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Vivir en Londres a punta de propinas

Esta paisa estudió ingeniería química en la Universidad de Antioquia y no dudó un minuto en cruzar el océano para cumplir su sueño de estudiar inglés.

Foto: cortesía.

Mi novio y yo estudiamos Ingeniería en la Universidad de Antioquia. Nos graduamos en el 2008 y durante ocho años trabajamos en Medellín. 
En el 2016, él se ganó una beca para hacer una maestría en Londres y yo no dudé en irme con él a estudiar inglés.
Pedimos una licencia no remunerada por un año en nuestros trabajos y a los dos nos dijeron que sí. Vendimos el carro y con esa plata pagamos mi curso, los gastos de la maestría y los tiquetes para llegar a Londres. Nos faltaba ver cómo nos las arreglaríamos para costear todo lo demás, en una de las ciudades más caras del mundo. 

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Él se fue un mes antes y consiguió un cuarto dónde vivíamos los dos con otras ocho personas. Todas eran de nacionalidades distintas. 

Al principio fue muy duro. Una libra esterlina costaba en ese momento cinco mil pesos, así que todo nos parecía carísimo. Pero finalmente conseguimos trabajo: mi novio como operador de informática en un colegio y yo como mesera en un bar. 
Como no sabía inglés, al principio no entendía bien qué era lo que me pedían, pero al mes ya me defendía. Trabajaba hasta las 2:00 de la mañana, pero tenía dos días libres a la semana que usábamos para viajar a lugares cercanos. Ni siquiera me pagaban el mínimo, pero las propinas eran tan altas que prácticamente ganaba lo mismo que un ingeniero en Londres. 

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Cuando se acercaba el regreso a Colombia, renuncié a mi trabajo y viajamos más de un mes. Durante nuestra estadía en Inglaterra conocimos 13 países. 

Dejar Londres fue difícil.  Uno empieza a arraigarse a los lugares donde es feliz y en Inglaterra vivimos experiencias que hoy ponen la nostalgia a trabajar. Por eso, aprovechamos la visa hasta el último día. 
El regreso, sin embargo, fue grato. Anhelábamos encontrarnos con nuestras familias, con nuestros amigos y volver a nuestros trabajos, meserear no es la labor más agradable. 

Después de volver, en la empresa se abrió una vacante en un puesto que siempre soñé ocupar. El requisito era hablar inglés, así que me presenté y fui seleccionada.

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Mariana Muñoz

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