Julieta Piñéres: " Mi oficio es bello y de mucho cuidado"

La modelo cartagenera y 10 reconocidas modelos más nos dejaron entrar en la intimidad de su profesión. Una mirada desde el backstage a una profesión que no siempre brilla bajo los reflectores, ni camina en zapatos cómodos.
Julieta Piñéres: " Mi oficio es bello y de mucho cuidado"

Es normal que cierta modestia traicione a las modelos cada vez que les preguntan si son hermosas. Julieta Piñeres no es la excepción. Tan poco segura estaba de su belleza que estudió Antropología y hasta alcanzó a hacer prácticas profesionales viajando por varias ciudades del país. Sólo entonces comprendió que podía más su pasión por el modelaje, al que le había brindado años de sacrificio a regañadientes, como negándose a que pudiera forjarse un futuro entre flashes y pasarelas.

Puede que tuviera razón. Hace 20 años era más bien difícil que una modelo ganara lo suficiente para componer una carrera. Por lo general, el modelaje era una pasión que corría paralela a otros oficios, como una afición a la que tocaba sacarle tiempo. Hoy la cosa es diferente. Las grandes agencias, incipientes e incluso inexistentes en ese entonces, no sólo crecieron y se multiplicaron, sino que lograron imprimirle al modelaje la seriedad profesional que estaba reclamando desde hace décadas. “Había mujeres muy bellas, pero sin dirección empresarial”, afirma Margarita Gómez, una de las fundadoras de INForma, de Medellín, la agencia de modelos más antigua del país, con 22 años de experiencia. Y las agencias se armaron para organizarlas, motivadas por el boom de las textileras y la aparición de Inexmoda.

Julieta fue fruto de esa nueva dinámica. Comenzó cuando tenía 17 años y casi le indignaba obedecer a las exigencias de la moda: “Me daba fastidio que me maquillaran, no quería sentir a un fotógrafo cerca de mí, no le había cogido el gusto”. No podía participar en todos los desfiles porque la Universidad le absorbía mucho tiempo, y tenía que escoger muy bien las pasarelas. Muchas veces llegaba a los castings en tenis, camiseta y jeans, y con el pelo revuelto. Pero cuando finalmente tomó la determinación de volver el modelaje una profesión, tuvo que cambiar de actitud, dejar de pelear con el trabajo, convencerse de que era bella, de que tenía buen cuerpo y de que esas cualidades eran las que debía explotar a su favor. En particular, le preocupaba la impresión de que el modelaje tuviera un tiempo muy limitado de desarrollo, pero entonces dejó atrás las dudas y se lanzó a vivir “su momento”. Así mató por fin el fantasma de no creerse modelo.

Más allá del glamur

Mucha gente cree que la hermosura garantiza el éxito y los millones. Sin embargo, en el competido mundo del modelaje algo va de una cara bonita a una celebridad. “He visto cientos de niñas lindísimas, pero pocas con la actitud que una modelo exige”, asegura Juan Carlos Arias, director de moda de La Agencia Models, una de las organizaciones tradicionales de Bogotá, con 12 años de trayectoria. “No todas las bellas lo logran. Esta es una profesión de cuerpo, mente y espíritu”.

De espíritu… para sacrificarse. Adriana Arboleda, una de las modelos más prestigiosas del país en los últimos 15 años, confiesa que su mayor dolor de cabeza han sido los horarios despiadados: “En muchas ocasiones he iniciado sesiones a las cuatro de la mañana y he terminado a las doce de la noche. Es bastante agotador porque siempre debes proyectar que estás bien. Lo bueno es que después te das cuenta de que valió la pena”. Julieta lo aprendió a la brava, a soportar los horarios, los jalones cuando se peinaba, los cortes de pelo, el maquillaje, la ropa incómoda, las fotos conceptuales en las que su rostro pasaba a un segundo plano. Supo que el modelaje no era una historia de princesas y tuvo que olvidarse de la rigidez de su temperamento. “Era fastidioso todo eso, pero debo reconocer que también era aburrido trabajar conmigo, porque nada me gustaba y me amargaba por todo”.

De mente… para saber hacia dónde dirigirse. Uno de los grandes errores que cometen las modelos nuevas es creerse el cuento demasiado pronto. “Lo peor que pueden hacer es no dejarse aconsejar –advierte Margarita Gómez–. Creen que pueden solas y, por lo general, se queman pronto”.

Y de cuerpo… para aguantar el jaleo de un oficio que no tiene compasión con el dolor. Muchas modelos, incluida Julieta Piñeres, han confesado sufrir verdaderas torturas cuando les toca desfilar con zapatos que no son de su talla, algo muy frecuente en las pasarelas. Es a lo único que no ha logrado acostumbrarse. “Aunque parezca una tontería, caminar sobre una pasarela de 40 metros con un mal par de zapatos y ante 2.000 personas mirando puede ser una pesadilla”. Los diseñadores no se preocupan porque haya zapatos de todos los números para todas las modelos. Los zapatos grandes hacen que las modelos se caigan, los zapatos pequeños, “dan ganas de llorar por el dolor en los dedos aplastados. ¡Es inhumano!”.

Hoy, sin embargo, tras nueve años como profesional, disfruta lo que hace y le saca provecho a las incomodidades. “El modelaje es una carrera en la que se empieza muy joven, pero en la que se va madurando con el tiempo. Creces y tu carrera crece en la medida en la que te entiendes a ti misma, a tu cuerpo y lo que quieres hacer en la vida. Es una carrera muy bonita, pero de mucho cuidado”.

La madurez no llega sola

Quizás porque es una profesión que puede iniciar con un golpe de vista (la intuición de un mánager que detecta una cara bonita en un restaurante, por ejemplo), en el modelaje se cumplen a cabalidad las palabras bíblicas según las cuales muchos son los llamados y pocos los escogidos. Según Irma Aristizábal, fundadora de Stock Models, una agencia con 16 años de experiencia con sede en Bogotá, a las modelos no sólo les tiene que gustar su profesión sino que tiene que haber mucho compromiso y responsabilidad. “Es el precio que se paga por ser lindas”, afirma.

Una modelo no sólo debe lidiar con las exigencias de los fotógrafos, los caprichos de los diseñadores y los compromisos de las agencias para las que trabajan. También con la imagen que proyectan en su vida privada. En el fondo, son la imagen de las marcas para las cuales posan.

Y es que, precisamente por ser lindas, muchas de las modelos en ciernes suelen ser excesivamente consentidas. “Me habría encantado que alguien me hubiera despertado para decirme que en vez de quejarme, lo aprovechara”, confiesa Julieta. Ahora sabe que ha debido dedicarse a construir un sello propio, que es lo más difícil para una modelo y lo único que le garantiza el triunfo. “Cuando empecé, siempre quería caminar como las grandes, peinarme como ellas, ser como ellas”, dice. Ahora no, ahora es una imagen de sí misma y vive mucho más relajada. “Ese es mi estilo, tranquilo, sin afanes”. Los diseñadores, por su parte, la definen como una mujer elegante, con mucho porte. Irma Aristizábal añade que su gran ventaja es que es una “modelo integral”.

Después de superar las dudas iniciales y de un largo proceso de aprendizaje en el que alcanzó su plena madurez, Julieta Piñeres se ha convertido en una de las modelos más cotizadas del país. Pero eso no quiere decir que el negocio se comporte al ritmo que quisiera. “Hay momentos en los que puedes tener mucho trabajo, en los que la gente te ve divina, y otros en las que no entiendes por qué las ofertas de trabajo escasean. Hay años en los que se pueden tener quince campañas, al otro cinco, al otro veinte”.

En todo caso, es mucho más de lo que podría aspirar una modelo hace veinte años. Colombia organiza alrededor de 10 ferias cada año, lo cual permite un fogueo y una exhibición permanentes. Y el ingreso de marcas internacionales al mercado nacional también ha aumentado el volumen de solicitudes. Las modelos de hoy pueden vivir de su profesión. No sólo las consideradas top, que según Juan Carlos Arias, de La Agencia, pueden sumar unas 30. También las demás, las que no rozan la celebridad pero que son igualmente excelentes en catálogos y pasarelas. Una modelo de alto nivel puede ganar en Colombia unos 400 millones de pesos al año. Las demás, unos 100. Una modelo, en promedio, se pone 450.000 pesos en un solo desfile. Y aunque los directores de las agencias se quejen de que las tarifas andan estancadas por cuenta de la recesión, se nota que el negocio del modelaje pasa por un buen momento. “El que diga que no gana plata, es porque no lo sabe manejar”, afirma Margarita Gómez.

La proyección internacional

Hoy las modelos colombianas son del nivel de las argentinas y las brasileñas, las más cotizadas del continente, pero no tienen la misma proyección internacional. Tal vez porque todavía falta tiempo de maduración. “Cuando yo empecé hace 14 años –dice Norma Nivia– no había tantas agencias ni tantos contactos. Yo era muy pequeña y me dio susto. Ahora las niñas de 16 son más arriesgadas”. Algo similar le ocurrió a Adriana Arboleda: “Se necesita tener esa personalidad para ir con el book debajo del brazo y abrirse camino. Yo decidí que lo mío era trabajar en Colombia, cerca de mi familia”. Julieta, por su parte, prefirió estudiar. En 2006 trabajó en México durante cuatro meses, y se fue con la expectativa de obtener más contratos, fotos más bonitas y mejores experiencias. Pero eso no sucedió, a pesar de las cinco portadas para las que posó, de la campaña que realizó para un almacén de cadena, de las ferias de moda en las que modeló. Simplemente entendió que estar en Colombia era maravilloso. “En el exterior eres una más y debes empezar de cero”, dice, aunque admite que los viajes son fundamentales para una modelo. Sólo que a ella se le pasó el momento estudiando. “Quizás he debido dejar la Universidad un año y viajar a Europa. Habría sido un sueño vivir por fuera y trabajar para diseñadores como Gimmo Etro, Stella McCartney, Gucci o Dolce & Gabbana”.

La que sí lo logró fue Jenny López, una paisa que hace años forjó su carrera en Estados Unidos y ha sido la imagen de marcas tan importantes como Clinique, L’óreal, Oil of Olay, Gap, Barneys y Mademoiselle, y portada de publicaciones como Marie Claire y Elle. Incluso, se sorprende de que no haya más colombianas buscando trabajo afuera. “No entiendo por qué no hay más niñas en las pasarelas internacionales. Conozco varias que tendrían muchísimas posibilidades de ganar mucha plata”, opina.

Claudia Lozano, Jennifer Hernández y Tuti Barrera han probado suerte en el exterior, en Oriente, en Asia, en Europa. Pero a pesar de que no les ha ido nada mal, han terminado regresando. El amor por la tierra le ha ganado a la ambición. Y también una vida más tranquila. En Colombia la competencia no es tan fuerte y, mal o bien, hay trabajo para todas. Además, como la misma Julieta lo admite, se sienten consentidas. El público y, sobre todo, las agencias, las tratan muy bien, aunque a veces haya relaciones de amor odio. “Stock Models me ha acompañado en todos los momentos de mi vida, me ha entendido, sabe qué trabajos me gustan y cuáles no, nunca me ha pedido nada que no quiera hacer, así sea la bobada más grande, me lo respetan”. Y sin embargo, tanta paternidad puede resultar inconveniente. Y las agencias se comportan como papás. “En Colombia la modelo es de una agencia y no puede ser de nadie más –asegura–, y no creo que sea necesario amarrar tanto a una persona. A veces la competencia entre las agencias es un obstáculo para las modelos”, confiesa.

A sus 27 años, ya tiene suficiente recorrido para saber cómo funciona el negocio, y cómo podría ir mejor. Está satisfecha porque el modelaje le ha dado todo lo que tiene. Y también porque ha durado mucho más de lo que ella misma esperaba cuando empezó. Muchas veces se ha preguntado cuándo debe ser el momento justo para retirarse, y ha acabado por pensar que es algo muy personal. Ha visto mujeres en la pasarela que tienen más de 30 años y se ven divinas, y otras que tienen menor edad y ya no se sienten a gusto. No sabe cuándo será su hora, porque todavía la pasa bien, pero cree que su corazón le va a decir cuando ya no esté contenta. Lo único que tiene claro es que su oficio cumple una curiosa paradoja, que a todas las mujeres sentencia: “El modelaje es una carrera larga porque se empieza joven, y corta porque se acaba muy temprano”.

Frases modelo

10 de las mujeres más reconocidas en las pasarelas nos revelaron sus vivencias en blanco y negro.

“El modelaje es más que maquillarse, posar e irse. Cuando conoces la industria asumes el trabajo con responsabilidad. Todo lo da la experiencia”.

Adriana Arboleda

“Cuando me ven sonreír en la pasarela, muchas veces enloquezco del dolor. Calzo 41 y la mayoría de las veces me traen zapatos más chicos”.

Norma nivia

“Mi dolor de cabeza en la profesión empieza cuando me enredan el pelo y me echan 30 tarros de laca, ¡es lo peor!”

Claudia Lozano

“Lo importante es estar vigente. Antes me buscaban para comerciales de jovencitas, después será para los de cremas antiarrugas”.

Tuti Barrera

“Antes pensaba retirarme a los 25 años, hoy tengo 24 y me arrepiento. Uno debe modelar `mientras lo disfrute y se divierta”.

Toya Montoya

“Los parámetros del modelaje son extremistas hacia el lado de la flacura. Los diseñadores me rechazaron muchas veces por mis curvas”.

Lina Marulanda

“Hay que aprender del rechazo. Te debes acostumbrar a que te digan 20 veces ‘no’ y 10 veces ‘sí’, eso hace que te vuelvas más competitiva”.

Jennifer Hernández

“Me habría gustado que me dieran cátedra para hacer contratos sin salir estafada y sin que me exploten”.

Juliana Vásquez

“Me enorgullezco de mi apariencia y de ser bella naturalmente. Veo el espejo como un consuelo y no como un verdugo”.

Rosa Córdoba

“Me molestan las largas horas de espera y los ensayos. Soy exigente en mi trabajo porque yo siempre soy cumplida”.

Valeria Walter.