En Dinamarca surge una nueva ola de #MeToo

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En el país escandinavo miles de mujeres denuncian el sexismo omnipresente, hostigamientos y comportamientos fuera de lugar, lo que llevó a un jefe de partido a renunciar por importunar a una colega tocándole el muslo.

Morten Østergaard, jefe del partido social-liberal, autoproclamado ejemplo de la lucha contra el sexismo, renunció a su puesto el miércoles por la noche.

La razón fue su tentativa fracasada de ocultar que importunó a una colega poniéndole una mano en su muslo hace unos diez años.

“Morten se excusó y lo perdoné. El problema no es lo que pasó sino la gestión del caso (...) Lo que es importante para mi es que la cultura cambia”, escribió en Facebook Lotte Rod, que antes había revelado el incidente del que fue víctima sin nombrar a la persona.

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En 2017, en pleno auge de #MeToo, varias mujeres denunciaron hostigamientos, especialmente en los medios culturales daneses, pero el movimiento no despegó entonces.

“Se tenía la idea de que era un asunto ligado a las minorías, algo que no era verdaderamente +danés+. Y el tratamiento mediático era del orden del debate de ideas”, dice Camilla Møhring Reestorff, de la universidad de Aarhus.

Esta vez es diferente.

Justicia social

Hoy, la cantidad de testimonios, desde médicas en la universidad hasta la industria musical, ha sido como una bola de nieve, dice Christian Groes, antropóloga de la Universidad de Roskilde.

“Cada vez más mujeres de un variado número de sectores comparten su experiencia, lo que engendra un efecto dominó y facilita a la gente tomar consciencia de la necesidad de un cambio colectivo. En 2017-2018, era un debate pero ahora es un movimiento de justicia social”, señala este especialista del estudio de género.

¿Por qué esta lentitud? Tal vez a causa de la ambivalencia de los daneses respecto al feminismo en un país donde la igualdad entre los sexos tiene valor de canon, dice Møhring Reestorff.

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En 2019, un estudio internacional realizado por YouGov mostraba que solo un danés de seis se consideraba feminista, contra de una persona de dos en su vecina Suecia.

“Vivimos con la idea de ser un país progresista, libre e igualitario. Lo que nos hace volver un poco ciegos ante el sexismo”, dice la investigadora.

En septiembre, el ministro de la Paridad Mogens Jensen afirmó en Twitter que quiere “terminar con el acoso sexual en el trabajo”, tras el testimonio en directo de una animadora de televisión.

La animadora, Sofie Linde, sorprendió al público de una gala televisada al contar más de 12 años después de los hechos, como un alto responsable de la televisión pública le propuso favorecer su carrera a cambio de una felación.

Unas 1.600 mujeres le escribieron cartas de apoyo, denunciando que todas sufren de sexismo en un momento de su carrera.

“Tenemos claramente necesidad de cambiar de cultura. No hemos logrado crear relaciones de trabajo paritarias. Vamos a cambiar eso y esto comienza ahora”, aseguró en Instagram la Primera ministra Mette Frederiksen.

La dirigente socialdemócrata reiteró su confianza a su ministro de Relaciones exteriores, Jeppe Kofod, quien reconoció en 2008 que tuvo una relación sexual con una adolescente de 15 años en un acto en el partido.

Este funcionario que ahora tiene 46 años, renunció temporalmente a sus responsabilidades luego de calificar lo que hizo de “falta de juicio” y de ser una “relación moralmente inconveniente”.

El ministro presentó de nuevo sus excusas.

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