«De chiquita era tan fea tan fea, que no me explico» Toya Montoya

Esta bella samaria, protagonista de las principales pasarelas de la moda en el país, fue la gran ganadora de los Premios Cromos de la moda 2009. Una mujer con buena espalda.
La Toya Montoya: “de chiquita era tan fea tan fea, que no me explico”

 

Resguardada tras un par de gafas oscuras que le cubren la mitad de la cara, la Toya Montoya aguarda en la sala de espera del aeropuerto El Dorado, de Bogotá, para abordar el vuelo de Aires que la llevará a Cartagena, la última escala de un año agitadísimo durante el cual hizo sonar su nombre en Colombia quizás como nunca antes. No es que quiera pasar inadvertida, sino que la noche anterior celebró su cumpleaños número 25 con una rumba extendida, y la noche le pasó la cuenta…

Era una fiesta merecida. Luego de años de intermitencia profesional durante los cuales viajó por México y por España, se enamoró y hasta se dio el lujo de hacer un reality para televisión, la Toya había prometido que este año se iba a concentrar en el modelaje. Y lo cumplió con creces. No sólo obtuvo dos grandes contratos, uno con las firmas Onda de Mar y el otro con Studio F, sino que se paseó por las más importantes pasarelas colombianas de moda ganándose los aplausos del público y la admiración de los diseñadores. Al final de un año sin respiro, el jurado de los Premios Cromos de la Moda la eligió como la Mejor modelo de 2009.

“Es la modelo del momento –dice Chencho Piñeres–. Tiene la belleza que necesita cualquier diseñador”. Toya, quien en realidad se llama María Victoria, nunca imaginó que alguien llegara a opinar eso de ella. A decir verdad, jamás pensó que se convertiría en modelo. “Yo era tan fea, tan fea, que no me explico”, dice, y luego se ríe con la carcajada franca de los samarios. Tan poco creía en sí misma como modelo que, una vez metida en el asunto, aseguró que a los 25 años se retiraría. “Sí, lo dije, pero por supuesto tuve que arrepentirme. Ya no puedo seguir diciendo nada. Lo único que sé es que este ha sido mi mejor año y que no pienso retirarme en mucho tiempo”.

Toya vuelve a reír. Tira frases desinhibidas y frescas sobre sí misma, sobre sus propias contradicciones, frases que adorna con una muletilla, con un ‘ah’ final que no se sabe si es pregunta o admiración, pero con el que quiere decir que ha terminado de responder. “La belleza no es tan importante en una modelo, es mucho más importante la actitud, ¡ah!”.

Y tiene razón. No es que ella no sea hermosa. Sus rasgos, el color de la piel y de sus ojos, su figura libre de cirugías están muy cerca de los parámetros perfectos que los diseñadores buscan. Sin embargo, ha sido su actitud la que ha marcado la diferencia en las pasarelas. “Uno tiene que creer que es bueno, muy bueno, y reflejarlo, pero no es necesario ser lindo. Una modelo debe, sobre todo, saber llevar lo que tiene puesto”.

El estilista Álex Ospina, curtido en desfiles y pasarelas, no escatima elogios para la Toya: “Aparte de tener un físico impresionante, con ángulos increíbles, ella es una mujer latina sofisticada. La perfecta proporción de su cuerpo y rostro se ajustan a todo tipo de campañas, pasarelas, alta costura. Tiene un look muy particular y eso la hace especial”. Irma Aristizábal, directora de la agencia Stock Models, agrega: “Es una de las modelos más apreciadas por lo diseñadores a la hora de elegirlas para sus pasarelas”.

Toya insiste en que de joven no había posibilidad de ser modelo, pero por esas razones que sólo la vanidad comprende comenzó a desfilar en los certámenes del colegio hasta que una vez, por pedido de Hernán Zajar, debutó en serio en una pasarela de moda, a los 16 años. Pero tampoco se comió el cuento. Una vez graduada del colegio, estudió Publicidad en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en Bogotá, y si se decidió por el modelaje fue porque los ingresos iban a ser mayores. Quizás por eso fue que vaticinó que se retiraría pronto, para empezar a ejercer su profesión. Pero le ha ido tan bien en el modelaje que la Publicidad tendrá que esperar.

En 2007 participó en La isla de los famosos, la aventura maya, y a sus aptitudes de modelo le sumó la popularidad.

Un gran número de colegas suyas han terminado de actrices o de presentadoras. La Toya no ha sido la excepción. Durante el más reciente Concurso Nacional de Belleza tuvo una primera experiencia frente a las cámaras como presentadora del Noticiero CM& y quedó descrestada. “En la primera toma casi me muero del pánico, pero al tercer día ya estaba entrenada. Me encantó ser presentadora, tanto que estoy haciendo un curso que espero terminar pronto para pedir trabajo”.

En cambio, la actuación no le gusta. “Me han llamado una y mil veces a que por lo menos participe en una audición, pero no he aceptado. Uno tiene que saber para qué es bueno, y yo no me veo como actriz, ¿ah?”.

Lo que sí aceptó, después de meses de insistencia, fue a posar desnuda para una sesión de fotos para la revista SoHo. Toya admite que le gusta más posar que desfilar y que, además, era una oferta muy tentadora porque el escenario era las islas Galápagos, que siempre había querido visitar. “Ha sido la sesión de fotos más difícil de mi vida –confiesa Toya–. A la desnudez, que no era en un estudio sino en una selva, había que sumarle la incomodidad de las poses para que se viera muy natural sin que alcanzara a mostrar nada. Fue duro pero fue una experiencia espectacular”.

El primer día, mientras escogían los escenarios, surgió la oportunidad de tomar fotos con una típica tortuga de Galápagos, un animal tan enorme como un ser humano. “Tenía mucho susto. A pesar de que uno sepa que no es sino una tortuga, es estremecedor. Yo aguanté tres obturaciones. Cuando ese animal abrió los ojos, salí corriendo del miedo”. Aun así, esa corta secuencia fue suficiente para que Toya apareciera, en la portada de una edición especial dedicada a la ecología, así de campante, cara a cara con una tortuga de su propio tamaño”.

Ha sido su primer desnudo, pero ¿habrá más? “Ya no puedo decir ni sí ni no –admite, y vuelve a reír–. Antes de esa sesión no imaginaba posar desnuda… Todo dependerá de qué tan interesante sea la oferta y de si me voy a sentir cómoda y feliz. En ese momento, decidiré”.

Una de sus cualidades, que a veces puede parecer un defecto, es la honestidad con la que la Toya asume su vida. No puede recibir instrucciones de nadie si esas instrucciones no tienen alguna coherencia con sus propósitos. No puede aceptar un trabajo si ese trabajo no la hace feliz. “Yo no pienso en la plata sino en mi satisfacción. Dicen que la fama lo vuelve a uno loco, pero yo he sido loca desde siempre”.

No atiende, por ejemplo, consejos sobre las dietas. “Las dietas dañan el metabolismo. Lo mejor es aprender a comer, así no tienes problemas. Yo como muy bien entre semana y los fines de semana me desordeno, me doy mis gustos”, afirma. En cambio, sigue al pie de la letra el único consejo que le cabía a su carácter: “No sigas a nadie, sé como tú crees que debes ser”.

Ama su profesión, pero eso no quiere decir que no haya momentos de cansancio. “Me agobia la espera. Siempre hay que esperar, y a veces mucho más de lo que uno puede soportar. Duras un día entero preparándote para un desfile de 15 minutos. Claro que a veces esos 15 minutos lo compensan”.

Son gajes del oficio que la Toya espera combinar el próximo año con un programa de televisión. Es su más reciente obsesión, la meta que se ha clavado entre ceja y ceja, y que está empeñada en cumplir. Por eso, aunque ría cuando lo pronuncia, sabe que lo dice en serio: “Si no soy presentadora en televisión, me pongo a llorar”.

 

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