Una mamá racional y una hija emocional comparten su secreto de éxito

Ellas son Lila Ochoa y Ana María Londoño, la directora y editora de moda de la revista Fucsia. Madre e hija conformando el equipo ideal.
Una mamá racional y una hija emocional comparten su secreto de éxito

Lila Ochoa, la directora de la revista Fucsia, es una jefe exigente. Carga con la virtud y el defecto de ser perfeccionista. Quienes trabajan a su lado han luchado para llegar allí. Por eso, hace muchos años, cuando Ana María Londoño, su hija, tuvo la oportunidad de participar en la creación de SoHo –las dos revistas hacen parte de Publicaciones Semana– solo se lo permitió con la condición de que lo hiciera sin recibir un sueldo, de lo contrario se habría sentido culpable de nepotismo y para ella, ante todo, está el mérito.

Ana María cedió a las condiciones de su mamá por un tiempo, pero después se fue del país y estuvo lejos por más de diez años. Cuando regresó, luego de graduarse como diseñadora de modas y de ganar experiencia en el medio, Lila le propuso que se convirtiera en la editora de moda de la revista. A ella le encantó la idea y desde ese momento trabajan juntas. «Admiro mucho su consagración, su creatividad y su entusiasmo –dice la madre acerca de su hija–. Ha sido una experiencia maravillosa y enriquecedora».

Lila decidió trabajar con su hija cuando supo que era la persona idónea para el cargo, pero adaptarse a esa relación laboral no fue fácil. «Mi mamá es brava y muy estricta –asegura Ana María–; no tomarlo como algo personal fue difícil». Y para Lila tampoco era cómodo: «Tenía que cuidarme de que no hubiera preferencias y de manejar con diplomacia la rivalidad que suele surgir en la oficina. Su participación implicó que abriera mi mirada».  

Muy pronto supieron manejar las complicaciones de esa hazaña que es trabajar con la familia. «Ella me da independencia, confianza y flexibilidad. Yo estoy mucho tiempo fuera de la oficina y esa separación ayuda, como en los matrimonios», explica Ana María entre risas. Ahora son un gran equipo: la mamá es la racional, la que se encarga de los textos y de los asuntos económicos; la hija es la emocional, la que se encarga de los asuntos creativos y artísticos. «Ella me centra –agrega Ana María–, mientras que yo la enloquezco para que no sea tan cuadriculada. Nos complementamos y ha sido una experiencia increíble».