La moda de lo andrógino

La mezcla de prendas masculinas y femeninas regresa para convertirse en la tendencia del 2010.
La moda de lo andrógino

El término unisex, que significa adecuado o destinado tanto para los hombres como para las mujeres, es el punto de partida de la moda andrógina, tendencia que, sin grandes trasformaciones, esta temporada recobra protagonismo. 

La moda andrógina, que mezcla prendas masculinas y femeninas hasta difuminar su frontera, no pretende ni disfrazar el sexo de cada cual, ni renunciar a la feminidad, sino jugar con la ambigüedad y presentar impecables y elegantes trajes de chaqueta, soberbios esmóquines y camisetas y pantalones ceñidos.   

Si echamos la vista atrás, la historia de la indumentaria unisex se remonta a la época en la que Coco Chanel rompió con la estricta y encorsetada indumentaria femenina y diseñó prendas sencillas, de líneas rectas con tejidos y patrones masculinos.

Trasgresora e innovadora, la dama de la costura propició la liberación de la mujer acortando faldas, pero sobre todo creando pantalones sastres realmente cómodos, prendas que hasta ese momento eran de uso exclusivo de los hombres.

PATRIMONIO FEMENINO

En la década de los treinta, los norteamericanos rescataron los "jeans" para vestirse los fines de semana y disfrutar jornadas de asueto en el campo. Esa imagen bucólica y campestre fue inmortalizada en la portada de la prestigiosa revista “Vogue”, donde espectaculares modelos posaron con típicas camisas de cuadros, pantalones de “denim”, pañuelo al cuello y botas de motar.

Su popularidad convierte a los 2jeans" en una prenda “unisex”, y la mujer, sin recelo alguno, rápidamente los incorpora a su vestuario habitual, adoptando así una imagen un tanto masculina.

Ante esas incorporaciones de prendas varoniles al armario femenino, en la década de los 60, cantantes de música rock como David Bowie y Mick Jagger se atrevieron a coquetear con prendas femeninas –camisetas y pantalones ceñidos- y lucieron una estética andrógina, un tanto osada.

Corrían tiempos de renovación y el diseñador francés de origen italiano Pierre Cardin, conocido por sus diseños vanguardistas, de formas geométricas y de inspiración espacial, también quiso experimentar con la moda unisex, pero no obtuvo los resultados que se propuso.

Fue el modisto Yves Saint Laurent quien dio un paso definitivo cuando convirtió prendas tan varoniles como la sahariana y el esmoquin en patrimonio femenino. Posteriormente, en los noventa, Giorgio Armani jugó con la ambigüedad y subió a la pasarela pantalones masculinos conjuntados con camisetas blancas de corte marino, propuestas que servían para vestir a ambos sexos.   Ante el éxito, la diseñadora Donna Karan realizó una colección sin ornamentación alguna, limpia, con piezas cómodas y con patrones varoniles que dio origen al minimalismo, tendencia que se refugió en la máxima “menos es más” y que la sociedad neoyorquina acogió con entusiasmo y calificó de elegantísima.   El minimalismo demandaba modelos delgadas, sin curvas, de caderas estrechas, con poca cintura,  hombros anchos, facciones angulosas, cuerpos fibrosos, en definitiva de apariencia andrógina.

Kate Moss o Stella Tennant fueron algunas de las modelos que reunían esas características. La maniquí inglesa Twiggy fue su antecesora treinta años antes, que rompió los tradicionales cánones de belleza femenina con su frágil anatomía, su cabello corto y su rostro de eterna adolescencia.

MACULINO CON ALMA FEMENINA

Ausencia de estampados, paleta de colores neutros, cortes rectos, pureza de líneas, tejidos naturales, austeridad y sobriedad son algunas de las características de la tendencia andrógina.

Los diseños, que prescinden de adornos y detalles, se centran en la combinación bicolor y armonizan prendas con rayas diplomáticas. Los modistos como Stella Mccartney, Frida Giannini, Gucci, Hermes o David Delfín otorgan ciertas libertades a la rigidez de los patrones masculinos hasta conseguir piezas femeninas de alma varonil.

“Blazer” largo, pantalón con pinzas o recto, camisa básica blanca de botones, cardigan, jerseys de cuello alto, traje de chaqueta, camiseta, chaleco, corbata, gemelos y zapatos planos de cordón son prendas propias de esta tendencia tan elegante como austera.

“Ahora se impone tomar prestado de la pareja el vaquero, la americana y la camiseta de tirantes. Estas prendas adquieren tintes femeninos, si la chaqueta se ajusta a la cintura con un cinturón de cuero fino y se recogen las mangas hasta el codo. Este “look” cobra mayor protagonismo, si se luce con tacones importantes, largos collares, pañuelos anudados al cuello y brazaletes”, explica la estilista Pepa Fernández.

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