Claudia Szerer: "Quiero hacer ver a la mujer como en su mejor momento"

La diseñadora bogotana hace parte de un movimiento de diseñadores independientes que no necesitan competir con las grandes casas de moda para lucirse en las galas europeas y estadounidenses. Su estilo discreto y exclusivo ha enamorado a las revistas de moda.
Claudia Szerer: "Quiero hacer ver a la mujer como en su mejor momento"

En París, la capital de Chanel, Yves Saint Laurent y Dior, hasta la residencia de un embajador puede convertirse en pasarela. Para ello no basta, sin embargo, correr sillas, contratar modelos y enviar invitaciones. La capital mundial de la elegancia exige auténticos diseñadores, no meros artesanos.

Claudia Szerer es una de esas creadoras de lujo. Así lo demostró la bogotana a principios de junio, en un desfile en la residencia del embajador de Colombia, Fernando Cepeda, una bella casa de finales del siglo XIX ubicada en la rue Constantin, en una esquina de Los Inválidos.

Nueve modelos, 45 vestidos, cerca de 300 asistentes y una tarde soleada de junio enmarcaron la presentación de su colección 2009-2010. Y CROMOS estuvo allí para constatarlo.

Entre los asistentes se destacaban embajadores latinoamericanos, el diseñador de Ungaro, el colombiano Esteban Cortázar, varios periodistas de medios de la moda como Vogue así como varios miembros de la nobleza local, entre otras la condesa Jean de la Rochefoucauld y la vizcondesa Henri de Talhouët.

Un público conquistado por los vestidos de Claudia Szerer. Las modelos –que habían llegado horas antes en jeans y camisetas– se transformaron en la personificación de la elegancia. Eso que todos quieren experimentar: sentirse más atractivos y ligeros, sin necesidad de perder un solo kilo. Mujer y vestido formaron un todo, un conjunto armonioso cuyos detalles resaltaron a pesar de la sobriedad, como los cristales de 200 años y los jades de 300; o las rocas de esmeralda y plata. Acabados impecables, telas francesas e italianas extraordinarias, vestidos pintados a mano espectaculares. Un instante único de elegancia en París que reposaba sobre los hombros de una colombiana cuyas principales armas son el papel y el lápiz para trazar sus propuestas exclusivas sin complejos, a la sombra de los grandes nombres.

“La mujer que yo visto no quiere sentirse uniformada –explicó a CROMOS–. Quiere un vestido único, adaptado a su cuerpo. Quiero hacer ver a cada mujer como en su mejor momento”.

Nicolas Topiol, presidente de Christian Lacroix, casa de alta costura emblemática de Francia, se hallaba entre los asistentes al desfile. “Es fantástico ver a Claudia desfilar en París con una colección tan bella. Sobre todo porque ella empezó su aprendizaje con nosotros, cuando Christian Lacroix era diseñador para la casa de alta costura Jean Patou. Fue una escuela extraordinaria para ella. Claudia tiene hoy su propio estilo. En la construcción de los vestidos se nota que aprendió el oficio en una casa de alta costura”.

Pocos modelos, clientas exclusivas

Radicada en Panamá desde 1995, Szerer produce al año dos colecciones de unos 40 vestidos cada una. De sus dos talleres (uno en Panamá y otro en Colombia), donde trabajan en total 25 personas, no salen más de tres vestidos de un modelo y nunca se venden en la misma ciudad. Un vestido con piedras de jade vendido recientemente, por ejemplo, quedó en manos de clientas en Inglaterra, Brasil y Estados Unidos.

No estamos, pues, en las ligas mayores de la moda. Claudia Szerer no ha desfilado en las más célebres pasarelas internacionales y tampoco aspira a convertirse en una Chanel latina. Su nicho de mercado es otro, exclusivo y lejano a la masificación actual.

Ella se está haciendo un nombre dentro de un movimiento paralelo a los imperios del lujo: los pequeños talleres (ateliers en francés) de alta costura. Al frente de esas casas modestas y a escala humana se encuentran diseñadores talentosos con acabados y telas de primerísima calidad, pero sin una marca legendaria que pueda resumirse en tres letras como YSL.

De ese grupo, conocido también como “pequeños modistos de alta costura”, forman parte los franceses Dominique Sirop y Stéphane Rolland, así como el italiano Maurizio Galante, entre otros.

Esos modistos no ofrecen un lujo low-cost, sino una inversión interesante a largo plazo. Porque gastar 10.000 euros por un traje de prêt-à-porter Valentino comprado en Roma, por ejemplo, no dispensa a su propietaria de toparse el día de mañana en una boda cara a cara con otra invitada portando el mismo modelo, pero comprado en Miami. Hay mujeres obsesionadas por las marcas dispuestas a correr ese riesgo; otras, en cambio, quieren un traje solo para ellas. Claudia Szerer viste a las segundas.

“Mis clientas son las mujeres que prefieren un modelo único hecho a su medida –explica–. Además podrán utilizarlo en distintas ocasiones, por varios años. Conmigo cuentan además con una asesoría personal para escoger el traje más apropiado para una determinada ocasión. Todo esto es imposible con el prêt-à-porter porque las mujeres nunca tienen acceso directo al creador”.

Los precios de la modista colombiana oscilan entre 3.000 y 10.000 euros para un vestido; 1.000 para una blusa. Precios razonables comparados con los del prêt-à-porter y atractivos para el presupuesto de ciertas ejecutivas, actrices, esposas de empresarios, artistas, presentadoras y quinceañeras.

Isabelle Chalençon, periodista de moda en la cadena pública francesa de televisión France2, es clienta de Szerer: “Yo no puedo costearme un traje de alta costura francesa, pero sí los de Claudia. La diferencia de precio es de diez a uno. Su estilo, además, no pasa inadvertido. La gente me pregunta de dónde viene mi vestido y queda sorprendida cuando digo que es hecho por una creadora colombiana que vive en Panamá”.

Pero no le digan a Richard Catalano que Claudia Szerer, a quien conoció hace 25 años, es colombiana o latina. Este ex presidente de una importante empresa de moda en Estados Unidos precisa: “Claudia es del mundo. Nació en Bogotá, pero estudió en Boston, vivió y trabajó en París. Tiene un sentido innato del estilo y conoce muy bien la moda”.

A ese mundo Claudia Szerer no llegó con la mente sino con las manos: “En el Colegio Nueva Granada yo era muy matemática. Por eso en la universidad comencé estudiando Sistemas. Pero me regalaron un bloc de papel y empecé a dibujar. Poco a poco salieron bocetos de cuerpos que comencé a vestir. Todo fue fluyendo de manera natural”.

Estudió finalmente Diseño de vestuario para teatro e Historia del arte en la Universidad de Brandeis en Boston. Su primer diseño lo hizo a los 20 años. Experimentó con diferentes materiales como piezas de ferretería y telas en caucho.

A mediados de los 80 trabajó con Christian Lacroix en París, experiencia que la marcó para el resto de su vida: “Con Lacroix aprendí la perfección. Desde entonces, soy muy exigente con los acabados. No acepto un error de dos milímetros en una costura. A mis costureras las escojo entre aquellas que no les importa desbaratar una y otra vez. El vestido debe quedar perfecto, armónico, que todo esté donde debe estar”.

Esto era precisamente lo que no encontraba ella hace unos años en el comercio para la mamá o la tía del novio en un matrimonio: “Los vestidos eran o muy raros o muy corrientes. Las mujeres que yo conocía no tenían el cuerpo para ellos. Eran vestidos duros que no dejaban respirar. Entonces me dije: ‘yo voy hacer otro tipo de vestidos’. Comencé a crear vestidos de noche en los que las mujeres se sienten cómodas. Mis clientas hoy van desde los 15 hasta los 75 años, y mis tallas hasta la 18 y más allá”.

Algo más que moda

La atención extrema a los detalles caracteriza también el trabajo de comunicación de Claudia Szerer, oficio que aprendió trabajando en relaciones públicas con la diseñadora Gene Ewing en Nueva York.

Claudia Szerer puede pasarse un día entero escogiendo las mejores imágenes para el video de un desfile o tratando de lograr la mejor foto de un catálogo. Sabe rodearse bien y pedir las cosas de tal manera que resulta muy difícil decirle que no. También cuenta con ese don raro de saber decir a cada persona la frase apropiada en el momento preciso.

Talentos obligados en un mundo donde los títulos de nobleza dependen en buena medida de las referencias en ciertas revistas. Claudia Szerer exhibe varios trofeos en esa categoría: “Diseños impecables en sus terminados” (Glamour Latinoamérica); “La armonía fluye de sus vestidos” (Marie Claire); “Szerer crea moda con elegancia y armonía” (Harper’s Bazaar Magazine).

Adicionalmente, la revista Vogue patrocinó uno de sus últimos desfiles en Panamá, donde fue reconocida además como Mejor Diseñadora de Alta Costura en 2007 y en 2008.

La felicidad de los pequeños

Cuando le preguntamos a Claudia Szerer cuál era su sueño en la vida nos respondió: “Hacer lo que estoy haciendo; imaginar los vestidos y verlos hechos realidad”.

En el mundo de la alta costura poder dedicarse al oficio que lo apasiona es muy difícil porque es un negocio muy costoso y no necesariamente rentable, sobre todo en estos momentos. Un vestido de alta costura, por fuera del prêt-à-porter, puede alcanzar los 200.000 euros.

La casa de alta costura Christian Lacroix, por ejemplo, se halla al borde de la quiebra. La emblemática casa de moda fue puesta hace unos días bajo administración judicial, después de que se declarara en suspensión de pagos. La crisis económica hizo que las ventas de la colección 2009-2010 registraran una caída de 35%. El año pasado la firma registró 10 millones de euros de pérdidas, para una facturación de 30 millones.

El pequeño taller de alta costura de Claudia Szerer ha registrado en cambio un “crecimiento sostenido en los últimos años”, según los términos de la diseñadora colombiana.

Lacroix y Szerer representan, por supuesto, niveles y realidades completamente distintas en el sector de la moda. Pero esta comparación permite subrayar que los grandes no son necesariamente los mejor dotados para afrontar la crisis.

De hecho, el modelo económico de Szerer parece tener más oportunidades de sortearla que el de su mentor. A este respecto, y con base en una experiencia de tres decenios en el negocio de la moda en Estados Unidos, Richard Catalano comenta: “La mujer de hoy quiere mostrarse diferente y única. Por eso los pequeños talleres de alta costura, como los de Claudia Szerer, tienen grandes posibilidades de desarrollo. Pero para ello tienen que defender su identidad, no crecer demasiado, ni perder la dirección de sus colecciones; deben mantener un nivel muy alto y conservar una clientela selecta”.

Szerer en boca de los expertos

FranÇoise Guitard, Vogue Italia:

“Bajo el sol de París acabamos de ver una bella colección. Hay una búsqueda en los colores: los cafés, los taupes, los grises, que a mí me gustaron particularmente; en cambio me gustaron menos los impresos. Los cortes son elegantes y las modelos se veían muy cómodas y bellas portando los trajes. Era un placer verlas. Una mujer que porte un vestido de Claudia causaría, sin duda, un gran impacto en una reunión de gala europea. Su elegancia es auténtica”.

Nicolas Topiol, presidente de la casa de alta costura Christian Lacroix

“La calidad de la colección es extraordinaria. Está bien construida, es bella y muy fuerte. Tal vez hubiera preferido que los vestidos impresos tuvieran colores más fuertes, sobre todo teniendo en cuenta el universo de donde procede Claudia. Pero me parece que el equilibrio entre la sobriedad de las colecciones y los colores, sobre todo al comienzo del desfile, era muy fuerte y muy bello. Hermosa proporción también de los cortes, que erferente y única. Por eso los pequeños talleres de alta costura, como los de Claudia Szerer, tienen grandes posibilidades de desarrollo. Pero para ello tienen que defender su identidad, no crecer demasiado, ni perder la dirección de sus colecciones; deben mantener un nivel muy alto y conservar una clientela selecta”.

Richard Catalano, ejecutivo de la moda en Estados Unidos.

“Los trajes de Claudia son un reflejo de su personalidad: tranquila y elegante, pero fuerte. Su look es universal. Sus colecciones son apropiadas para que las mujeres las porten en cualquier parte del mundo”.

Isabelle Chalençon, periodista francesa de moda

“Me gustó la manera en que logra adaptar la pureza de las líneas al cuerpo. Me parece muy interesante su búsqueda en los detalles y la materia, en particular su idea de utilizar joyas antiguas como las rocas de esmeraldas colombianas, el jade, el cristal antiguo. Aprecio también el lado sexy de su colección: hombros desnudos, lindos descotes, faldas bien ceñidas al cuerpo. Me encanta su estilo decidido y femenino. Los cortes y acabados son refinados; conoce muy bien el trabajo de alta costura”.

Abraham de Amézaga, Vogue México

“Lo que vimos hoy en el desfile de Claudia es arte. Hay una auténtica fuerza creativa. Yo pude tener en mis manos los vestidos y puedo decir que son reversibles: estaban tan perfectos por dentro como por fuera. Eso es alta costura. Los tejidos son de una gran calidad y riqueza. Hay una atención extrema en los detalles; los encajes son maravillosos; los cinturones, fantásticos. Es un trabajo muy cuidadoso y femenino. Eso es el lujo; el lujo no es ostentoso, sino sobre los cortes, que era un placer mirar”.

Abraham de Amézaga, Vogue México

“Lo que vimos hoy en el desfile de Claudia es arte. Hay una auténtica fuerza creativa. Yo pude tener en mis manos los vestidos y puedo decir que son reversibles: estaban tan perfectos por dentro como por fuera. Eso es alta costura. Los tejidos son de una gran calidad y riqueza. Hay una atención extrema en los detalles; los encajes son maravillosos; los cinturones, fantásticos. Es un trabajo muy cuidadoso y femenino. Eso es el lujo; el lujo no es ostentoso, sino sobrio. Aquí no estamos hablando de una marca ni de un creador con decenas de boutiques, sino de ropa bien hecha que tiene un enorme trabajo de elaboración. Es una labor con mucho mérito que se lleva a cabo en América Latina”.

Rita Golebiowska, revista Fashion (Polonia)

“Es una colección muy elegante con bellos acabados. Los colores son más bien neutros, sobre todo beige y negro. Pero yo me esperaba algo más fulgurante, más acorde con los colores alegres y el sol de la cultura suramericana".

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