¿Eres neurótica?

Cuatro de cada diez colombianas ha padecido neurosis como una manifestación de trastorno mental.¡Mucha atención!
¿Eres neurótica?

En el 502 vive un señor cascarrabias que vive disgustado con todo: con el Gobierno, con los precios, con los famosos, con los vecinos nuevos, con los viejos; se prende como un fósforo, pero luego se apaga por lo de la misteriosa enfermedad que por años no han podido descubrir los médicos, según él unos inútiles de bata blanca que le dicen que sufre de las emociones. La joven del 501 se levanta hasta tres veces en la noche para cerciorarse de que dejó apagada la computadora; siempre mira debajo de la cama antes de dormirse y nunca camina descalza por la alfombra: le da fastidio. El joven del 303, el vegetariano, ahora es de una religión oriental, sólo come por colores, tarda hasta media hora lavando las lechugas, luego les hace Reiki, y antes de comerlas les brinda una oración. El del 101 se aprieta la corbata cada minuto y cada dos se frota los zapatos contra la bota de su pantalón; escoge cada palabra antes de hablar, como si estuviera traduciéndose, y tiene una colección de lápices muy afilados.

 

Mundo neurótico

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cinco de las diez primeras causas de discapacidad son de orden psicoemocional, y la neurosis, en particular, las supera a todas. Cuatro de cada diez colombianos, sobre todo en Bogotá, donde se registra el mayor índice del país, la conoce, la ha vivido o padecido como una manifestación de trastorno mental.

La neurosis es una enfermedad de carácter social, un mal del mundo moderno que pone de manifiesto (y los aumenta) los miedos y las angustias de aquellas personas que hacen todo lo que pueden para adaptarse a las exigencias sociales y laborales. Estas tensiones, más las marcas del carácter y de la infancia, crean en cada uno comportamientos que se expresan por medio de cierta rigidez que con los años puede derivar en una enfermedad paralizante. Los neuróticos son mucho más que un pequeño grupo de personas “afectadas”; son pacientes de un trastorno cultural que se caracterizan por vivir sin ser felices, por preferir el control al amor, la precaución a la espontaneidad, las reglas a la improvisación. Los neuróticos sufren de una exagerada individualidad, excluyente e intolerante.

 

¿Quién es un neurótico?

El término neurosis se aplica, como síntoma, a trastornos mentales que tienen que ver con la ansiedad. También se usa coloquialmente como sinónimo de “obsesión”, “excentricidad” o “nerviosismo”, mal carácter y cierta dificultad para relacionarse.

Si somos estrictos, neuróticos somos todos, en cuanto a que hemos renunciado a nuestro verdadero ser, a nuestra parte salvaje, a la esencia pura, a confiar en nuestras capacidades y en nuestro ritmo interior. A cambio, hemos adoptado desde la infancia una estrategia de carácter para sobrevivir emocionalmente en nuestra familia y en la sociedad, hemos interrumpido nuestro libre movimiento. ¿Quién no se hizo el chistoso para ser visto? ¿Quién no exageró un drama para ser mimado? ¿Quién no se pasó por enfermo para evitar el colegio?

Lo grave es cuando esta estrategia se nos convierte en parte de la vida, a un costo muy alto: la frustración. Ser neurótico es hacer de nosotros un falso ser, adaptativo y programado, que nos dé un respiro a la fatiga angustiosa de las presiones intrapersonales e interpersonales del sistema.

 

Perfil del neurótico

Todos tenemos comportamientos neuróticos, por ejemplo, cuando arreglamos la casa con un orden y aseo extremos y nos molesta que alguien “desordene” o cambie de lugar las cosas. También somos neuróticos cuando nos preocupamos en exceso por la salud o la alimentación, cuando buscamos desesperadamente el amor, el dinero y hasta la verdad. La tendencia de los neuróticos es a distorsionar la realidad en provecho propio. En consecuencia, sólo consideran lo que les parece y lo que les conviene, son controladores, aducen razones y buenas intenciones. Los neuróticos son incapaces para gozar de lo simple, para encontrar la felicidad en lo sencillo; son perfeccionistas, confunden permanentemente sus pensamientos con sus emociones; se creen el centro de todo, para bien o para mal, y por lo general se sienten víctimas de los demás. También son neuróticos los pesimistas, los eternamente angustiados, los encerrados en su yo, los que sienten miedos exagerados ante los otros y los que buscan desesperadamente ser queridos pero siempre dudan del afecto de los otros. Curiosamente, los neuróticos están convencidos de que los neuróticos son los otros.

 

¿Qué hacer?

Todas estas manifestaciones pueden pasar de ser rasgos de la personalidad a convertirse en verdaderas enfermedades que requieren ayuda profesional. En principio, es muy importante reconocer el impacto de nuestra neurosis, hacer un inventario de cómo nos ha afectado a nosotros y a la gente que nos rodea. También es esencial diferenciar la verdad de nuestra verdad. Por años hemos defendido los impedimentos de carácter como rasgos de la personalidad, con el argumento de que “yo soy así”, echándonos el cuento de que los demás están mal. Damos a los otros –y a nosotros mismos– fragmentos muy pequeños de nuestro ser envueltos en medio de nuestra contaminada personalidad.

La primera recomendación es desarrollar una personalidad flexible, abierta a aprender y a contentarse con la vida, con una actitud tolerante e incluyente. Hay que estar alerta para saber cuándo aparece la neurosis y eclipsa nuestro verdadero ser.

La segunda recomendación es trabajar para vencer la ansiedad. Cuando ella aparece es cuando más estricto uno se vuelve: mire e identifique qué lo estresa, qué lo pone ansioso; respire, practique otros abordajes a la vida, otras maneras de vivir, de cocinar, de caminar, de hacer el amor, rompa todos sus mitos y sus pequeños universos.

Tercero, no exageres las emociones, autorregúlate, date cuenta de cuándo aparecen las tensiones, reconócelas pero no te quedes fijado en ellas, practica la inteligencia de la emociones, pase por ellas y disfrútalas.

Por último, recuerda que todos queremos ser felices, tú también; desarrolla la dulzura, la compasión profunda y practica la bondad fundamental. El mundo y las personas son buenos por naturaleza. Si no los puedes mejorar, al menos déjalos como estaban. 

 

Foto: Istock.

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