No dejes que el miedo se apodere de tus metas

¿Cuántas veces hemos aplazado los sueños por el pavor que nos da atrevernos? Las fieras que nos amenazan son sólo producto de nuestra mente.
Mujer mordiéndose las uñas

 

 

Lo hemos visto en el cine. El héroe de ocasión, que algunas veces es un ejecutivo moderno que busca triunfar en los negocios, y otras un hombre romántico que quiere conquistar el corazón de una mujer, se pasa toda la película cayendo en las trampas de la sociedad, petrificado por el miedo a fracasar, a salirse del molde, hasta que en un último esfuerzo deja atrás sus temores y decide confiar en sí mismo. Siente que ya no hay nada que pueda detenerlo. Ha enfrentado el miedo. Y entonces vence.

 

 

El miedo hace parte de nuestro mecanismo natural de defensa, y sirve, entre otras cosas, para salvarnos el pellejo. Gracias al miedo, muchos animales se mimetizan a la perfección en el paisaje cuando los acecha una fiera; otros se hacen los muertos para pasar inadvertidos ante algún depredador. La mayoría huye, con la esperanza de no ser alcanzados. Para ellos, lo único que cuenta es sobrevivir.

 

 

Algo similar nos sucede a los humanos. En una sociedad llena de supuestos depredadores, muchos de nosotros no hacemos otra cosa que mimetizarnos en el terreno, pasar inadvertidos o vivir en constante huida de fieras que en realidad no existen sino en nuestra mente. Quedamos paralizados frente a cualquier acecho, preferimos pasar de agache para no salir lastimados. El miedo nos condena a quedarnos desdibujados en el paisaje empresarial, a correr despavoridos cuando el amor se acerca, a hacernos los muertos para no ser responsables de nada, ni siquiera de nosotros mismos.

 

 

El miedo tiene una versión neurótica, aprendida y reforzada por lo psicosocial: es el miedo a cometer errores, a ser juzgado, a fracasar. Tenemos miedo de ser felices porque creemos que no lo merecemos; tenemos miedo a ser ricos porque creemos que semejante meta no está a nuestro alcance. Le tenemos miedo a la vida y hasta a vivir en paz.

 

 

 

La pasión vs. la virtud

 

El miedo es una pasión dominante, pasión entendida como una esclavitud psicológica frente al aprendizaje que no nos permite movernos. Nos quedamos quietos mirando cómo el miedo nos aplaza los sueños, cómo nos carcome nuestras grandes virtudes: la valentía, el coraje, el arrojo, la confianza en nosotros mismos, la intuición.

 

 

Gay Hendricks y Kate Ludeman, investigadores terapeutas, comprobaron en cientos de casos que los grandes líderes toman muchas de sus importantes decisiones no tanto desde su conocimiento académico como desde su poder personal; esto es, obedeciendo lo que su voz interior les dicta. Más que vencer el miedo, estos líderes han aprendido a vivir con él, pero sin dejarse paralizar, sin dejarse obstruir. Lo han confrontado, develado y transformado en una nueva fuerza: el liderazgo interior, un camino de escucharse, de confiar, de silenciar las miles de voces venidas de los medios, de la familia, y de sí mismos, que gritan no puedes, no debes, no mereces, no eres digno, no lo hagas, te van a lastimar, no lo intentes. Al callar estas voces, aparece la verdadera voz, el verdadero camino y, por ende, el verdadero liderazgo que dice confía, tú puedes, tú mereces, eres digno.

 

 

El miedo es el comodín de la incapacidad, es la coartada perfecta para postergar los sueños, para dejar de luchar, para conformarnos con parecer, en lugar de buscar ser. Cuando vivimos más allá del miedo, cancelamos el contrato que, sin saberlo, firmamos alguna vez para no crecer, para siempre rendirnos antes que intentarlo.

 

 

Muchos de estos “contratistas” camuflan el miedo bajo el escepticismo. Se convencen desde un principio de que nada vale la pena, y a veces contagian a los demás de ese escepticismo, cuando en realidad lo que sienten es un miedo intenso a alejarse de su lugar de confort.

 

 

 

¿Cómo vivir más allá del miedo?

 

 

Identifique  cuáles son los miedos recurrentes que aparecen cada vez que tiene un proyecto de cambio, identifique cómo las creencias limitantes se van apoderando de su fuerza y debilitan pensamiento a pensamiento sus convicciones, autoconfianza, determinación, hasta lograr desempoderarte. 

 

 

Active la rabia, la buena rabia, confróntese, haga cuentas. ¿Cuánto le ha costado a usted y a la gente que ama, vivir desde el miedo? Acepte que el miedo siempre va a estar ahí. Cada vez que usted quiera liberarse, él se va a alborotar. El miedo representa el deseo interno infantil de no querer crecer, de ser amado por débil, por desprotegido, hasta por incapacitado. El miedo defenderá la zona de confort en la que no se tiene ni derecho a respirar, salvo algunos sorbitos de aire. La consigna del miedo es, como diría Andrés López en su Pelota de letras, “deje así”, un traguito de resignación mezclado con unas gotas de victimismo. Saque esa actitud de casa y, a cambio, pregúntese a cada instante cómo sería su vida si viviera desde la valentía.

 

 

Empodérese, con todo y el miedo, más allá de la depresión, del dolor, de la frustración y de la parálisis e impotencia que produce el miedo. Muévase hacia la felicidad, haga las cosas que ha soñado, póngase en el lugar perfecto, en la actitud adecuada, siempre de la mano de la ética. El universo conspirará para que el miedo pierda poder. Empiece a sentir la fuerza, la adrenalina que produce lanzarse a las obras y las acciones, no lo piense más, no deje que el miedo lo detenga. Calcule los riesgos necesarios, tome los medidas justas y bájese de la nube del escepticismo. La vida es acción y todo éxito necesita entrenamiento, prueba y error. Confíe en la fuerza ancestral que le dice desde muy adentro “sí”.

 

 

Celebre los triunfos. Haga rumba por cada logro, créame que se lo merece. Demuéstrese que sí pudo, que fue capaz y que es digno de ese logro, compártalo, contagie a los demás de ese poder, inspire valentía. Esto es romper las cadenas de fracasos, esto es liderazgo desde el interior, esto es ir más allá del miedo. Obras son amores. Acepte su verdadera fuerza, no le dé vergüenza ser asertivo, no esconda su abundancia. Salir de la zona de influencia del miedo es confiar en la intuición y defender una verdadera lealtad con sus sueños. Cada paso es la felicidad de ser uno mismo.

 

 

No importa cuánto uno se haya salido del curso, cuánto se haya olvidado uno de uno mismo. Siempre se puede dar un timonazo y retomar el curso de lo que es la esencia de nuestra vida. Sólo a través de la acción se puede conectar el mundo interno con el externo y entrar en el campo del mérito, más allá del miedo a la evaluación. Más allá de todo eso y a pesar de todas las apuestas en nuestra contra, dentro de nosotros reside un verdadero samurái libre de miedo, con el honor y el significado que da el valor heroico. Elija que este sea su nuevo código de vida. No más miedo, sólo coraje.

 

 

Foto: Istock

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