La vida sin hijos

Un nuevo fenómeno se abre paso: el de las parejas que han decidido no tener hijos, en busca de una mayor libertad y realización. Se calcula que en 2010 el número de matrimonios sin descendencia será 44% mayor que hace 15 años, algo que ya empieza a alarmar a algunas comunidades.
La vida sin hijos

 

Ana y Daniel llevan seis años casados. Bordean los treinta y cinco años y por más que padres y suegros presionen para ser abuelos, han decidido no tener hijos. Ambos viven un gran compromiso profesional, con dos muy buenos salarios. Cada uno estudia su propia maestría y disfruta la vida citadina. Van a cine y a teatro y luego cenan en los mejores restaurantes. No se preocupan por las vacaciones: pueden ir a cualquier lado, sin impedimentos. No es que odien a los niños. Simplemente, aman su libertad y su independencia. Ana y Daniel pertenecen a un nuevo modelo de pareja: Dink.

Dink o Dinki es un término acuñado en los años ochenta proveniente de las siglas inglesas Double-Income y No Kids yet (sueldo doble, sin hijos), y hace referencia a las parejas que han decidido aplazar la paternidad lo máximo posible o, incluso, renunciar a ella para poder desplegar sus carreras profesionales y disfrutar de una profunda vida en pareja.

Los Dink suelen ser profesionales con un perfil económico medio-alto y sus motivaciones están relacionadas con la libertad y con el mantenimiento de cierto estatus social. Se encuentran entre los 28 y 37 años y proliferan por todo el planeta cada vez con más fuerza. Son un fenómeno que alerta a los gobiernos y a los organismos internacionales que han observado la caída en la tasa de fecundidad y el consecuente envejecimiento de la población.

En Colombia, según el DANE, la tasa de fecundidad se ha reducido en 27,5% en los últimos veinte años. En Estados Unidos, según la American Demographics Magazine, las parejas sin hijos están en ascenso y en 2010 sumarán 31 millones. Algo parecido sucede en China, Canadá, Japón, España e Italia, donde el fenómeno empieza a alarmar a las autoridades. En el libro The childless revolution (La revolución de no tener niños) su autora, Madelyn Cain, calcula que en 2010 el número de parejas sin niños será 44% más que hace 15 años. En Gran Bretaña el cálculo es que para la misma fecha una de cada cuatro personas será childfree (sin hijos) y conformara una pareja Dink.

Mínimo dos y máximo dos

Los Dink suponen un nuevo modelo de familia: parejas en cuyo vínculo no está implícito –como suele o solía estarlo– el deseo y el ansia de generar descendencia. Hay ciertas variantes de este tipo de estructura familiar. Algunas motivaciones tienen que ver con movimientos ideológicos como la autoextinción, la incapacidad económica, el ambientalismo y la sobrepoblación mundial. También pueden existir condicionamientos psicológicos producidos por alguna frustración en la niñez que las parejas no quieren repetir en los hijos. Sin embargo, también hay matrimonios que lo hacen por determinación y no por trauma.

La cultura Dink no es resultado de la imposibilidad biológica de no poder concebir, sino un proyecto de vida que no incluye tener hijos. También puede verse como un movimiento de contracultura, en protesta por tanto hijo no deseado que ha llegado al mundo.

La forma de entender la vida de los Dink ha sido fuertemente criticada por organizaciones sociales como la Iglesia Católica, porque consideran que es una actitud egoísta y hedonista en la que prima el consumismo y la libertad por encima de los valores familiares. Para algunos antropólogos, es un fenómeno crítico que amenaza con declarar la muerte de la civilización, basada en la familia tradicional. Lo cierto es que los Dink tienen unas motivaciones interiores sólidas cada vez más comprendidas.

La decisión de no tener hijos puede estar determinada por la situación social o ambiental del ahora. Sin embargo, puede que esta decisión se haya alimentado desde la niñez, cuando vivieron la frustración y el dolor de sus padres al ver evaporar sus sueños y sus proyectos de vida frente a las responsabilidades de la crianza; los agobios económicos de una familia, o el deterioro de la pareja y la separación. ¿Quién no escuchó de sus padres: “yo iba a ser… hasta que naciste y nos tocó trabajar”? Los Dink son una voz social que responde al equilibrio sistémico familiar y a la necesidad de conquistar y realizar los proyectos abandonados por los padres o los hermanos mayores. Otro factor importante tanto para la mujer como para el hombre de la pareja Dink, es el propio impacto en la crianza con respecto al rol de madre o padre que vivieron en su niñez. Muchas hijas vieron morir a la mujer dentro de la madre, o la vieron también hacer una cadena de renuncias dentro de la sexualidad, la belleza y la libertad, que la llevaron a una pérdida de valor y sentido, que la mujer de la pareja Dink también se jura no repetir.

Dink al extremo

Nuestra sociedad como útero es fría y de cemento, hay cada vez menos espacio de lo público para los niños. Hemos cambiado los parques por parqueaderos y las ciudades son en verdad antiniños. Las empresas se han deshumanizado, hay jefes obsesivos que obligan a dejar sin padres a muchos pequeños por las largas jornadas de trabajo. Hay prisa, la crisis mundial obliga a nuestros niños a crecer aceleradamente robando la paz e inocencia de la infancia… En fin, hay muchos factores y mensajes abortivos que hacen sentir a los niños mal venidos al mundo. El caso extremo y delicado de algunos Dink (no todos) es la creación y popularización de las zonas libres de niños (Childfree zone). Son avisos que aparecen en algunos locales o cafés de ciudades del Primer Mundo, delimitando “las zonas de exclusión”: de un lado están las parejas con hijos y, del otro, una nueva categoría social: los Dink.

Esperemos y confiemos en que después de este movimiento de compensación de los Dink, regrese de manera moderada y consciente la capacidad de retoñar como humanidad y saber y poder recibir el misterioso y luminoso amor de los niños venideros. Al fin y al cabo, como dicen los genetistas: “La vida se abre paso”.

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