El bogotano que diseña camisetas para Zara

Desde su taller en Barcelona, Leonardo Gama alimenta con sus ilustraciones las camisetas femeninas de esta prestigiosa cadena de ropa.
El bogotano que diseña camisetas para Zara

Cuando salió de Colombia, hace 10 años, Leonardo tenía muy claro su horizonte: se ganaría un lugar como diseñador y artista en Europa. En su momento sonaba pretencioso y hasta utópico, pero obstinado como es, no dejó nada al azar. Se llevó entre su equipaje una carpeta con ilustraciones, cómics y dibujos, cartas de recomendación de los sitios donde había hecho su carrera como diseñador, y copias de La Venus virtual, la película que ganó un premio en el Festival Internacional de Cine de Bogotá y en la que había trabajado en la dirección de arte. Se fue para Barcelona detrás de un amor, pero consciente de que esta ciudad cosmopolita y artística le serviría de inspiración y de escenario para su carrera.

Dos años después ya estaba exponiendo sus trabajos en varias galerías de Barcelona, Berlín y Londres. Era el premio al sacrificio que le significó trabajar en hotelería, mudanzas y otras labores propias para inmigrantes, mientras seguía ampliando su portafolio. Durante esos largos meses dedicó su obra al fetiche y al porno, por sugerencia de “los marchantes”, esas personas dedicadas a representar a un artista, buscar exposiciones y negociar sus obras.

Y justo cuando creía haber encontrado su rumbo en el mundo artístico catalán, sus representantes se perdieron con sus obras. Todo el trabajo de dos años se había esfumado como por arte de magia: más de 200 piezas entre serigrafías, acrílicos sobre lienzo, afiches, pósteres y diseños para camisetas. “Fue un golpe muy bajo, me costó mucho reponerme. Duré seis meses deprimido, no era capaz de hacer nada”, recuerda.

Pero la vida seguía. Había que comer y pagar la renta, así que volvió al ritmo de inmigrante recién llegado. Entre restaurantes y hoteles intentó encontrarle una nueva razón a su existencia. Aprovechó su tragedia personal para reenfocar su trabajo. No quería seguir haciendo producciones en serie, quería sentir que su obra reflejara honestidad y no respondiera a la necesidad de cubrir el mercado.

En esa búsqueda encontró un anuncio en internet en el que buscaban diseñadores para estampados de camisetas. Se presentó y de esa manera, hace cuatro años, entró al mundo de la moda. Sus ilustraciones y diseños se estampan cada temporada en las camisetas que comercializa por el mundo la empresa de Amancio Ortega, el dueño de la gran cadena de tiendas Zara y que maneja las marcas Massimo Dutti, Bershka, Next, Topshop, Basic y Stradivarius.

Leonardo trabaja para un estudio que envía los diseños a Inditex, la firma que estampa las prendas para estas marcas y que establece varios filtros para decidir cuáles diseños saldrán al mercado, puestos en una camiseta. “Casi el 90% de la producción de los diseñadores se pierde, es un poco frustrante, pero resulta divertido ver tus dibujos en la ropa de las chicas que van por la calle”.

Cada dos o tres meses salen sus diseños al mercado y apenas esto sucede, Leonardo compra las prendas y las colecciona. La totalidad de su producción es para camisetas femeninas. “En este tiempo he trabajado el cómic underground de los años 60. Me interesa enviar mensajes sociales y existenciales, incluso con algo de literatura”.

Aunque disfruta su trabajo, todavía no encuentra lo que busca. Ahora quiere dedicarse a la publicidad, pero en un ambiente más fresco y rebelde. Además, quiere meterle algo de locura a su vida y a su inspiración. “Aspiro a ser independiente, a pintar y meterme de lleno en la moda pero con diseños completamente míos, hacer performance y volver a exponer mis obras”. Está convencido de que es viable lograrlo, porque al fin y al cabo “la vida y el mundo se construyen con sueños y cuanto más altas sean las metas, más alto puedes llegar”, agrega.

Con ese misma convicción logró montar sus primeras exposiciones hace ocho años, dejando atrás el mito de que los latinos inmigrantes no pueden llegar lejos. Desde el primer día se integró a la vida artística y cultural de la ciudad, cultivó amistades y relaciones en el círculo que le interesaba y construyó una nueva existencia como un catalán más. “La mayoría de los colombianos vienen aquí a buscar mejores ingresos pero dejan su corazón en Colombia, entonces reniegan del país que los acoge y añoran volver. Se vuelven un gueto, comen solo comida colombiana, se reúnen solo con colombianos. Creo que la clave para triunfar afuera es desprenderse un poco”.

Además de ésa, le quedan ahora varias lecciones. Una de ellas es lograr que su arte sea útil, que rompa la barrera que existe entre la obra y el espectador y logre transmitir arquetipos que sean fáciles de comprender por el público. La otra es una gran habilidad para la cocina mediterránea y asiática, que se despertó durante su paso obligado por varios restaurantes. Ya no cocina por obligación, solo lo hace como chef invitado y para sus amigos.

 

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