La globalización de la moda

Esta temporada, la moda habla de globalización y toma prestadas influencias de todo el mundo. La libertad impera en las últimas colecciones. A este desfile veraniego llegan prendas bañadas con el halo étnico y romántico de África, con el exotismo de Oriente, con la felicidad de los años veinte, con la estética “hippy” de los setenta, con el exceso y la ostentosidad de los ochenta o con la sastrería refinada del minimalismo de finales del siglo XX.
La globalización de la moda

Los diseñadores juegan con los tejidos, los colores y los estampados hasta crear delicadas prendas con reminiscencias del pasado. Pero no se trata de un simple “revival”, sino de una interpretación viva, sofisticada y con un acento muy personal que se siente en cada hora del día.

Los estampados florales, los vestidos largos con mucho vuelo, los pantalones de pata de elefante, los chalecos con flecos, los echarpes de ganchillo y las sandalias y bolsos de cuero dan forma a la tendencia “hippy”, símbolo de rebeldía, de libertad.

Un sofisticado Roberto Cavalli encabeza la lista de firmas que dictan una moda espontánea, romántica, divertida, sin complejos, suave y delicada, alejada de la rigidez y el encorsetamiento.

La chaqueta “blazer”, que tanto brilló en la década de los ochenta, regresa con fuerza. Su versatilidad le ha convertido en el comodín perfecto, es la prenda estrella de la temporada.

Se lleva muy grande, tamaño XL, larga, cruzada con botones dorados y con los hombros muy marcados.  Diseñadores como Dior o Stella McCartney la combina con pantalones pitillos, con “leggings” y con delicados vestido de noche y cóctel.

La naturalidad, la ausencia de artificios y las líneas limpias que imperaron en la década de los noventa, se vuelve a poner de manifiesto. Como entonces, los diseñadores americanos Donna Karan, Calvin Kevin, Michael Kors y Ralph Lauren evitan marcar la silueta de la mujer con creaciones verticales de enorme movimiento y mucha caída.

A esta tendencia minimalista que resuelve la nueva feminidad se unen diseñadores como Alberta Ferreti, Narciso Rodríaguez, Jil Sander y Sonia Rykiel con lánguidos vestidos en seda blanca, beige, verde agua, azul noche, gris plomizo o rosa empolvado. La sencillez y la simplicidad se tornan modernas.

Las plumas, las lentejuelas, los flecos y la pasamanería bailan al compás del vestido “charlestón”, un icono de los frenéticos bailes de los años veinte. Mientras que Anna Sui lo rememora  con el típico corte a la cadera, lentejuelas y delicadas plumas, John Galliano, para la casa Dior, lo actualiza con aplicaciones metálicas en tonos dorados y plateados.  

África y Asia en todo su esplendor

La estética africana coloniza de nuevo los escaparates de todo el mundo. Los estampados felinos y de pitón se mezclan con los tonos tierra, los marrones, los verdes y los beiges. 

La sahariana, creada por el gurú de la moda Yves Saint Laurent en 1968,  es la máxima expresión de esta tendencia. Creadores como Michael Kors, Zac Posen, Loewe o Versace la presentan en manga larga o corta, con o sin cinturón y en tejidos como el algodón, el lino, la napa o el cuero.

Frescos, ligeros y muy cómodos, los vestidos camiseros de grandes solapas con cinturón, como los que lucía una espléndida Merly Streep junto a Robert Redford en el filme “Memorias de África”, se convierte en una prenda todoterreno, en un básico veraniego.

Firmas como Hermes, Missoni, Prada y Alexander McQueen dan la bienvenida a China y Japón con vestidos tipo kimono, volúmenes en las mangas y cinturas muy marcadas.

Sus colecciones hacen un guiño al país del sol naciente con delicadas siluetas, riquísimos brocados y sedas estampadas que transforman a la mujer en una elegante princesa.

Los saris indios, los kaftanes y  las túnicas, prendas de origen milenario, se encargan de recrear todo el colorido del lejano Oriente. Este “look”queda reservado para ocasiones en la que se exige ir muy vestida, especialmente para la noche. El resultado es fantástico, si como complemento se escogen collares, pulseras y cinturones “maxi”.

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