El secreto de la belleza: la aceptación

No sólo el ejercicio, el deporte y la sana alimentación hacen que las mujeres se vean bellas. Lo primero que deben hacer es aceptarse tal y como son.
El secreto de la belleza: la aceptación

Cristina, una joven de 25 años, pasa casi una hora examinando lo que va a ingerir y lee minuciosamente las etiquetas de los alimentos que compra. Su obsesión por alimentarse bien la lleva a controlar lo que come, cómo lo prepara y en qué recipientes. Dedica cada vez más tiempo a planificar sus menús y elaborar los platos.

Se preocupa por mantener en forma su mente, conseguir un excelente estado físico, la mejor figura y una imagen atractiva. Quiere ser física e intelectualmente perfecta.

Su lema es “mente sana en cuerpo sano”, y lo aplica en términos de todo o nada: se es guapa o fea, obesa o delgada, sana o enferma. Para ponerlo en práctica, se ha dedicado al atletismo, el culturismo y otros deportes.

 Por su parte, Viviana, una atractiva estudiante de 22 años se ve a si misma “fea”, no halla ningún rasgo en su cuerpo que le resulte atractivo. Casi no tiene amigos y se siente desplazada en los grupos de gente, porque se siente a disgusto “dentro de su piel” y tiende a aislarse socialmente.

 No sólo se avergüenza de su cuerpo, sino que cree que no tiene nada que contar, porque su vida es monótona y tediosa. Entiende que los demás no quieran estar con ella, porque es simple y fea . Afirma que no tiene ninguna habilidad, que todo le sale mal, por lo que ha decidido ya no esforzarse en nada.

 Si las cosas van bien, piensa que tuvo suerte; si van mal, es por su culpa. Sale con un chico pero no puede corresponder a sus sentimientos, porque ella “cree que no puede inspirar amor a nadie”.

 Los casos de Cristina y Viviana, son dos ejemplos que aporta la psicóloga que dirige el Centro ClaveSalud, Laura García, y en ellos cuenta cómo podemos relacionarnos de manera negativa con nuestro propio cuerpo, "a veces desde la obsesión por convertirlo en una expresión máxima de salud y belleza, y otras desde el complejo de inferioridad que nos hace sentirnos desagradables físicamente". 

 “Algunas personas viven un aspecto personal como si fuera una minusvalía o una tara, y lo perciben negativamente de forma exagerada; al compararse con los demás, siempre ven que tienen mejores rasgos o cualidades, y tratan de parecerse a ellos”, señala García que también es escritora y  “coach”.

“La mayoría de los ‘defectos’ físicos que perciben en ellos mismos y que los hacen sentirse inferiores a los demás suelen ser: una nariz grande, las orejas separadas, los pies grandes o planos, la  fealdad en general, una talla demasiado alta o baja, o los defectos en la piel”, señala la experta que ha escrito el libro “El valor de lo vivido”.

“Incluso se dan casos de personas que se siguen viendo mal, incluso después de someterse a sucesivas intervenciones de  cirugía estética, porque sufren un cuadro de alteración de la percepción”, explica la psicóloga.

LA PALABRA CLAVE: ACEPTARSE

“Lo más sano mentalmente es aceptarse como uno es, con sus cualidades y defectos, lo que no implica que no debamos intentar mejorar y corregir las carencias”, señala por su parte el psicoterapeuta Pedro L. Gaut, quien señala que, a veces, incluso se puede sacar provecho de un complejo de inferioridad física.

“En vez de resignarse, algunas personas usan su complejo para superarse, intentando compensar su “defecto” de otros modos: por ejemplo reduciéndolo o suprimiéndolo, adelgazando y cuidándose, si se es una persona obesa; o bien intentando destacar en otra faceta de la vida, por ejemplo intentando ser un buen deportista si se es un mal estudiante”, señala.

“Tampoco conviene obsesionarse por tener un cuerpo perfecto, e intentar modelarlo a base de dieta estricta, interminable sesiones de gimnasio y todo tipo de productos de belleza. Una cosa es cuidar el aspecto y la salud, lo cual es necesario y positivo, y otra distinta tratar de emular a mister o miss Universo”, señala.

Según Gaut, “es lógico una persona esté interesada en su propio aspecto, pero no hace falta irse al extremo: la gente “viene” en todo tipo de formas, tamaños y aptitudes, y no hace falta que intentes lucir como un supermodelo. En materia de mejora física, hay que plantearse metas realistas, y tener en cuenta que las personas tienen distintos tipos de cuerpos”.

Para aceptarse, este experto sugiere hacer una lista de nuestras cualidades y defectos con la ayuda de familiares y amigos, y después repasarla y convencernos de que somos de este modo  aquí y ahora, pero podemos cambiar y mejorar en la medida en que lo deseemos y sea posible.

“Para motivarnos es importante tener presentes los aspectos positivos de nuestro cuerpo en lugar de los menos agraciados”, señala Gaut.

“Quien se acepta y se quiere a si mismo tal como es, sin obstáculos, complejos, obsesiones ni temores, se encuentra a gusto dentro de su propia piel. Sabe que su cuerpo forma parte de su persona y se preocupa por su bienestar y procurar no agredirlo ni dañarlo. Ese es el término medio saludable”, señala.