoces bien tus genitales, nunca es tarde para hacerlo. Observa con un pequeño espejo y explora los labios mayores y menores. En los pliegues de la piel se suelen acumular residuos de flujo o sudor que de no ser retirados con agua y jabón neutro terminan produciendo infecciones. Es importante abrir estos pliegues durante la ducha y lavarlos con abundante agua.

 

 

 

Para ellos 

 

Siempre hay que lavarse el pene después de una relación sexual. Incluso debe hacerse después del sexo oral, pues en la boca hay gérmenes igual de contaminantes que los de cualquier parte del cuerpo.

 

Usa solo calzoncillos de algodón, pues los materiales sintéticos favorecen la aparición de infecciones. La ropa interior debe quedar bien lavada pues el contacto de la tela con el sudor podría también producir irritaciones.

 

Algunos gérmenes normales podrían incluso convertirse en infecciones y causar lo que se conoce como balanitis, que es la inflamación del glande o cabeza del pene. El lavado debe ser igual para penes que estén o no circuncidados.

 

Hay que estar atento, sobre todo en adolescentes, con la aparición del esmegma, que es una secreción de las glándulas sebáceas del pene que produce unas partículas blancas y mal olor. La solución es lavar bien cuando aparezca.

 

En penes no circuncidados, se recomienda que el hombre se seque después de orinar, para evitar precisamente olores o humedad.

 

El pene no debe tener nunca ningún olor. Cuando se presenta es porque no hay aseo y aunque existe el mito de que ciertos aromas son parte de la esencia del macho, lo único que genera esta creencia es rechazo.

 

Descartar si hay fimosis, que es cuando el prepucio es estrecho, pues esto impide la retracción de la piel y por ende, la limpieza. Un caso avanzado de esta anomalía dejaría a esta zona sin el lavado adecuado y con el riesgo de inflamarse o adquirir infecciones.

 

Aunque parezca elemental, el pene debe lavarse a diario con jabón y abundante agua, y lo más importante es que no queden residuos. Esta limpieza es igual para niños y adultos.

 

El pene debe quedar bien seco, sobre todo los que no están circuncidados, pues la humedad podría generar un medio apto para el crecimiento de hongos y bacterias.

 

Un pene con prepucio largo o exceso de la piel que cubre el glande, no permite una limpieza correcta. Por eso, al momento de lavarse, el hombre debe correr el prepucio hacia atrás. En el caso de los niños, la mamá es la encargada de realizar esta tarea y luego debe enseñarles a hacerlo.

 

Aunque se dice que es una práctica de metrosexuales, es aconsejable llevar corto el vello púbico. Pero no debe afeitarse con cuchillas sino cortarse con tijeras o máquinas eléctricas. El afeitado puede causar cortadas, raspados e irritaciones en una zona expuesta al contacto con fluidos corporales, que facilitaría enfermedades de transmisión sexual.

 

Si hay mal olor, lesiones, llagas o enrojecimiento persistentes, el hombre debe visitar al urólogo. Pueden ser infecciones de fácil tratamiento o enfermedades de transmisión sexual.

 

 

* Con asesoría del doctor Juan Carlos Camargo, médico cirujano - urólogo.

 

 

Foto: Istock.

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