Toby Setton, el primer diseñador colombiano

Fue el primero en crear sus telas, montar una fábrica, exhibir sus prendas y venderlas por tallas.
Toby Setton, el primer diseñador colombiano

Para entender por qué Toby Setton revolucionó la moda en Colombia, hay que remontarse a la Colombia de finales de los años 50. En esa época, las mujeres que querían estar a la moda iban donde la costurera y le mostraban la revista de la pasada colección que alguna amiga había traído de París y Nueva York, para mandar hacer el vestido que soñaban. Las que tenían más recursos (eran muy pocas) traían la ropa de Europa o Estados Unidos.

La industria textil, muy desarrollada en Medellín, organizaba desfiles para mostrar sus telas, pero no había creaciones propias, sino adaptaciones de las colecciones foráneas que servían, sobre todo, para promocionar las novedades en sus productos.

Toby Setton fue el primero en establecer una fábrica de ropa. Iba al exterior y, en lugar de copiar las colecciones pasadas, estudiaba para dónde iba la tendencia. Como la importación de telas era muy cerrada, él mismo las diseñaba y creaba sus prendas. Fue el primero en poner su nombre en una marquilla, en exhibir las prendas en hermosos y amplios almacenes y en traer al país el concepto de prêt-à-porter (ropa lista para llevar). Además montaba dos o tres desfiles al año con sus propias colecciones.

Fueron muchas las innovaciones de este joven y apuesto cartagenero. María Eugenia Vieira, una amiga de la época, recuerda que estableció su primera fábrica en Barranquilla. “Era preciosa, tenía muchas y excelentes costureras, y máquinas industriales; montó una organización muy buena para ventas y distribución. Lo mejor era la atención personalizada. Él siempre estaba pendiente de tener personas que supieran atender a sus clientes, y le recomendaba a cada persona las prendas y el color que debía usar. Todo lo vendía por tallaje, en esa época nada de eso existía”.

Los recuerdos que evocan quienes lo conocieron son unánimes en cuanto a su buen gusto y su amor por la belleza y la estética. Él mismo era una muestra de ello. Así lo describe Marlene Henríquez, una de las primeras modelos que lució su ropa y, según los entendidos, su primera musa: “De piel aceituna, ojos grises-verdes, cabellera espesa y canosa, elegante en sus maneras e impecable en el vestir y siempre con una sonrisa adorable. Era un sibarita con mucho estilo”.

Gloria Valencia de Castaño, su mejor amiga y compañera de aventuras, dice que Toby era “carismático y original hasta en su manera de vestir. Nunca usó medias en clima frío, tampoco corbata. Siempre iba de camisa denim y, en Bogotá, chaqueta de gamuza. Idéntico a Ralph Lauren. En los setenta los confundían en Nueva York cuando los dos se encontraban en las pasarelas”.

Gloria Valencia era una autoridad en la moda cuando Toby incursionó con sus ideas revolucionarias en el clóset de las colombianas. Ella vio su nacimiento y su ascenso, porque cubrió cada uno de sus desfiles (desde el primero, en 1960 en el Hotel del Prado de Barranquilla, hasta el último, en 1996, con Claudia Schiffer, quien lució uno de sus esmóquines que se llevó muy orgullosa para París) y vistió su ropa desde el momento en que se conocieron. Y le hizo también la primera entrevista para su programa Adelante con la moda. Así quedó consignado el inicio de su brillante carrera:

“Empecé comprando una máquina de coser para hacerles blusas a mis hermanas. Desde que me acuerdo quise coser. Después comenzaron a llegar las amigas de mi hermana mayor, me pedían más y más cosas. Luego implementé los tres pasos que terminaban detrás de la cortina: primero las recibía en la sala, les mostraba revistas y cuadernos de moda traídos de Miami; luego les daba una cita y les aconsejaba el vestido de acuerdo con el cuerpo y la edad; y finalmente me enfrentaba conmigo mismo detrás de la cortina. Ahí había instalado mi taller, la máquina, la mesa de cortar y dibujar y unas hojas de papel periódico para el patronaje. Ahí empezó todo”.

Su visión lo llevó a salir de su taller para buscar inspiración en los grandes almacenes y fábricas del mundo. Él mismo explicó su proceso creativo a la revista CROMOS en 1985:

“Yo voy palpando los cambios desde un año atrás y me inspiro agregando cierta información adicional. Además me arriesgo a producir telas a priori, previendo estos cambios. Si logro acertar en un 80% me doy por satisfecho. Las formas o siluetas se presienten. De acuerdo con ese presentimiento me imagino previamente las telas para cada temporada. Sé que no es la mejor manera de hacer negocios, pero así gozo con mi trabajo y me identifico con mi personalidad. Si no inventara las telas me volvería uno más del montón”.

Toby llegó a la cumbre con su marca Jackson’s Fashions en los setenta. Y según pudo concluir Lila Ochoa en su libro Colombia es moda, la fábrica alcanzó a tener 1.350 metros de área, 300 operarias y produjo 25.000 prendas mensuales. En el departamento de diseño tenía 11 expertas bajo su estricta supervisión.

Con esta infraestructura abrió la primera exportación de moda colombiana cuando, según cuenta Gloria Valencia, eso era impensable: “Anunciaba en The New York Times su ropa vendida en Saks de la Quinta Avenida”.

Además, formó a decenas de personas en Colombia. Una de sus pupilas, Silvia Tcherassi, lo recuerda con aprecio porque estuvo pendiente de su evolución y la llenó de consejos que le han servido en su exitosa carrera. “Él era el Calvin Klein o el Ralph Lauren de nuestro país; eran creadores con mucho talento y visión empresarial”.

También fueron muy originales sus desfiles especiales para la prensa dos o tres veces al año. Tony Márquez, recién llegado de São Paulo en los años ochenta, dice que era muy fácil trabajar con él porque era exigente y divertido, pero tenía muy claro su estilo. “Lo más difícil era conseguir modelos porque no eran profesionales”.

Las pocas mujeres que paseaban por las pasarelas en aquella época se peleaban por desfilar con él, por su prestigio y por el buen trato que les prodigaba. Aseneth Trujillo, una de las que trabajó más tiempo con Toby, asegura que era exigente en el casting: “En esa época las modelos no eran tan ganchos, éramos más rellenitas y la ropa nos quedaba más puesta. Él no tenía un prototipo especial, podíamos ser trigueñas, morenas o rubias, lo que exigía era estatura. Él mismo nos medía con su metro y la más bajita era de 1,73”.

Pocas veces se sentaba a ver el desfile, prefería estar pendiente de cada accesorio, de los zapatos. Cada pasarela era impecable. Una de sus últimas musas fue María Cecilia Botero, de quien solía decir que era la mujer que siempre había soñado vestir. “Recuerdo que me insistía en que todo lo que me ponía me quedaba bien”.

El declive de este visionario comenzó en los 90. Según Lila Ochoa, “los bancos empezaron a calificar la industria de la moda como negocio de alto riesgo y limitaron los créditos. Las importaciones se hicieron cada vez más difíciles para Toby, quien negociaba cartas de crédito por más de 120.000 dólares, esos préstamos se redujeron, lo que le ocasionó todo tipo de trastornos en la producción”.

Poco a poco, sumido en una profunda tristeza, Toby tuvo que empezar a cerrar uno a uno sus almacenes, primero en Bogotá y luego en otras ciudades del país. En el año 2000 murió de cáncer en Barranquilla.

Casi 50 años después, los expertos se atreven a señalar cuáles fueron los secretos de su éxito. Olga Vieira, una diseñadora que trabajó para Coltejer, dice que tenía una estética moderna, que todo el mundo podía usar. Era impecable en la selección del color y la silueta era muy comercial. Además fue un ejemplo de organización y de venta”.

Gloria Valencia enumera varios hits de Toby: “El vestido multiusos, que era una chaqueta perfectamente cortada, entallada al cuerpo, una falda larga y debajo un body, los primeros del mercado con forma de camisa; sus pantalones, los mejor cortados de la historia; y el manejo de su imagen: dirigía los comerciales, contrataba las modelos y sus boutiques eran como las de cualquier capital primermundista”.

Sin duda, un ejemplo magnífico para la oleada de diseñadores nacionales que estallaría en la última década del siglo XX y que serviría, gracias a Toby Setton, para que la moda colombiana despegara de una vez por todas.

 

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