Pole dance, el deporte de las famosas

Kate Moss, Demi Moore,  Jennifer Aniston y Natalie Portman modelan su cuerpo practicando “pole dance”, la manera más sexy de hacer deporte en una barra.
Pole dance, el deporte de las famosas

Desde que Demi Moore rodó la película “Striptease”, la barra americana, íntimamente ligada a las “streper” y a los espectáculos de alto voltaje de los clubes nocturnos, se ha ido instalando en luminosos gimnasios de última generación, donde ejecutivas, universitarias, abogadas, amas de casa o fotógrafas modelan su cuerpo.

Quemar calorías, tonificar los músculos, adquirir fuerza y estilizar la figura son algunas de las bondades que ofrece el “pole dance”,  disciplina que vuelve locas a muchísimas modelos y actrices de Hollywood.

Ahora, la barra vertical deja de vivir en la clandestinidad y se pone al servicio del “pole dance”, la última sensación en Nueva York, Londres o París, para modelar piernas, brazos, abdomen y dorsales con seriedad. “Se trabaja todo el cuerpo, incluso músculos que se desconocen, pero de manera muy divertida”, explica Lola Martínez.

FOMENTA LA AUTOESTIMA

Es un deporte femenino y sexy, que aumenta la autoestima, corrige la postura, aporta  flexibilidad,  ayuda a caminar con elegancia y es extremadamente divertido.  “Los giros alrededor de la barra, de manera más o menos sensual, es sólo el principio de esta disciplina”, añade la monitora que lleva varios años dando clase en la La Casa Oro, de Madrid.

Únicamente con la barra y en una sola hora se puede llegar a quemar entre “300 y 500 calorías, en función del esfuerzo que se realice y del nivel que se tenga”, asegura Martínez, que tras los estiramientos de rigor, comienza la clase con unos giros alrededor de la barra.

“A continuación se trepa por ella y después llegan las figuras que se elaboran con inversiones corporales, giros rápidos, deslizamientos, cruce de piernas y sorprendentes acrobacias que desafían a la ley de la gravedad, al ritmo de la música que suene”, cuenta la monitora.

El “pole dance”, que combina movimientos de danza, yoga, pilates y streching, ni requiere una estructura física determinada ni una cualidades deportivas extraordinarias, basta con “tener ganas de hacer deporte en una barra vertical y de pasarlo bien”. La edad tampoco importa, “tengo alumnas de cincuenta años, de treinta y de dieciséis”, dice Martínez.

Las menores de edad necesitan una autorización de sus padres o tutor, más que nada porque aún hoy a este deporte se le ve con cierto “morbo” y le ponen connotaciones y adjetivos que no le corresponde.

Lejos de lo que muchos puedan pensar, en esta nueva disciplina deportiva, más cerca de la acrobacia y de los movimientos aeróbicos que los espectáculos nocturnos, no tienen cabida los desnudos ni los bailes eróticos ni la lencería atrevida. “Se ve el mismo trozo de piel que se puede ver en cualquier otro deporte”, añade.

Camiseta y zapatillas deportivas son las prendas necesarias para practicarlo. “El pantalón corto es un requisito imprescindible, ya que la dermis debe estar en contacto directo con la barra para poder trepar y sujetarse. Tejidos como la lycra no ayudan”.

No suele haber lesiones, “lo más incómodo son las quemaduras por contacto, en ocasiones, surgen”. Ante el espejo, como en cualquier otro deporte, el “pole dance” no se ven cuerpos ni exuberantes ni perfectos. Para su práctica solo “se requiere concentración. La técnica y la fuerza se va adquiriendo con el tiempo”, dice.

Tal es su éxito que profesionales y amantes de este deporte en el  Reino Unido han cursado una petición y están recogiendo firmas para que el “pole dance” sea deporte olímpico y cuente con una federación internacional.

Su origen se remonta al uso del Mallkhamb -tubo gimnástico- que se utiliza en yoga para aumentar la masa muscular hace más de 250 años. En los años 20  surge el espectáculo burlesque, en las ferias ambulantes americanas, en las que alrededor de la carpa principal se instalaban otras más pequeñas donde se podía ver a mujeres que bailaban con ciertos movimientos eróticos.

Debido al reducido espacio, esas bailarinas se acercaban al tubo que sostenía la carpa y lo usaban como un elemento más de su espectáculo. Con el paso del tiempo, se trasladó a los bares nocturnos.

En los años ochenta, los espectáculos eróticos tuvieron su auge y las “striper”, además de la silla y el suelo recurrieron  a la barra americana para aumentar el erotismo de los “shows”. “Fueron las propias bailarinas las que ofrecieron la versión deportiva de los espectáculos eróticos”, dice Martínez.

En Colombia ya se practica este baile. Una clase cuesta aproximadamente $ 55.000. Si desea recibir más información sobre el tema comuníquese al (1) 6162934.

 

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